Chile quiere profundizar su integración con la Argentina y ve en Vaca Muerta y la infraestructura portuaria del Pacífico una de las principales oportunidades para construir una asociación económica de largo plazo. Una semana después del viaje relámpago del presidente Javier Milei al país vecino y la bilateral con José Antonio Kast, el embajador de aquel país en la Argentina, Gonzalo Uriarte, planteó un esquema de intercambios que profundizaría los lazos económicos y comerciales entre ambas naciones.
El objetivo no pasa solamente por comprar gas argentino: Santiago imagina un esquema que permita utilizar sus puertos, agregar valor a los hidrocarburos y proyectar esa producción hacia terceros mercados. Incluso Uriarte piensa en el potencial minero de Chile y cómo puede apuntalar el desarrollo en la cara opuesta de los Andes a partir de la modificación a la Ley de Glaciares, donde la Argentina extrae apenas una décima parte de lo que procesan en su país.
Así lo planteó el embajador de Chile en la Argentina, Gonzalo Uriarte, durante una presentación ante el Rotary Club, en el Hotel Libertador, donde repasó la agenda bilateral y puso especial énfasis en energía, minería, inversiones e infraestructura fronteriza.
Uriarte contó que ya sobrevoló Vaca Muerta en varias oportunidades, visitó YPF y llevó al canciller chileno a conocer el desarrollo energético argentino. También narró que la responsable de Minería en su país ya había viajado en varias oportunidades a la Argentina. Según el diplomático y exlegislador, la complementariedad resulta evidente: de un lado está el gas y, del otro, una infraestructura portuaria que podría ser utilizada para darle salida internacional.
La propuesta coincide con uno de los planteos centrales de su exposición que giró en torno al concepto de integración. El diplomático sostuvo que el excedente de gas argentino debería llegar a Chile y planteó incluso la posibilidad de transformarlo en GNL para posteriormente exportarlo utilizando terminales chilenas. De igual modo, describió que el excedente eléctrico en el norte de su país podría ser de utilidad para aquella región de la Argentina.
En las respuestas posteriores avanzó un paso más y enumeró distintas instalaciones portuarias de su país que podrían participar de ese esquema. El concepto es que Argentina aporte el recurso energético y Chile infraestructura y acceso al Pacífico, en una asociación que permita al Cono Sur mejorar su capacidad para competir en los mercados internacionales.
La estrategia excede a Vaca Muerta. Uriarte sostuvo que la misma lógica de complementariedad podría trasladarse a la minería y a otras cadenas productivas, con el desarrollo de corredores, pasos fronterizos y una infraestructura común capaz de reducir costos logísticos. Puso como ejemplos las conexiones con ferrocarriles a baja altura en los países nórdicos o las rutas a través de los fiordos.
El embajador ya había dedicado buena parte de su exposición a las dificultades que genera el tránsito actual. De ahí que hiciera hincapié en las complicaciones para el flujo de camiones que atraviesa la frontera, los problemas que ocasionan los cierres por nieve y la necesidad de avanzar hacia nuevas obras y más y mejores pasos.
También reclamó modernizar los controles aduaneros mediante sistemas biométricos, códigos QR e indicadores que permitan medir cuánto demora un transportista en cruzar la frontera. El objetivo, sostuvo, debería ser reducir no solamente los tiempos sino también el costo que un paso cerrado genera sobre toda la cadena logística.
Pero la infraestructura no es la única condición. Uriarte colocó a la seguridad jurídica como uno de los pilares centrales para que la nueva etapa pueda consolidarse. Al ser consultado tras su disertación, definió esa seguridad de manera concreta: que aquello que se acuerda efectivamente se cumpla. Según explicó, el mundo empresarial y los negocios funcionan sobre la confianza y la buena fe, y la expectativa de que un compromiso pueda incumplirse tiene consecuencias directas sobre las decisiones de inversión.
El punto tiene un antecedente sensible en la relación bilateral: los cortes de suministro de gas argentino que sufrió Chile. Uriarte recordó lo que el costo que aquella experiencia significó para su país, aunque destacó que los actores económicos fueron capaces posteriormente de reconstruir los vínculos. De hecho, en la exposición inicial ya había hecho referencia a esa experiencia al reclamar certeza jurídica para volver a pensar una verdadera integración gasífera sin temor a repetir episodios del pasado.
Ese nuevo escenario también comienza, según el diplomático, a reflejarse en las decisiones de inversión. Uriarte reconoció que la relación bilateral muestra hoy un desequilibrio entre los capitales chilenos radicados en la Argentina y la inversión argentina en Chile, pero aseguró que las condiciones comenzaron a modificarse.
El embajador afirmó que inversores chilenos que durante los últimos años dirigieron capital hacia mercados como Perú y Brasil están nuevamente mirando a la Argentina con interés. No dio cifras ni identificó compañías, pero presentó ese movimiento como una señal de recuperación de la confianza.
También vinculó la integración con beneficios concretos para ambos lados de la Cordillera: energía más barata para los consumidores chilenos, incremento del comercio y generación de empleo y nuevos polos productivos en la Argentina. Mencionó especialmente el potencial de provincias como Neuquén, Mendoza, San Juan, Salta y Jujuy.
Malvinas y el Estrecho de Magallanes: las líneas rojas de la relación
La agenda económica quedó, sin embargo, atravesada por dos cuestiones de soberanía que los gobiernos buscaron dejar expresamente delimitadas: las Islas Malvinas y el Estrecho de Magallanes. De hecho, formó parte de la mesa de trabajo entre Milei y Kast cuando coincidieron, junto a sus cancilleres, en una bilateral la semana pasada.
Uriarte destacó que ambos gobiernos reconocieron la plena vigencia del Tratado de Límites de 1881 y del Tratado de Paz y Amistad de 1984, instrumentos que establecen la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes.
En paralelo, Chile reiteró su respaldo a los derechos soberanos argentinos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, y volvió a plantear la necesidad de que Buenos Aires y Londres retomen las negociaciones para alcanzar una solución pacífica y definitiva conforme a las resoluciones de Naciones Unidas.
Para Uriarte, despejar esas cuestiones resulta precisamente una condición para avanzar con el resto de la agenda. Su planteo es que una vez reconocidas las sensibilidades y establecidas las líneas rojas de cada país, ambos gobiernos pueden concentrarse en generar valor conjunto.
La Cordillera, resumió durante su exposición, debería dejar de ser vista exclusivamente como una frontera y convertirse en una plataforma de oportunidades. El desafío ahora es que esa integración pueda sobrevivir a los actuales gobiernos.
Uriarte sostuvo que para lograrlo será necesario involucrar a empresas, inversores e instituciones de ambos países y convertir la relación económica en algo más estable que un entendimiento entre presidentes.