Al compás de las recientes señales de apertura comercial del Mercosur, tras sellar su histórico acuerdo con la Unión Europea, y en simultáneo con las gestiones del gobierno de Javier Milei para lograr beneficios arancelarios con los Estados Unidos, Canadá se posiciona como un socio clave.
Un reciente diálogo entre el presidente argentino y el primer ministro canadiense, Mark Carney reavió el entusiasmo por un socio con el que se establecieron las primeras relaciones comerciales en 1940.
“El Mercosur es un bloque económico y comercial con un valor de más de 4 billones de dólares. Hoy hablé con el presidente Javier Milei sobre los recientes avances hacia el acuerdo comercial Canadá-Mercosur, y sobre cómo Canadá y Argentina pueden profundizar su asociación en minería, energía y defensa”, destacó el mandatario.
El objetivo es doble para el ministro de Economía, Luis Caputo: apuntalar la tracción del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) para captar capitales frescos y, al mismo tiempo, generar canales directos que multipliquen las exportaciones de los sectores más competitivos del país.
Tras haber sido lanzadas por primera vez en 2018 y suspendidas posteriormente en 2021, la mesa de diálogo se reabrió formalmente en octubre del año pasado con la meta clara de cerrar el proceso de negociación durante este año para luego avanzar en su promulgación legislativa.
“Tras la entrada en vigor del acuerdo Mercosur–Unión Europea, el bloque buscó acelerar una agenda de negociaciones comerciales que durante años estuvo prácticamente frenada", señaló Marisa Bircher, analista de Comercio Internacional y destacó que Canadá es hoy el frente más avanzado.
El acuerdo no se limita a una baja de aranceles, aclaró la exsecretaria de Comercio Exterior durante el gobierno de Mauricio Macri. “También incluye reglas sobre propiedad intelectual, medidas sanitarias y fitosanitarias, obstáculos técnicos al comercio, reglas de origen, servicios, compras públicas y desarrollo sostenible” que, buscan dar más previsibilidad al comercio y a las inversiones bilaterales.
El mapa de la inversión
El entendimiento político está fuertemente respaldado por los números de los flujos de capital. En 2025, la inversión de capitales canadienses en la Argentina alcanzó un máximo histórico, registrando un notable incremento del 57% al consolidar los últimos dos años.
Este desembarco de capitales está liderado de forma contundente por el sector extractivo. En el marco de la estabilización macroeconómica y en conjunto con la implementación del RIGI, Canadá se consolidó como el segundo inversor más importante para la minería en la Argentina, ubicándose únicamente detrás de los Países Bajos.
Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, los desembolsos en la minería local crecieron un 10% en 2025 y acumulan un alza del 60% en los últimos dos años.
En 2017, las inversiones en minería representaban cerca del 20% del total de los capitales canadienses en el país. Ocho años más tarde, en 2025, ese número trepó de forma espectacular hasta representar más del 64% de la inversión canadiense en Argentina.
Sin embargo, el interés canadiense trasciende la cordillera. A través de instituciones de desarrollo financiero como FinDev Canada, el país del norte concretó su primer préstamo en Argentina mediante un crédito multisectorial a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), además de haber aportado financiamiento a la firma Genneia, demostrando que el agro y la energía también son destinos relevantes para sus fondos.
El comercio en recuperación
En números, el vínculo comercial “tiene margen para crecer”, afirmó Bircher y agregó que “la recuperación reciente muestra una oportunidad para recomponer la relación.
Según INDEC, las exportaciones argentinas a Canadá alcanzaron cerca de u$s 1300 millones en 2025, todavía lejos del pico de 2011, cuando llegaron a u$s 2300 millones.
En 2025, la agroindustria explicó cerca del 45% de las exportaciones argentinas a Canadá, frente al 8% que representaba en 2011. Allí aparecen oportunidades en vinos, frutas y hortalizas, aceites, legumbres, carnes y productos pesqueros, puntualizó la directora de Biglobal.
El informe de la BCR detalla que desde el máximo valor exportado (2011) la tendencia exportadora fue fundamentalmente descendente hasta tocar un piso mínimo en 2022.
A partir de dicho año, la tendencia se revirtió gracias al incremento en los despachos de oro, plata y aceite de soja.
El repunte de este último producto llevó a un crecimiento notable en la participación de la agroindustria dentro del comercio bilateral; la exportación de vinos, se mantuvo como una constante acumulando despachos por más de u$s 700 millones en los últimos diez años.
De cara al futuro tratado de libre comercio, la Cancillería argentina ya identificó oportunidades concretas para ampliar el comercio bilateral en hortalizas, legumbres y carne, entre otros productos agroindustriales.
Por el lado de las importaciones, Canadá se mantiene como un socio estratégico indispensable para el entramado tecnológico local.
Por un lado, es un gran abastecedor de insumos para la energía nuclear, participando en la construcción y desarrollo de la Central Nuclear Embalse en Córdoba. Desde allí se importan insumos de hierro, compresores de gases, aviones y medicamentos, entre otros productos.
La consolidación de este acuerdo llega en el momento de mayor dinamismo bilateral en décadas.
De concretarse el tratado, la Argentina obtendría acceso preferencial a un mercado que ronda los 40 millones de consumidores de alto poder adquisitivo, al tiempo que consolidaría a Canadá como un socio estratégico clave para el financiamiento de las fuerzas productivas del país.