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La conversación sobre eficiencia energética estuvo asociada casi exclusivamente a la incorporación de fuentes renovables durante años. Sin embargo, el verdadero cambio comienza mucho antes: en la capacidad de entender cómo, cuándo y dónde se consume la energía. Esa información, que hasta hace poco permanecía oculta para la mayoría de las organizaciones, hoy se convirtió en uno de los activos más valiosos para reducir costos, mejorar la operación y avanzar hacia modelos más sostenibles.

La transformación no ocurre únicamente en las grandes centrales eléctricas o en los parques solares. También sucede dentro de oficinas, plantas industriales, hospitales, hoteles, centros logísticos, centros de datos y edificios corporativos, donde la convergencia entre electrificación, automatización, software e inteligencia artificial está modificando la forma en que las empresas administran uno de sus recursos más estratégicos: la energía.

En términos reales, Cristian Lagos, Director de Negocios de Schneider Electric, destaca que aplicar estas tecnologías de medición y anticipación de datos permite generar un ahorro concreto de entre el 20% y el 30% en el consumo de una instalación.

Cristian Lagos, Director de Negocios de Schneider Electric
Cristian Lagos, Director de Negocios de Schneider Electric

La energía deja de ser un costo fijo para convertirse en una variable estratégica

Durante décadas, la gestión energética tuvo un enfoque reactivo. Las empresas conocían cuánto habían consumido cuando recibían la factura y recién entonces analizaban posibles acciones de ahorro. Ese modelo ofrecía pocas herramientas para intervenir sobre el consumo y limitaba la capacidad de planificación.

La digitalización cambia esa lógica. Gracias a sensores, plataformas de monitoreo y sistemas de automatización, hoy es posible conocer en tiempo real qué equipos consumen más energía, identificar picos de demanda, detectar desvíos y optimizar el funcionamiento de una instalación mientras está operando.

El resultado es una gestión mucho más eficiente. La energía deja de verse únicamente como un gasto operativo y pasa a ser una variable que puede optimizarse de manera constante, con impacto directo sobre la rentabilidad y la competitividad de las organizaciones.

Además, disponer de información detallada facilita la planificación de inversiones.

La eficiencia energética, el primer paso de la transición

Cuando se habla de transición energética, suele ponerse el foco en la incorporación de energías renovables. Distintos especialistas coinciden en que el primer paso consiste en consumir mejor la energía disponible.

Para dimensionar este desafío, Lagos advierte que a nivel global alrededor del 60% de la energía transmitida se pierde o no se utiliza bien. Reducir consumos innecesarios no solo disminuye costos. También permite reducir emisiones de carbono, aliviar la demanda sobre las redes eléctricas y aprovechar de forma más eficiente la infraestructura existente.

Por eso, la eficiencia energética aparece como una de las herramientas más rápidas y accesibles para avanzar en los objetivos de descarbonización. Para ilustrar este punto, Lagos es categórico respecto a dónde se debe poner el foco: “Si logramos hacer eficiencia en edificios que ya tienen instalaciones viejas y trabajamos fuertemente en la actualización tecnológica de esos edificios, vamos a obtener mayores beneficios y mayor impacto que pensar en energías verdes solamente”.

Cristian Lagos, Director de Negocios de Schneider Electric
Cristian Lagos, Director de Negocios de Schneider Electric

De hecho, el ejecutivo detalla que modernizar estas infraestructuras obsoletas puede generar un impacto de entre el 60% y el 70% en términos de mejora en las instalaciones.

En otras palabras, la energía más sostenible sigue siendo aquella que no necesita consumirse. Esa premisa gana cada vez más protagonismo en empresas que buscan combinar crecimiento con una operación ambientalmente responsable.

Los datos se convierten en decisiones

Uno de los mayores cambios que introduce la digitalización es la posibilidad de transformar datos técnicos en información útil para la gestión.

“Todo lo que uno no mide o no controla, no lo puede hacer más eficiente”, resumió Lagos.

Hasta hace algunos años, gran parte del consumo energético permanecía invisible. Era difícil determinar qué procesos generaban mayores pérdidas o cuáles eran los momentos de mayor demanda. Hoy, las plataformas digitales permiten visualizar esa información mediante tableros de control, indicadores y reportes que facilitan la toma de decisiones.

La inteligencia artificial lleva la eficiencia a un nuevo nivel

La incorporación de inteligencia artificial profundiza esa evolución. Si el monitoreo permite entender lo que ocurre, la IA agrega la capacidad de anticipar lo que puede suceder.

Los algoritmos analizan grandes volúmenes de información para detectar patrones de consumo, identificar anomalías y predecir comportamientos futuros. Esto permite actuar antes de que aparezcan fallas, evitar consumos innecesarios y optimizar el funcionamiento de sistemas críticos como climatización, iluminación o distribución eléctrica.

Sin embargo, para que esta tecnología alcance su potencial, existe un requisito innegociable. Lagos advierte que la IA requiere de una rigurosa “curaduría de datos”. “Cuando uno no mide o no tiene esa historia previa, aunque tenga inteligencia artificial va a trabajar con datos erróneos o analógicos”, explica. “Por este motivo, la digitalización y medición previas son obligatorias; alimentar al sistema con información defectuosa puede llevar a que la inteligencia artificial cometa errores al momento de tomar decisiones.”

El edificio deja de funcionar de manera aislada

En este nuevo escenario, un edificio no solo consume energía: también puede gestionarla, almacenarla e incluso interactuar con la red eléctrica para mejorar la estabilidad del sistema.

Este enfoque abre la puerta a nuevas formas de administrar la infraestructura urbana e industrial, con mayor flexibilidad para responder a cambios en la demanda y aprovechar mejor las distintas fuentes de energía disponibles.

En el plano local, esta transformación ya está en marcha. Schneider Electric impulsa esta transición apoyada en una presencia de más de 40 años en Argentina, con más de 500 empleados, una planta industrial y una red de más de 700 partners en todo el país que integran, implementan y brindan soporte a soluciones de electrificación, automatización industrial, edificios inteligentes, infraestructura crítica y gestión energética para empresas de múltiples sectores.

A nivel urbano, la adopción de estas tecnologías avanza con fuerza en nuevos desarrollos inmobiliarios, edificios corporativos y proyectos de usos mixtos, donde la eficiencia energética ya forma parte de las decisiones de diseño desde las primeras etapas. La incorporación de sistemas inteligentes de gestión permite optimizar el consumo de climatización, iluminación, distribución eléctrica y otros servicios críticos, mejorando la experiencia de los usuarios y reduciendo tanto los costos operativos como la huella ambiental de los edificios durante toda su vida útil. En este segmento, Schneider Electric trabaja junto a Argentina Green Building Council (AGBC), impulsando estándares que promueven construcciones más eficientes, resilientes y preparadas para responder a las exigencias energéticas del futuro.

El cambio trasciende a Buenos Aires. Lagos sostiene que uno de los mayores desafíos -y al mismo tiempo una de las mayores oportunidades- se encuentra en la Patagonia, donde el crecimiento de Vaca Muerta está acelerando la demanda de infraestructura eléctrica e industrial de última generación. La expansión de la actividad de petróleo y gas no convencional requiere redes más robustas, sistemas de automatización, soluciones para garantizar la continuidad operativa y herramientas digitales capaces de gestionar instalaciones cada vez más complejas y de alto consumo energético. En ese contexto, la eficiencia deja de ser únicamente una cuestión de sustentabilidad para convertirse en un factor clave de competitividad, productividad y confiabilidad para una de las industrias que hoy impulsa el crecimiento económico del país.