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El modelo económico del gobierno libertario consiguió la estabilización de algunos índices vitales para la economía nacional. Esos logros son admitidos por especialistas que, al mismo tiempo, ponen el ojo en algunas variables que generan dudas.
En ese grupo pueden ubicarse dos de renombre. El primero es el exministro de Economía, Domingo Cavallo, y el segundo, Osvaldo Giordano, ex funcionario de la administración nacional y presidente de Ieral-Fundación Mediterránea.
El debate sobre la sostenibilidad tiene un contexto particular: La mejora de calificación crediticia que recibió Argentina por parte de Fitch Ratings fue leída por el Gobierno como una señal positiva, pero el mercado todavía mantiene una dosis importante de cautela y el riesgo país continúa arriba de los 500 puntos.
Si bien su nueva nota ubica al país junto a otros que tienen un limitado acceso a los mercados de deuda y/o bonos bastante ilíquidos, ese horizonte parece aun lejano para la Casa Rosada.
La opinión de Cavallo
El padre de la Convertibilidad ha mantenido -con diversos matices- críticas a los preceptos económicos del gobierno libertario durante estos dos años.
Hace menos de una semana, había tenido un cruce directo con el ministro de Economía, Luis Caputo, por el futuro del “cepo”. Esa discusión terminó con la publicación de un video de una datación bastante lejana en el que se puede ver a Cavallo y a Javier Milei coincidiendo en el diagnóstico.
Volviendo a la actualidad, el ministro estrella de los 90 volvió a insistir en el formato. Esta vez, colgó una intervención del “mediterráneo” Osvaldo Giordano analizando la actualidad.
“Junto con el último artículo de Jorge Vasconcellos en la revista Novedades de la Fundación Mediterránea, (y la Giordano) son las mejores opiniones que he escuchado sobre la situación económica actual”, señaló Cavallo.
Qué dice Giordano
“Frente a visiones muy polarizadas, hay cosas que nunca se dieron, muy positivas como el equilibrio fiscal, o la integración al mundo, que son capitales muy importantes. Pero hay otras que merecen ocupación y preocupación: la economía que no termina de despegar, que está estancada desde febrero del año pasado", señaló el exfuncionario nacional.
De eso se derivan problemas, afirma Giordano, que son muy importantes más allá de que se “subestimen” en el discurso.
“Una economía que no se acelera, tiene un impacto sobre la situación social y eso, más temprano que tarde, tiene impacto sobre el modelo económico. Con una economía estancada, la recaudación se resiente y hace mucho más difícil sostener el principal pilar que es equilibrio fiscal”, dijo.
Para Giordano, eso se ve “en las cuentas nacionales, donde son más estrechos los números y más grandes los esfuerzos”.
En su diagnóstico, añade que más allá de reformas necesarias, como una tributaria, el gobierno debiera apostar a recrear la economía a través de la expansión del crédito, como sucedió en 2024.
“Con estas tasas de interés, es difícil que funcione como un factor de reactivación. Pero Argentina tiene mucho para crecer en ese sentido”, dijo.
El mercado todavía cree en Milei
Pese a las dudas financieras, existe un punto donde el consenso del mercado sigue siendo sólido: la convicción de que el Gobierno mantendrá el superávit fiscal.
Eso quedó reflejado incluso en el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, donde ninguno de los 45 participantes proyectó un superávit primario inferior a los $9 billones.
Mientras las proyecciones sobre inflación, dólar o actividad económica muestran fuertes diferencias entre economistas, el equilibrio fiscal aparece hoy como la principal ancla de credibilidad del programa económico de Javier Milei.
El mercado puede discutir el ritmo de desinflación, el atraso cambiario, o la recuperación económica, pero no parece descreer de la voluntad oficial de sostener la motosierra.
Esa percepción ayuda a explicar parte del comportamiento reciente de los activos financieros argentinos. Aunque persisten dudas sobre variables clave y el escenario internacional continúa volátil, el ajuste fiscal sigue siendo leído como el núcleo más sólido del programa económico oficial.
Cuánto debe caer el Riesgo País
En ese sentido, cuando el gobierno dio a conocer un fuerte recorte en los números públicos a comienzos de mayo, el riesgo país cayó a 496 puntos durante una jornada. Un buen síntoma desde la perspectiva de los mercados, pero lejano de un horizonte deseable como pueden ser los 400 puntos.
La consultora de Guzmán es más explícita: “Si la tasa de referencia permanece en los niveles actuales el riesgo país argentino deberá disminuir al menos en unos 150 pbs adicionales para poder emitir deuda en el mercado internacional a una tasa que no comprometa la sostenibilidad de la misma en el tiempo".
El problema: la recaudación sigue cayendo
El interrogante empieza a aparecer por otro lado: la capacidad de sostener ese superávit exclusivamente mediante recortes.
Un informe reciente de una aseguradora de riesgo advirtió que la recaudación tributaria acumuló una baja real del 6,7% en el primer cuatrimestre del año y señaló que “crecen las dudas sobre la sostenibilidad del superávit, dado que el equilibrio descansa casi exclusivamente en el recorte de gasto y no en la recuperación de ingresos”.
Otros reportes bursátiles ya hablan además de nueve caídas interanuales consecutivas en la recaudación real, en un contexto donde la actividad económica todavía muestra señales mixtas y el consumo sigue sin recuperar plenamente.
La caída del IVA y de la coparticipación federal también empezó a impactar sobre las provincias.
En diálogo con El Cronista, el titular de ARBA, Cristian Girard, sostuvo que el ajuste genera “un círculo vicioso” donde la caída de la actividad termina afectando los ingresos fiscales.
“La caída de la actividad se traduce en una disminución de la recaudación. El objetivo de generar un resultado fiscal positivo a través de la reducción del gasto llega a un punto donde tenés que volver a recortar porque te cayeron los ingresos”, afirmó.
La motosierra entra en una nueva etapa
En las últimas semanas, el Gobierno profundizó recortes sobre distintas partidas presupuestarias vinculadas a salud, educación, ciencia, subsidios, infraestructura, y programas sociales.
Los ajustes incluyeron reducciones en transferencias sanitarias, programas educativos, financiamiento científico y fondos destinados a empresas públicas y subsidios energéticos.
La discusión económica empieza así a entrar en otra etapa: ya no se debate solamente la velocidad del ajuste, sino también cuáles son los límites políticos, sociales y económicos para seguir profundizándolo.
El mercado acompaña, pero todavía ve fragilidades
Pese a todo, el escenario financiero argentino muestra señales más estables que durante los momentos más críticos de 2024.
El Tesoro logró recientemente un rollover superior al 110% en pesos, colocó deuda adicional en dólares y el Banco Central aprobó ganancias récord por $34,3 billones, que serán utilizadas en parte para recomprar Letras Intransferibles y mejorar el balance de la entidad.
Para el Gobierno, esa ingeniería financiera ayuda a fortalecer la hoja de balance del BCRA y reducir parte de la deuda intraestatal acumulada durante los últimos años.
Sin embargo, los inversores todavía ven vulnerabilidades importantes. Distintos reportes financieros advierten que cerca del 60% de la liquidez de los hogares permanece colocada en instrumentos de cortísimo plazo, algo que podría acelerar una dolarización rápida si reaparecen tensiones cambiarias o crecen las dudas sobre el programa económico.
La pregunta que empieza a hacerse Wall Street
La gran diferencia respecto de otras experiencias argentinas recientes es que el mercado todavía no duda de la decisión política de Javier Milei de sostener el equilibrio fiscal.
La pregunta que empieza a aparecer es otra.
Qué ocurrirá si la actividad económica no termina de recuperarse, la recaudación sigue cayendo, las reservas continúan bajo presión, y el ajuste necesita avanzar sobre partidas cada vez más sensibles.
El programa económico logró estabilizar variables que durante años funcionaron como detonantes de crisis inmediatas. Pero Wall Street todavía observa otra discusión más profunda: si el equilibrio fiscal basado casi exclusivamente en recortes podrá sostenerse en el tiempo sin una recuperación más firme de reservas, crédito y recaudación.