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Aunque el campo argentino se encamina hacia otra campaña de altos volúmenes y promete un ingreso de u$s 36.000 millones, los cambios en las reglas de la economía exigen nuevas estrategias; en un escenario internacional con precios a la baja aparecen ganadores y perdedores.

Con valores de los granos más ajustados, costos todavía elevados y un sistema financiero más exigente, el sector atraviesa una reconfiguración.

En ese escenario, la ganadería aparece como el negocio mejor posicionado, mientras que soja y girasol ganan atractivo frente a cultivos más demandantes de insumos, como el maíz y el trigo.

“El ganador número uno es el que tiene un campo mixto donde puede producir maíz y convertirlo en carne”, resume Fernando Bazán, analista del sector agropecuario.

Según explica, la integración entre agricultura y ganadería permite capturar valor agregado dentro del propio establecimiento, reducir costos logísticos y comerciales y mejorar los márgenes en un contexto donde la rentabilidad agrícola está cada vez más ajustada.

La ganadería toma la delantera

Desde ADBlick coinciden con ese diagnóstico. Francisco de Zabaleta, líder de Ganadería de la compañía, sostiene que el mercado atraviesa un momento de firmeza pocas veces visto en los últimos años.

“Se observan precios de hacienda históricamente altos, sostenidos por una oferta de terneros que viene cayendo desde hace varios años y una demanda de exportación que sigue firme”, explicó.

A esto se suma un contexto favorable para la suplementación gracias a los costos relativamente competitivos de las pasturas y del maíz, lo que permite terminar animales con mejores pesos y calidad.

La prohibición de importación de fertilizantes químicos en Sri Lanka en 2021 provocó una crisis económica.

Sin embargo, advierte que los buenos resultados ya no están garantizados simplemente por participar del negocio.

“El margen depende de cómo se gestiona la eficiencia en cada etapa del ciclo y de la capacidad de leer en qué momento conviene entrar con cada categoría de hacienda”, señala.

Soja y girasol ganan espacio

En agricultura, la soja vuelve a posicionarse entre los cultivos más atractivos.

Según Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, la cosecha está prácticamente finalizada y los rindes resultaron mejores a los esperados.

La producción podría cerrar entre uno y dos millones de toneladas por encima de las estimaciones iniciales, consolidando una muy buena campaña para el principal complejo exportador argentino.

Ese buen desempeño productivo se combina con una mejora relativa en la ecuación económica del cultivo.

Bazán considera que una eventual reducción de las retenciones podría impulsar una nueva etapa de "sojización", especialmente en los campos alquilados, que representan cerca del 70% de la superficie sembrada del país.

Sin embargo, desde ADBlick creen que el fenómeno no se limitará únicamente a la oleaginosa. “Las rotaciones se están reconfigurando, pero no sólo hacia la soja. También hacia el girasol”, explicó Esteban Romero, gerente de Producción de ADBlick Granos.

La razón es económica. Los aceites mantienen una buena valorización y tanto soja como girasol requieren menores niveles de fertilización que las gramíneas.

“La relación insumo-producto de trigo y maíz es hoy desfavorable y eso va a impactar sobre el área sembrada”, agregó.

El maíz resiste con buenos rindes

Paradójicamente, el cultivo que enfrenta mayores desafíos económicos muestra un desempeño productivo destacado.

Romano destaca que el maíz tardío presenta muy buenas perspectivas en gran parte del país, aunque la cosecha avanza lentamente debido a los elevados niveles de humedad del grano.

Las lluvias recientes y la posibilidad de un año asociado al fenómeno de “El Niño” podrían extender la recolección incluso hasta septiembre.

Las mejores condiciones se observan en el norte de Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán y Salta, mientras que el oeste bonaerense también muestra rindes muy favorables.

La excepción es el sudeste de Buenos Aires, donde la falta de precipitaciones durante momentos críticos del verano afectó el potencial productivo.

Aun así, el balance general del cultivo sigue siendo positivo. “No hay dudas de que será una muy buena campaña”, resumió Romano.

Sin embargo, desde el punto de vista económico, el maíz enfrenta una competencia creciente frente a cultivos con menores costos de implantación y menor presión tributaria.

Trigo: clima ideal, pero dudas por la tecnología aplicada

La campaña fina comenzó con un escenario climático casi perfecto. Las lluvias acumuladas durante los últimos meses permitieron arrancar la siembra de trigo con perfiles de humedad excelentes y un ritmo de implantación récord, reflejan los analistas.

No obstante, la ecuación económica vuelve a aparecer como condicionante.

Fuente: Shutterstock
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Cuando los productores tomaron las decisiones de siembra, los fertilizantes mostraban valores elevados, lo que llevó a muchos a reducir la inversión tecnológica.

Aunque posteriormente la urea retrocedió, también cayó el precio del cereal.

Según Romano, esto podría limitar parte del potencial productivo, aunque las recientes mejoras climáticas y el alivio en algunos costos podrían evitar una caída significativa del área sembrada.

Con rindes normales y un eventual escenario Niño durante la primavera, la producción podría ubicarse en torno a los 20 millones de toneladas.

El nuevo diferencial: las finanzas

Más allá de los cultivos, los especialistas coinciden en que el principal cambio del negocio agropecuario está ocurriendo fuera del campo.

Bazán sostiene que el área financiera pasó a ocupar un lugar central dentro de las empresas.

La desaparición de las tasas reales negativas, el endurecimiento del crédito y la necesidad de administrar cada punto de rentabilidad hacen que hoy una buena estrategia financiera pueda marcar la diferencia entre ganar o perder dinero.

La preocupación no es menor. Mientras la Argentina se encamina hacia una nueva cosecha de gran volumen y una importante generación de divisas, los balances empresariales podrían no reflejar el mismo resultado.

Para Bazán, el principal problema que enfrenta hoy el productor no es la producción, sino la falta de flujo de fondos.

Según explica, buena parte del sector está sosteniendo su operatoria mediante líneas de financiamiento de corto plazo tomadas durante exposiciones como Expoagro y Agroactiva.

“Hoy lo que más sufre el productor es el bajo flujo de fondos. Se está paliando con créditos de corto plazo para capital de trabajo y pago de alquileres”, alertó.

El analista aclaró que todavía no existe un proceso generalizado de descapitalización, pero adviertió sobre una tendencia preocupante.

“No llegás a una descapitalización, pero vas camino a eso, porque vivís para pagar crédito”, resumió.

Desde ADBlick muestran una visión algo más optimista y consideran que, salvo eventos climáticos adversos, no debería registrarse una campaña generalizada de pérdidas. Sin embargo, coinciden en que el productor deberá afinar cada decisión de inversión, financiamiento y comercialización.

Nuevos ganadores, más exigencias

De las distintas miradas, surge que la ganadería integrada aparece hoy como el negocio más sólido del agro argentino.

También ganan protagonismo los productores que diversifican cultivos y regiones, aquellos que encuentran oportunidades en soja y girasol y quienes logran combinar eficiencia productiva con una gestión financiera profesional.

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Pese al alivio fiscal que el sector le reconoce al gobierno de Javier Milei, aseguran que otros aspectos se han vuelto más “exigentes” y demandan mayor esfuerzo al productor.

Por eso, en sintonía, los analistas señalan que la diferencia entre ganar y perder se define cada vez más en la administración de los costos, el flujo de caja y el acceso al financiamiento.

En consecuencia, los problemas de liquidez ya se reflejan en las decisiones de compra de los productores. Según explicó Bazan, en campañas anteriores a esta altura del año ya estaba adquirida la mayor parte de la urea y de otros insumos como herbicidas, insecticidas y semillas. Hoy, en cambio, predomina una compra mucho más escalonada. “Con suerte, está adquirido entre el 30% y el 35% de la urea”, señaló.

En paralelo, indicó que “la presencia de crédito puede mitigar el problema en el corto y mediano plazo, pero la sábana sigue siendo corta”.

El nuevo escenario macroeconómico restringió el acceso a pesos y volvió más exigente el crédito para quienes no tienen una carpeta financiera sólida, señaló.