En un contexto en el que la inflación se encuentra estancada en torno al 2% mensual y el poder adquisitivo no repunta, existe un rubro que no figura en los tickets del supermercado, pero que drena los ingresos de las familias mes a mes.
Se trata de la “economía del fastidio”, un concepto que engloba los costos invisibles derivados de la burocracia, las ineficiencias del sistema financiero y el tiempo extra que exige vivir en una economía desordenada.
Frente a esto, un relevamiento de la consultora Focus Market analizó cómo opera este “gasto oculto” y determinó que le cuesta a cada hogar un promedio de $ 23.912 por mes. Si este dato se proyecta de forma anual, el costo asciende a $ 286.944.
¿Qué es la economía del fastidio?
Según explica el informe, el concepto fue acuñado por los economistas Chad Maisel y Neale Mahoney en un informe publicado en 2025 por Groundwork Collaborative. El término describe la suma de pequeños gastos y pérdidas de tiempo que el consumidor asume para sortear obstáculos puestos por el Estado o el mercado.
“Son costos que no generan ningún bienestar, sino que son el resultado de un sistema que no funciona de manera fluida”, explica el informe, e ilustra: “Desde el mantenimiento de una cuenta bancaria que no se usa hasta el tiempo que se pierde comparando precios porque no hay referencia de valor”.
Lo definen como el “conjunto de costos que los consumidores pagan en tiempo, dinero e irritación para navegar su vida cotidiana”.
Horas de espera con atención al cliente, tarifas sorpresa que aparecen en el último paso del checkout, suscripciones que se renuevan solas a precios que nadie recordaba, trámites diseñados para agotar antes que para resolver. Además, no se trata solo de ineficiencia, ya que muchas de estas prácticas son deliberadas.
“El consumidor posterga decisiones, las empresas absorben ineficiencias y el humor social se deteriora. El desafío no es sólo estabilizar variables macroeconómicas, sino reducir la carga de incertidumbre y complejidad que atraviesa la vida diaria”, explica el director de la consultora.
“Porque, cuando el fastidio se vuelve estructural, también se transforma en un costo económico”, insiste.
El gasto del fastidio: cómo se componen los $ 24.000 del impuesto “invisible”
El informe identifica tres pilares fundamentales donde se fuga el dinero de los hogares:
Costos financieros y micro-impuestos
Incluye desde las comisiones por mantenimiento de cuentas y tarjetas hasta el Impuesto a los Sellos en los resúmenes de tarjeta de crédito o las tasas de percepción por transferencias.
Burocracia y logística
Se trata del costo de trámites que requieren certificaciones, legalizaciones o traslados innecesarios. También entra en esta categoría el sobrecosto de logística y delivery que, en muchos casos, es el precio que se paga por la falta de tiempo o la inseguridad.
El “costo de búsqueda” por inflación
Según apunta la consultora, este punto es el más difícil de medir, pero el más presente. Ante la dispersión de precios, los consumidores gastan horas extra de su semana recorriendo distintos puntos de venta para encontrar una oferta o un precio razonable. Ese tiempo tiene un valor económico que el informe monetiza dentro de los casi $ 24.000 mensuales.
El impacto en la economía
De acuerdo con el informe, este fenómeno no solo afecta el consumo, sino también la productividad general de la economía. Al dedicar tiempo y recursos a resolver “fastidios” administrativos o económicos, se restan horas a la formación, al trabajo o al ocio.
“En una economía moderna, el fastidio debería tender a cero. En la Argentina, la inestabilidad macroeconómica y la sobre-regulación han convertido al fastidio en un rubro más de la canasta básica”, agregó Di Pace.