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El Gobierno de Javier Milei busca transformar al sector nuclear en un nuevo motor exportador de la economía, en un contexto global de “renacer nuclear” impulsado por la creciente demanda energética producto de la inteligencia artificial. La estrategia apunta a pasar de un esquema centrado en lo estatal a uno con foco comercial, con potencial de atraer inversiones millonarias y generar divisas a partir de bienes y servicios de alto valor agregado.

El cambio de enfoque es central en la nueva agenda. Desde la Secretaría de Asuntos Nucleares, que encabeza Federico Ramos Nápoli, buscan posicionar al sector como un jugador global. “Buscamos que el sector nuclear se transforme en un sector de la economía que exporte bienes y servicios que hoy el mundo está ávido por comprar”, señaló el funcionario en diálogo con Ahora Energía.

El Gobierno avanza con el proceso de privatización parcial de NASA.

Ramos Nápoli participó el mes pasado de la jornada de inversión Argentina Week en Estados Unidos. Allí detectó un interés activo de firmas privadas por integrarse en las cadenas de valor de la minería, el ciclo de combustible y las aplicaciones medicinales.

Sobre el interés de Estados Unidos, indicó: “Argentina tiene uno de los mejores ecosistemas nucleares desarrollados en Latinoamérica. Puede para participar de cadenas de valor en Estados Unidos que sí tiene una necesidad concreta de reactivar plantas nucleares. También podemos brindar productos y servicios que forman parte de la cadena de suministro”.

Energía de base y oportunidad global

Hoy, la energía nuclear representa entre el 8% y 9% de la matriz energética argentina, pero cumple un rol clave como energía de base: funciona de manera constante, con costos operativos relativamente bajos, y permite estabilizar el sistema eléctrico frente a otras fuentes más volátiles. Ese atributo explica el renovado interés global y abre una ventana de oportunidad para países con capacidades desarrolladas como Argentina.

En ese contexto, el Gobierno apunta a convertir a la empresa Nucleoeléctrica en un exportador de servicios de ingeniería, operación y mantenimiento de centrales nucleares. El objetivo es capitalizar la experiencia acumulada —como la extensión de vida de Embalse— y posicionarse en la región. “El desafío que tenemos es establecer y desarrollar esa unidad de negocios y posicionar a NASA como la primera opción en Latinoamérica”, explicó Ramos Nápoli.

Otro de los vectores de crecimiento está en los productos de alto valor agregado. El reactor multipropósito RA-10, previsto para entrar en operación hacia fines de 2025, permitiría producir radioisótopos y realizar dopaje de silicio, insumos con fuerte demanda global. “Tiene una viabilidad comercial enorme que hasta ahora Argentina nunca había desarrollado el know-how para llegar al cliente final y eso es lo que estamos tratando de hacer”, afirmó el funcionario.

La estrategia oficial también incluye redefinir el rol de Dioxitex. La empresa, dedicada a procesar uranio, busca reconvertirse hacia la producción de insumos con mayor demanda internacional, como el hexafluoruro de uranio, clave para el abastecimiento de reactores que requieren combustible enriquecido. De hecho, la compañía estadounidense Nano Energy le presentó al Gobierno un proyecto RIGI para invertir u$s 200 millones en finalizar la planta de Dioxitek en Formosa.

“El UO2 (dióxido de uranio) que produciría la planta de Formosa no tiene un mercado internacional establecido... nosotros lo que hicimos fue repensar cómo esa planta puede solucionar un problema de esta cadena de suministro”, agregó.

Inversiones, privatización y desafíos pendientes

En paralelo, el Gobierno avanza con la privatización de Nucleoeléctrica Argentina. El esquema prevé la venta de hasta el 44% del capital, manteniendo el control estatal. Este año saldrá el pliego de la licitación, anticipó Juan Martín Campos, presidente de NASA, en Ahora Energía. Entre los objetivos de la incorporación de un privado se destaca la necesidad de financiar una nueva central nuclear, cuando para el 2038 Atucha finalice su vida útil. “NASA necesita encontrar un socio estratégico porque la construcción de un nuevo reactor puede costar hasta u$s 9000 millones”, agregó Campos.

La minería de uranio aparece como otro eje clave. Aunque tiene el recurso bajo tierra, Argentina no produce desde 1997 y depende de importaciones para abastecer sus centrales. El Gobierno busca revertir esta situación incentivando la inversión privada, con herramientas como el RIGI. “El estado no debería participar como quien mina, pero sí generar las condiciones para la inversión, y ahí el RIGI es una herramienta fundamental para que eso sea vehiculizado”, explicó el funcionario. Podrían venirse RIGIs de uranio, anticipó.

Al mismo tiempo, la nueva gestión revisa proyectos en curso. El CAREM 25, el reactor modular argentino, está actualmente en pausa para evaluar su viabilidad técnica y económica, tras más de una década de desarrollo y una inversión estatal de alrededor de u$s 600 millones. “Actualmente el proyecto o la construcción de ese reactor se encuentra en pausa porque se están llevando a cabo tareas de reingeniería necesarias para verificar si lo que se está construyendo efectivamente tiene hipótesis de funcionamiento”, indicó Campos.

El rediseño institucional también incluye fuertes críticas a la gestión previa de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Desde el Gobierno sostienen que se avanzó en múltiples proyectos sin financiamiento asegurado, lo que derivó en demoras y deterioro de las capacidades técnicas. “Realmente fue utilizado como un aguantadero de la política. Se puso cuatro o cinco proyectos en simultáneo que no podía afrontar; no existía hipótesis alguna en la cual existiesen los fondos para afrontarlos”, afirmó Ramos Nápoli.