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Ante el escenario de “fragmentación” global, el ministro de Relaciones Exteriores Pablo Quirno planteó la “estrategia” del Gobierno de Javier Milei para atraer inversiones y aumentar las exportaciones de Argentina, con alineamientos políticos, acuerdos comerciales y un régimen de incentivos para captar capital en sectores clave.
“El crecimiento económico depende cada vez más de la confianza entre socios que comparten valores, reglas claras y previsibilidad institucional”, planteó el canciller. En esa lógica, la diplomacia económica apunta a abrir mercados, cerrar acuerdos y vincular capital global con proyectos concretos.
En ese marco, dejó en claro cuáles son las prioridades: la alianza con Estados Unidos e Israel que “no se trata solo de afinidad política”, sostuvo Quirno, sino de una convergencia en “la defensa de la libertad, la propiedad privada, la democracia y la innovación”.
En paralelo, la Argentina acelera su red de acuerdos comerciales. El entendimiento Mercosur–Unión Europea —cerrado tras 26 años de negociación— un “hito” de esa nueva etapa. A eso se suman avances con EFTA y Singapur, y negociaciones abiertas con Emiratos Árabes, Vietnam y Canadá. El objetivo es doble: ampliar mercados y reposicionar al país en cadenas globales que hoy se están reconfigurando.
El funcionario no mencionó a China en la exposición. Consultado por El Cronista sobre el viaje prometido de Javier Milei este año a Beijing, aseguró que se está buscando “coordinar agendas” y que la visita sigue adelante. China es el principal socio comercial hoy de la Argentina y el Gobierno busca aumentar las exportaciones para equilibrar un poco más la balanza que llegó a un rojo de u$s 8000 millones el año pasado.
Sectores y seguridad jurídica
En línea con lo que fue la presentación en la Argentina Week en Nueva York la semana pasada, Quirno planteó que la oferta que el país pone sobre la mesa se apoya en sectores donde la demanda global crece: energía, minerales críticos, alimentos y servicios basados en conocimiento. Vaca Muerta, el litio y el cobre, junto con la agroindustria, aparecen como activos que permiten a la presentarse como “proveedor confiable en seguridad energética, alimentaria y tecnológica”.
Para los inversores, la señal central se organiza en torno la búsqueda de estabilidad macroeconómica como una norma de seguridad jurídica que trasciende los contratos. “Ninguna decisión tributaria, regulatoria o cambiaria puede poner en riesgo el equilibrio fiscal”, resumió Quirno. Y allí volvió a plantear que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) ofrece estabilidad y horizonte de largo plazo para proyectos intensivos en capital.

“Un país no protege inversiones duraderas si antes no protege un marco de estabilidad, porque el desorden macroeconómico siempre termina alterando derechos, distorsionando precios relativos y castigando el ahorro y a quienes quieren invertir y lograr el desarrollo económico”, agregó titular del Palacio San Martín.
En el RIGI ya contabilizan 12 proyectos aprobados por más de u$s 26.000 millones y una cartera en evaluación de otros 20 proyectos por u$s 43.000 millones, según datos oficiales. Ahora el Gobierno amplió el juego al RIMI, para que el esquema no quede acotado a grandes jugadores.
Acumulación de reservas
En términos de impacto, la estrategia apunta a reforzar la balanza de divisas vía exportaciones energéticas y mineras, además de la agroindustria, reducir el riesgo país mediante alineamientos y acuerdos, y sostener la acumulación de reservas a través de inversión productiva. El mensaje de Quirno se da en un contexto donde se producen cierres de empresas en sectores industriales y bajas de uso de capacidad instalada en áreas como la metalurgia, donde las fábricas operan al 40%.
El punto de inflexión, según el Gobierno, es haber pasado de una etapa de ordenamiento interno a una de expansión externa. La condición para que ese proceso escale es clara: sostener reglas fiscales, avanzar en la implementación de acuerdos y ejecutar proyectos en sectores estratégicos con plazos verificables.
El próximo test estará en la ratificación de acuerdos y en la materialización del pipeline de inversiones. “La Argentina no solicita confianza anticipada; la está construyendo con resultados”, sintetizó Quirno en el IEFA Latam Forum organizado en el Four Seasons.
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