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“Es futuro contra pasado, progreso contra decadencia”. La línea troncal sobre la que Javier Milei empieza a construir su campaña para 2027 ya está escrita. Y el Presidente se ocupó de repetirla más de una vez desde su reaparición pública esta semana, como quien empieza a fijar una consigna antes de que arranque la campaña formal.
Lo hizo, palabras más, palabras menos, ante el Council of the Americas y volvió sobre ella apenas 24 horas después en la Bolsa de Comercio de Rosario, donde un traspié al confundirla con su homónima porteña arrancó algunas risas y también más de un abucheo entre los asistentes. La anécdota quedó ahí. El mensaje, no.
“Si los argentinos quieren seguir avanzando en el camino del crecimiento, la libertad y el bienestar me van a elegir a mí. Es futuro contra pasado, progreso contra decadencia. Nunca estuvo tan fácil en enfrentar dos modelos”, insistió después durante una entrevista radial.
No parece una frase circunstancial. Hace algún tiempo, desde este mismo espacio, un estrecho colaborador presidencial había definido frente a El Cronista la actitud de Milei con otra imagen igualmente gráfica: “morir con las botas puestas”. La descripción apuntaba a una convicción que no parece haberse modificado. Milei no imagina su continuidad revisando el corazón del programa económico, sino insistiendo con él hasta que los resultados terminen por validar sus ideas.
El problema empieza a aparecer en la distancia entre esa promesa y el presente.
La segunda pata de la estrategia presidencial consiste, precisamente, en reformular la expectativa de un futuro más próspero cuando los bolsillos todavía no registran el alivio prometido. Si existe una suerte de mea culpa por los tiempos que está demandando la mejora, resulta demasiado tenue para la urgencia que algunos funcionarios admiten en privado cuando miran el malhumor social reflejado en sus propias encuestas.
Milei encontró otra metáfora para explicarlo: la diferencia entre “la foto y la película”. La foto todavía “no está bien”, reconoce, pero la película demostraría que, a largo plazo, la Argentina está “mucho mejor que donde empezamos”. No todos sus laderos parecen igualmente cómodos con esperar al final de la película.
Patricia Bullrich publicó el miércoles un mensaje en el que reclamaba que las mejoras “le lleguen a las familias, a las empresas y a cada argentino”. Después lo editó. La modificación quedó expuesta y dos días más tarde volvió a publicar la frase completa.
El kirchnerismo fue hiperinflación, emisión descontrolada, desabastecimiento y caos.
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) August 21, 2026
Hoy los índices son positivos, pero sabemos que algunos sectores están pasando un momento difícil.
Nos debe ocupar que los resultados lleguen a cada familia, pyme y empresa. pic.twitter.com/ytasSXG4p3
El episodio podría reducirse a una anécdota de redes si no fuera porque refleja un ruido que empieza a aparecer por debajo de la superficie: algunos dirigentes del oficialismo sienten que la estabilización necesita empezar a tener una traducción tangible antes de que la campaña obligue a pedir nuevamente confianza a futuro.
Ahí aparece una variable que empieza a incomodar a la Casa Rosada: la deuda de las familias.
La película de Milei y una foto que empieza a preocupar
El Presidente tiene una explicación económica para uno de los síntomas más sensibles del presente: que la morosidad del crédito no bancario llega a triplicar la de los préstamos tradicionales. “Si va a hacer una operación que entraña más riesgo, ¿le pone más o menos tasa? Eso es lo que pasa con los préstamos de estas características, que son de bajo costo y alta tasa de interés”, explicó.
La respuesta es coherente con su concepción liberal. Si la relación es entre privados, el Estado no debería intervenir. El problema es que fue la propia administración libertaria la que, al comienzo de su gestión, eliminó los topes a las tasas de interés cobradas por las tarjetas de crédito. Y frente al crecimiento de la deuda, Milei mantiene la negativa a introducir nuevas regulaciones.
En algunos despachos oficiales temen que esa posición termine ofreciendo a la oposición un flanco demasiado fácil de explotar. Leandro Santoro ya empezó a recorrerlo.
“Es una estafa lo de las billeteras virtuales. La Justicia debería intervenir porque es un abuso de posición dominante. Vos vas a comprar con Mercado Pago y la primera opción que te ponen es pagar en cuotas porque el negocio es más financiero que por comisión de las ventas”, disparó el legislador porteño esta semana en Toti 910, por radio La Red.
Después apuntó contra otro argumento que circula alrededor del fenómeno: responsabilizar al propio endeudado por no contar con suficientes herramientas financieras. “Entiendo que falte educación financiera pero también es una hijaputez del Gobierno o de quienes sostengan que el problema se resume a la falta de educación financiera porque eso se resume a la persona que está desesperada”, planteó.
Santoro recordó además que incluso el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central preserva las herramientas para que el organismo intervenga ante determinadas situaciones. Su conclusión es política: si esas potestades existen y no se utilizan, no se trata de imposibilidad sino de una decisión.
Los números ayudan a entender por qué el asunto comienza a adquirir otra densidad.
Según los datos elaborados hasta junio de 2026 por analistas de la Fundación Friedrich Ebert Stiftung para su “Mapa de la Deuda”, existe una doble dinámica entre la cantidad de personas endeudadas y el volumen comprometido. La tasa de mora más alta aparece entre los menores de 25 años, con 36,8%, pero el monto total más elevado se concentra entre quienes tienen entre 36 y 45 años.
La composición del crédito agrega otra alarma. Los denominados Proveedores No Financieros de Crédito —fintech, billeteras virtuales, cadenas de electrodomésticos y tarjetas no bancarias— combinan los mayores niveles de incidencia y mora en todos los segmentos etarios. Los neobancos, por su parte, concentran el mayor volumen cuando la medición se hace por cantidad de personas.
Hay un dato todavía más inquietante: el 64,1% de los morosos tiene toda su deuda registrada en situaciones 3, 4 o 5, mientras aproximadamente un tercio mantiene compromisos pendientes con más de una entidad.
No es solamente una discusión financiera. La fragilidad del presente amenaza con erosionar la principal apuesta discursiva de Milei: convencer a una sociedad todavía ajustada de que debe evaluar su administración por el futuro que promete y no exclusivamente por el bolsillo que tiene hoy.
Y esa discusión, además, va a entrar esta misma semana al Congreso.

El Banco Central abre otra negociación con los gobernadores
La nueva Carta Orgánica del Banco Central figura entre los principales proyectos que La Libertad Avanza quiere llevar al recinto de Diputados este miércoles 26 de agosto. El texto atravesó las comisiones sin cambios, pero eso no significa que vaya a llegar intacto a la votación final.
Los gobernadores aliados todavía buscan introducir modificaciones y concentran buena parte de sus esfuerzos en una cuestión particularmente sensible: garantizar representación federal dentro del directorio de la autoridad monetaria.
Luis Caputo escuchó el planteo en persona durante su paso por Catamarca. El gobernador Raúl Jalil se ocupó de transmitírselo. Unos días antes, Diego Santilli había recibido una demanda similar durante el foro del Norte Grande realizado en Misiones. La aspiración es que las provincias tengan algún tipo de representación organizada por regiones geográficas dentro de la conducción del Central.
En La Libertad Avanza no todos cuentan la misma historia. “No hay margen. El tema está cerrado y aceptado por las demás bancadas”, aseguró uno de los diputados que siguió el proyecto desde que ingresó a la Cámara. Otro dirigente oficialista fue bastante menos categórico: “Aún no se sabe ni está la modificación. O si va a ser una decisión política post. Se está discutiendo”.
Un viejo aliado de los libertarios fue más concreto y confirmó que existe una negociación todavía abierta para respetar algún criterio federal por regiones. Podría no ser el único cambio pendiente.

La reforma establece que la remoción del presidente del Banco Central necesitará una mayoría de dos tercios de ambas Cámaras. En las conversaciones apareció la posibilidad de trasladar esa misma lógica a su designación y exigir también la intervención de los dos recintos legislativos.
El peronismo, en cambio, prepara un rechazo integral. Cuestiona que la reforma reduzca las funciones del Banco Central a un mandato único siguiendo el modelo peruano y apunta especialmente contra el artículo 12, que —según interpreta la oposición— permitiría utilizar activos de la entidad como garantía para operaciones de endeudamiento externo. También objeta la asimetría entre los mecanismos previstos para nombrar y remover al titular del organismo.
Para los gobernadores, además, la cuestión no es puramente institucional. El estado del crédito y de las familias endeudadas atraviesa de lleno a sus provincias. Buenos Aires concentra naturalmente el mayor volumen nominal de deuda por su peso poblacional, pero deja de liderar el mapa cuando se observa la tasa de mora sobre el total adeudado en cada territorio. La Rioja registra 23,9%; San Luis, 22,2%; Santa Cruz, 21,9%; Catamarca, 21,5%; San Juan, 20,4%, y Tucumán, 20,3%, todas por encima de la provincia bonaerense.
La fotografía se vuelve todavía más extensa cuando se mide la proporción de deudores en situaciones 3, 4 y 5 sobre el total de personas endeudadas. La Rioja vuelve a encabezar el ranking con 33,5%, seguida por Catamarca con 33,1%, San Luis con 32,5%, San Juan con 32,2% y Chaco con 32,1%. Formosa y Corrientes alcanzan el 30,3%; Salta y Misiones, 29,3%; Santiago del Estero y Santa Cruz, 29%.

La paradoja vuelve al comienzo de la historia. Milei quiere construir la elección sobre una expectativa de futuro. Pero en muchas provincias los gobernadores observan que la fragilidad financiera presente condiciona la capacidad de sostener esa espera. La película puede mejorar. La pregunta política es cuánto aguanta la foto.
El Papa, la desigualdad y otra agenda que puede incomodar
La CGT, las dos CTA y la UTEP llevaron esta semana la discusión por la morosidad hasta las puertas del Ministerio de Economía. Y algunos de sus dirigentes ya piensan cómo trasladar esa agenda a otro escenario bastante más difícil de controlar para la Casa Rosada.
En las próximas semanas viajarán al Vaticano y mantienen conversaciones con sectores de la Iglesia para intentar organizar una actividad durante la visita de León XIV a la Argentina. La propuesta que circula es que uno de los encuentros tenga lugar en el Mercado Central, en territorio bonaerense, en lo más caliente del Conurbano.
No se trata de una sede neutral. Los dirigentes saben que la desigualdad, la pobreza y la situación de los sectores más vulnerables forman parte de las preocupaciones que la Iglesia pretende mantener en agenda, en continuidad con buena parte del legado de Francisco.

El sindicalismo no es el único que golpea la puerta de la Nunciatura. El Grupo de Amistad conformado en el Congreso con motivo de la llegada del Papa remitió una carta para solicitar un encuentro formal con las autoridades vaticanas. La idea es replicar, si la agenda lo permite, la Asamblea Legislativa que recibió a Juan Pablo II en 1987.
Esta semana llegará al país una avanzada de la Santa Sede para comenzar a trabajar sobre las actividades y las locaciones definitivas. “Nosotros les propondremos lugares y sugerencias de actividades. Ellos traerán sus ideas”, resumió uno de los integrantes de la mesa de coordinación logística que Karina Milei puso en marcha la semana pasada.
Por ahora, el recorrido que se discute no incluye actividades especialmente vinculadas con la historia personal de Jorge Mario Bergoglio en la Argentina, más allá de un paso prácticamente obligado por el Arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires. Nadie descarta, sin embargo, que eso pueda modificarse cuando comiencen las conversaciones finas con la delegación vaticana.
La Iglesia ya realizó algunos pedidos a la Casa Rosada. Uno de ellos es que el Gobierno nacional declare un asueto durante las fechas de la visita. También expresó reparos frente a cualquier intento de limitar los aforos de las actividades públicas.
Según el cronograma transmitido por la Santa Sede, León XIV estará en la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre, después de pasar por Uruguay y antes de continuar hacia Perú.
Lo que diga entonces sobre pobreza, desigualdad o endeudamiento de las familias todavía pertenece al terreno de las especulaciones. En el Gobierno aseguran que no imaginan una visita atravesada por la confrontación. Pero la política tiene una costumbre incómoda: termina reuniendo conversaciones que nacieron en lugares distintos.
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