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Aunque el dólar arrancó 2026 en baja y la inflación cerró 2025 en su nivel más bajo en ocho años -si bien en diciembre volvió a acercarse al 3%-, el mercado laboral sigue sin levantar cabeza y atraviesa uno de sus momentos más críticos.

Los últimos datos disponibles del Informe de la Situación y Evolución del Trabajo Registrado (SIPA), correspondientes a octubre de 2025, confirmaron una tendencia preocupante: el empleo registrado perdió 33.134 puestos de trabajo, marcando la mayor caída del año y extendiendo a cinco meses consecutivos el período de retroceso.

Esta contracción representa una baja del 0,3% mensual desestacionalizado y eleva a 471.937 los empleos formales perdidos en el último año, lo que equivale a una caída interanual del 3,6%.

Dentro de este universo, la situación del empleo asalariado privado resulta particularmente alarmante.

Este segmento, que constituye el núcleo del mercado laboral formal, perdió 17.900 puestos en octubre, explicando poco más de la mitad de la caída total del mes. La cifra cobra mayor dramatismo cuando se observa el acumulado: en los últimos cinco meses, el sector privado perdió 71.000 puestos de trabajo, evidenciando una dinámica negativa que se arrastra desde mediados de 2023 y que ha llevado al empleo a estancarse en niveles similares a los de 2012.

Un deterioro del que no se salva ningún sector

Un informe de la consultora LCG analizó los datos de octubre y concluyó que la caída alcanza prácticamente a todos los sectores de la economía.

Así, la industria lidera las pérdidas con 6718 puestos menos, lo que representa una caída del 0,6% mensual desestacionalizado. Dentro del sector manufacturero, el subsector textil sufrió el golpe más duro con 2016 empleos perdidos, seguido por la industria alimenticia con 1254 puestos menos y la metalmecánica con 1090 empleos perdidos. Estos números reflejan la profunda crisis que atraviesa la actividad industrial, históricamente uno de los principales generadores de empleo formal en el país.

La construcción, otro sector intensivo en mano de obra, tampoco escapa a la debacle. En octubre perdió 1912 puestos de trabajo, con una variación mensual negativa del 0,5%. Esta contracción se suma a los datos más recientes de noviembre, que mostraron una caída del 4,1% en la actividad del sector, anticipando que la sangría de empleos continuará en los próximos meses.

En 12 meses, se perdieron 471.937 empleos formales, lo que equivale a una caída interanual del 3,6%.

En tanto, la minería, si bien tiene un peso menor en el empleo total, también registró una caída significativa del 0,5% mensual, perdiendo 435 puestos de trabajo.

El comercio, por su peso específico en la estructura del empleo privado, merece especial atención. El sector perdió 3982 puestos en octubre, con una variación del 0,3% mensual desestacionalizado. Esta caída golpea particularmente a un sector que emplea a millones de argentinos en todo el país. Las actividades inmobiliarias y empresariales tampoco quedaron al margen, con una pérdida de 2357 empleos en el mes.

Los dos sectores que escaparon a la debacle

Apenas dos sectores escaparon a la tendencia negativa: pesca y enseñanza. Sin embargo, sus ganancias resultaron insuficientes para compensar las pérdidas generalizadas en el resto de la economía.

Esta situación contrasta con los sectores que muestran mayor dinamismo en la actualidad, como el agro, la energía y la minería, que por su naturaleza tienen una capacidad limitada de tracción sobre el empleo masivo.

La situación del empleo público y el trabajo independiente

El empleo público tampoco pudo mantenerse como refugio ante la crisis. Según los datos de LCG, en octubre cayó en 4306 puestos, revirtiendo el leve aumento del mes anterior. Esta baja del 0,1% mensual desestacionalizado refleja los ajustes implementados en el sector público durante el último año.

Entre los trabajadores independientes, la situación también resulta preocupante: los monotributistas perdieron 6978 puestos y los monotributistas sociales 3095. Apenas los autónomos mostraron un tímido aumento de 751 puestos, insuficiente para compensar las pérdidas en las otras categorías.

El panorama salarial tampoco ofrece consuelo. Los datos de noviembre mostraron que el salario registrado en el sistema SIPA cayó 0,8% en términos reales durante ese mes. Frente a fines de 2024, los salarios acumulan una baja del 1,1%, aunque todavía se mantienen un 1,8% por encima de noviembre de 2023. Esta combinación de pérdida de empleos y deterioro salarial configura un escenario de fuerte presión sobre los ingresos de los hogares argentinos.

La construcción perdió 1912 puestos de trabajo, con una variación mensual negativa del 0,5%.

Reforma Laboral: las dudas sobre el impacto que podría tener

Las perspectivas de corto plazo no invitan al optimismo. Los datos de noviembre ya anticiparon una contracción del 0,6% en la industria y del 4,1% en la construcción, ambos sectores intensivos en empleo. No resulta evidente que estos sectores vayan a recuperar dinamismo en el futuro inmediato, mientras que los sectores más pujantes de la economía actual tienen poca capacidad de generar empleo masivo.

En este contexto, la eventual aprobación de una reforma laboral genera interrogantes sobre su impacto real en el mercado de trabajo.

Según el informe, sin una recuperación sostenida de la actividad económica que se extienda especialmente a los sectores con mayor capacidad de generación de empleo, el efecto de cualquier reforma sobre el empleo formal podría resultar marginal. La experiencia histórica sugiere que las modificaciones normativas tienen un impacto limitado cuando el problema de fondo es la falta de dinamismo económico.

El empleo registrado se encuentra hoy en una encrucijada. Con niveles similares a los de hace más de una década y una tendencia negativa que persiste desde mediados de 2023, el mercado laboral argentino enfrenta desafíos estructurales que exceden las soluciones de corto plazo.

La recuperación del empleo privado, motor tradicional del crecimiento del trabajo formal, requerirá no solo de reformas institucionales sino fundamentalmente de una reactivación económica que por ahora permanece esquiva.