Hay una transformación silenciosa en el mercado laboral argentino que no siempre aparece en los indicadores tradicionales de empleo. En los últimos días se conocieron estadísticas y mientras buena parte de la conversación pública sobre precarización laboral y el impacto de la economía de plataformas de transporte y de delivery, las mujeres empiezan a mostrar otra dinámica.
Cada vez son más las que se incorporan al mundo del trabajo, pero muchas no lo hacen a través de un empleo formal asalariado, sino mediante actividades independientes, ventas online, ferias, servicios personales, estética, producción artesanal o trabajo freelance.
El fenómeno fue señalado por Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo y curador de Argendata en Fundar, quien advirtió que el gran cambio de los últimos años no está solamente en el avance de las plataformas, sino en el crecimiento del cuentapropismo femenino.
Según su análisis, en 2012 las mujeres representaban el 34% del empleo no asalariado. Hoy esa participación ya llega al 42%. La tendencia muestra una inserción laboral creciente, pero también expone una dificultad: muchas mujeres ingresan al mercado en un contexto donde el empleo formal no alcanza para absorber esa mayor participación.
Dónde aparecen las nuevas oportunidades de ingresos
El punto más novedoso no está sólo en que crezca el cuentapropismo, sino en qué actividades lo explican.
Según Schteingart, casi el 40% de las mujeres cuentapropistas trabaja en comercio, principalmente en venta de alimentos y ropa. Allí aparecen feriantes, comerciantes, revendedoras y emprendedoras que venden desde sus casas o a través de redes sociales.
El crecimiento de las ventas por Instagram, ferias barriales, emprendimientos de indumentaria, alimentos caseros y canales digitales de baja barrera de entrada forma parte de esa nueva geografía laboral.
Otro 14% trabaja en servicios comunitarios y personales, especialmente peluquería, tratamientos de belleza, uñas, estética y actividades vinculadas al cuidado personal. Es uno de los rubros que más se expandió en los últimos años, con bajo costo relativo de entrada y fuerte demanda urbana.
También aparece la industria manufacturera, aunque no necesariamente asociada al empleo fabril tradicional.
En este caso se trata muchas veces de fabricación artesanal de bienes: alimentos, ropa, objetos, artesanías o productos elaborados en el hogar que luego se venden en ferias o por internet.
La frontera entre comercio y manufactura artesanal es cada vez más difusa. Muchas mujeres producen en su casa y venden por redes, ferias o canales informales. Por eso, parte del empleo industrial también se está cuentapropizando y feminizando.
Otro segmento relevante aparece en los servicios profesionales y empresariales: abogadas, contadoras, diseñadoras, trabajadoras de marketing, consultoras y profesionales que trabajan de manera freelance.
El avance del trabajo independiente femenino muestra capacidad de adaptación, generación de ingresos y búsqueda de autonomía. Pero no necesariamente implica empleos de calidad, estabilidad o mejores ingresos.
De hecho, el informe del Observatorio de Profesionales de FEPUC advierte que, incluso dentro del universo profesional, las mujeres enfrentan peores condiciones. Según ese relevamiento, las mujeres representan el 59% del universo profesional en Córdoba, pero ganan en promedio 32% menos que sus colegas varones.
El mismo informe señala que las profesionales jóvenes enfrentan mayores niveles de precarización. Entre las mujeres menores de 30 años, el 28,8% tiene monotributo encubriendo una relación de dependencia, frente al 21,5% de los hombres.
En el grupo de 30 a 40 años, la diferencia es todavía mayor: 25,5% entre mujeres contra 7,7% entre varones.
Qué muestran los datos del INDEC
Los últimos datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC muestran que la tasa de actividad femenina pasó del 51,6% en el primer trimestre de 2025 al 52,6% en el primer trimestre de 2026.
Entre las mujeres de 30 a 64 años, el salto es todavía más relevante: la tasa de actividad llegó al 72,1%, lo que muestra una presencia cada vez mayor en el mercado laboral.
La tasa de empleo femenina alcanzó el 48,3%. Sin embargo, la desocupación entre mujeres fue del 8,3%, por encima del 7,5% registrado entre los varones.
El dato marca una tensión central: más mujeres participan y trabajan, pero también enfrentan mayores dificultades para conseguir empleo.
A nivel general, el mercado laboral muestra además un deterioro en la calidad de la inserción. La informalidad llegó al 44,2%, con una suba de 2,2 puntos porcentuales frente al año anterior. Al mismo tiempo, los ocupados formales bajaron al 55,7% del total.
En paralelo, los no asalariados ya representan el 28,2% del empleo y los trabajadores por cuenta propia explican el 24,2% de los ocupados.
Ese es el telón de fondo del fenómeno: la inserción laboral crece, pero una parte cada vez más relevante se canaliza por fuera del empleo asalariado formal.
El factor “Economía del Cuidado”
Sobre la explicación de por qué las mujeres eligen o son empujadas al cuentapropismo se pueden señalar algunas pistas.
Ellas siguen cargando con la mayor parte de las tareas de cuidado y, según INDEC, dedican casi el doble de horas diarias que los varones.
Así, el cuentapropismo puede ser la forma de conciliar la vida familiar con la laboral que se puede soportar ante la rigidez de los horarios del empleo formal de 9 a 18.
Según los microdatos de la EPH, el cuentapropismo femenino de baja calificación es uno de los sectores con menor nivel de ingresos de toda la economía, lo que refuerza la idea de que muchas mujeres “crean su propio empleo en los márgenes”.