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En la previa a la semana de su reunión de primavera boreal en Washington DC, el Banco Mundial revisó sus proyecciones para América latina y detalló que la Argentina crecerá un 3,6% en 2026, menos de lo que había previsto en enero.
El organismo financiero había estimado un 4% para Argentina en 2026 en sus proyecciones anteriores y el cambio se debe a la mayor volatilidad externa derivada de la guerra en Medio Oriente pero también a factores internos. También desacelera contra el 4,4% de 2025.
Pese a eso, el país emerge como una “excepción” a la regla general de leve baja para la región, con mayor “dinamismo” por las reformas pro-inversión, explica el informe.
“Estamos creciendo por debajo del 2,5% y tenemos que ver cuáles son los problemas estructurales” en la región. El economista jefe del Banco Mundial, William F. Maloney, explicó en conferencia de prensa que a la guerra se suma que las tasas siguen siendo altas y el costo de los fertilizantes que afectará en algunas regiones.
El economista agregó que “Argentina, como la región en general tiene un crecimiento más lento pero sigue siendo bueno frente al standard regional. La desinflación se mantiene.
Por otra parte, Maloney indicó que “Argentina hizo progreso en la inflación pero va a estar presionada por los precios internacionales” y minimizó el impacto en el campo de los precios internacionales porque “la agricultura argentina está muy cerca de la frontera tecnológica”.
“Argentina se destaca en este contexto”, indica el análisis del BM. Y pone el foco en “un ajuste decisivo impulsado por la política fiscal” con baja de gasto público, focalización de políticas y subsidios, y considera que esto “ha ayudado a anclar las expectativas de inflación y a comprimir el riesgo soberano”.
El debate por la política industrial
El informe del Banco Mundial plantea que las políticas de protección industrial, con sustitución de importaciones, y esquemas como el de producción en Tierra del Fuego, son “ineficientes”.
En ese contexto, marca que hay que ir a un esquema pro inversión. Consultado sobre el impacto de la mayor competencia de las importaciones en la actividad y el empleo, Maloney consideró: “Argentina ha protegido muchos sectores durante mucho tiempo, tenemos que poner más presión de competencia para que las empresas puedan mejorar y para que las que pueden mejorar lo hagan sin disminuir su actividad”.
En cuanto al impacto en el empleo, consignó que “la esperanza es que haya una emergencia de nuevas industrias que proporcionen buenos empleos de cara al futuro y, pero aún es muy temprano en el proceso para entender cómo estos brotes surgieron de las de estas industrias”.
Las medidas que “blindan” a la Argentina
La baja del riesgo país es otro de los puntos que enfatiza el Banco Mundial, de más de 2200 puntos cuando asumió Javier Milei a los 600 que promedia ahora. Y suma iniciativas como el RIGI para las inversiones y la baja de aranceles y alícuotas impositivas.
Pero además pone le foco en las “anclas externas complementarias” que le permitieron cierto blindaje, como el acuerdo comercial con los Estados Unidos -el swap incluido- y el del Mercosur con la Unión Europea. A eso suma la aprobación de la reforma laboral en el plano doméstico y los “esfuerzos en curso para mejorar el clima de negocios y el entorno regulatorio respaldan las perspectivas para la inversión”.
A la hora de analizar la actividad económica, pese al contexto de cierre de empresas industriales y récords negativos en el uso de su capacidad instalada, el BM se enfoca en los buenos resultados de la cosecha por su impacto en la generación de divisas en “un contexto de reservas internacionales netas negativas y acceso limitado a los mercados internacionales de deuda”.
“En general, una mayor claridad sobre el ancla fiscal y la agenda de reformas ha ayudado a anclar las expectativas, mejorar las condiciones financieras y apoyar la recuperación del consumo privado y la inversión”, plantea el informe.
Pese a eso, el organismo reconoce una mayor debilidad del consumo interno en la región y escaso margen fiscal de maniobra para alentar la demanda. En el caso de la Argentina, plantea que “la composición está cambiando hacia una combinación más equilibrada a medida que el gasto privado y la inversión se estabilizan junto con una mayor credibilidad de las políticas”.
Las expectativas para el crédito en la Argentina
En Chile el crédito al sector privado llega al 125% del PBI, marca el Banco Mundial. En contraste, en Argentina ronda el 15% del PBI. Esto “refleja una prolongada inestabilidad macroeconómica y el desplazamiento del crédito hacia el sector público”, explica el BM.
Y plantea que “la reciente consolidación fiscal tras el cambio de administración podría contribuir a liberar recursos financieros para el sector privado, aunque una recuperación sostenida del crédito dependerá de la continuidad del proceso de estabilización macroeconómica”.