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En un contexto económico atravesado por una profunda transición y la recomposición de los precios relativos, la pirámide socioeconómica argentina refleja con crudeza las severas brechas de ingresos que dividen a la sociedad.

Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina dependiente de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), publicado en febrero de este año, pertenecer a la cúspide de esta estructura requiere de un nivel de facturación que escapa por completo a la realidad de la inmensa mayoría de los hogares.

Concretamente, para formar parte del selecto 10% más rico de la población, una familia necesita percibir un piso de $15.000.000 mensuales.

Los datos del estudio, calculados a valores de octubre de 2025, exponen la atomización de la riqueza en la cúpula, revelando que ese decil superior no es homogéneo, sino que se subdivide en dos segmentos bien diferenciados.

Por un lado, un 7% de la población compone lo que los técnicos definen como la “clase media alta”, con ingresos familiares que oscilan entre los $15 millones y los $30 millones. Por el otro, apenas un 3% conforma la “élite socioeconómica”, un estrato minoritario que concentra el mayor poder adquisitivo del país y cuyos ingresos parten desde los $30 millones por mes en adelante.

El documento, titulado “Estabilización, mejoras sociales y desigualdades persistentes en una Argentina en transición”, advierte que este tercio superior es el único sector de la población plenamente acoplado a los circuitos formales, globalizados y de alta productividad.

Según los investigadores coordinados por Agustín Salvia, este segmento goza de acceso estable a bienes públicos de calidad, capacidad de ahorro constante, inversión en capital humano y sólidas redes de oportunidad, lo que les permite blindar sus decisiones económicas orientándolas hacia el largo plazo.

Un escalón por debajo del decil de mayores ingresos se encuentra la “clase media integrada”, que representa al 20% de los hogares a nivel nacional. Para consolidarse dentro de este grupo, los ingresos mensuales familiares deben situarse en la franja que va de los $5.000.000 a los $15.000.000.

Si bien logran sostener un nivel de consumo acomodado y mantienen un fuerte arraigo en el mercado laboral formal, su principal diferencia con la élite y la clase media alta radica en una vulnerabilidad latente frente a las fluctuaciones del ciclo económico.

El corazón demográfico de la pirámide está ocupado por lo que el informe cataloga como el estrato “medio aspiracional”, que abarca a otro 20% de las familias argentinas. Con bolsillos que perciben entre $3.500.000 y $5.000.000 mensuales, este amplio grupo sobrevive a base de inserciones laborales formales y semi-formales.

De acuerdo con el análisis estructural de la UCA, se trata de un sector que históricamente acumuló expectativas de movilidad ascendente, pero que hoy lidia con altos niveles de frustración, incertidumbre y desconfianza debido a la alta volatilidad de su poder de compra real.

Entrando ya en la mitad inferior de la radiografía social, asoma el estrato “medio-bajo vulnerable”, comprendiendo a un 20% adicional de la población. Las familias de este renglón declaran ingresos mensuales que van desde los $2.000.000 hasta los $3.500.000.

Se trata de una franja en constante tensión financiera, que camina permanentemente por la cornisa de la pobreza y que debe recurrir frecuentemente al endeudamiento para sostener consumos básicos frente a la inercia del costo de vida.

En la base absoluta de la pirámide se concentra el 30% más postergado del país, dividido también en dos subgrupos que enfrentan privaciones severas.

Un 20% corresponde a los hogares “bajos no indigentes”, que logran sobrevivir con ingresos mensuales de entre $800.000 y $2.000.000.

Por debajo de ellos, asoma el piso más duro: el 10% de la población catalogada como “pobres extremos”, subsistiendo con un techo de ingresos familiares de apenas $800.000 por mes, atrapados en la precariedad y con una dependencia estructural de las transferencias del Estado.

Esta profunda segmentación de los ingresos se explica, de acuerdo al relevamiento metodológico, por el virtual estancamiento del mercado laboral formal.

El informe del ODSA revela que la recuperación de la actividad macroeconómica registrada hacia fines de 2025 estuvo fuertemente traccionada por sectores de alta rentabilidad pero de baja intensidad en la demanda de mano de obra, como la minería, el agro y las finanzas.

Informalización de la economía y estrés por el día a día

Como contrapartida, las variables del empleo muestran que se ha consolidado una fuerte informalización de la economía diaria.

El impulso del cuentapropismo de subsistencia y la contracción del empleo asalariado, particularmente por el ajuste en el sector público, han configurado un escenario frágil donde el 45% de los trabajadores ocupados se encuentra operando al margen del sistema de seguridad social.

Este mercado de trabajo segmentado impacta directamente en la economía doméstica de las mayorías, manteniendo en niveles críticos el indicador de “estrés económico”. Cerca del 46% de la población argentina manifiesta que sus ingresos actuales resultan insuficientes para cubrir sus necesidades operativas de corto plazo.

Esta percepción subjetiva de escasez refleja la desigualdad transversal: mientras que 7 de cada 10 hogares del nivel socioeconómico bajo sufren estrés financiero mes a mes, en los estratos medios-altos la ecuación se reduce drásticamente a 1 de cada 10.

A pesar de la crudeza del diagnóstico actual, donde más del 43% de los encuestados afirma que su situación económica es peor que la que atravesaron sus padres a su misma edad, el estudio de la UCA rescata un componente de resiliencia en materia de proyecciones intergeneracionales.

Al mirar hacia el futuro, el 82,6% de las familias mantiene la firme expectativa de que sus hijos o nietos contarán con más y mejores oportunidades, un optimismo que marca el margen de tolerancia social mientras se aguarda que la estabilización macroeconómica logre decantar, eventualmente, en un ciclo de creación de riqueza palpable.