Si bien las elecciones de medio término de este martes en Estados Unidos no ponen en juego la continuidad de Donald Trump en la Casa Blanca, pueden modificar su margen político para avanzar con una agenda que puede afectar a Argentina.
La incógnita por estas horas se concentra en qué impacto tendrá el resultado sobre una relación con Washington que Javier Milei convirtió en uno de los principales activos de su gestión.
En menos de tres años, el presidente construyó un vínculo excepcionalmente estrecho con Trump, con casi 20 visitas a Estados Unidos, respaldo político mutuo y, en materia comercial, hay señales de aceleración.
Aunque el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos (ARTI) quedó truncado por la justicia en EEUU, entre enero y septiembre de 2026, la Argentina exportó a Estados Unidos u$s 7571 millones, un 36% más interanual.
En el mismo período, según datos de la Gerencia de Inteligencia Comercial de PromArgentina, se importó por un total de u$s 5090 millones, un 2,1% menos, lo que resultó en un superávit bilateral de u$s 2482 millones, frente al de u$s 372 millones en igual período de 2025.
En total, en los primeros 9 meses del año el intercambio totalizó u$s 12.661 millones, un 17,6% más.
El dato muestra la aceleración ya que en apenas nueve meses de 2026 el intercambio ya alcanzó el 86% de todo el comercio bilateral de 2025 y el superávit acumulado superó al de todo el año anterior. Además, Estados Unidos pasó a ser el segundo destino de las exportaciones argentinas, detrás de Brasil y por delante de China.
El dato muestra la aceleración ya que en apenas nueve meses de 2026 el intercambio ya alcanzó el 86% de todo el comercio bilateral de 2025 y el superávit acumulado superó al de todo el año anterior. Además, Estados Unidos pasó a ser el segundo destino de las exportaciones argentinas, detrás de Brasil y por delante de China.
La composición también empieza a diversificarse. El petróleo crudo sigue liderando las ventas, con 34,4% del total, seguido por metales preciosos, con 14,3%; carne bovina congelada, con 7,5%; y aluminio, con 7%. La carne bovina —fresca y congelada— sumó u$s 687 millones en nueve meses, el doble de lo exportado durante todo 2025.
Guerra, tasas y aranceles
Más allá del vínculo político con Trump, las elecciones pueden repercutir sobre la Argentina a través de tres canales globales: petróleo, tasas y comercio.
El primero es el petróleo. El conflicto entre Estados Unidos e Irán llevó al Brent a promediar u$s 94 por barril desde su inicio y mantuvo el crudo en niveles elevados. Para Argentina, exportadora neta de energía, el efecto es favorable: CEPA estima que la balanza energética podría aportar más de u$s 5.000 millones hasta fin de año. Pero la guerra también mantiene presión sobre la inflación y las tasas internacionales.
El segundo canal son las tasas. La Fed llevó su tasa de referencia al 3,75%, mientras el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años llegó al 5,3%, el nivel más alto desde 2002. Para la Argentina, una eventual baja de las tasas estadounidenses podría facilitar el financiamiento, aunque CEPA advierte que, si ocurre en un contexto de caída de los mercados y búsqueda de refugio, el riesgo país podría aumentar.
El tercer frente son los aranceles. Argentina sigue alcanzada por la Sección 232 sobre acero y aluminio, mientras el esquema arancelario de Trump podría quedar bajo mayor control del Congreso si cambia la composición política. CEPA plantea que los aranceles vigentes podrían mantenerse, pero un Congreso opositor limitaría nuevas delegaciones de facultades al Ejecutivo y aumentaría el escrutinio sobre la política comercial.
De la política a los dólares
El respaldo del país del norte adquirió otra dimensión durante la presión cambiaria previa a las elecciones legislativas argentinas de 2025, cuando el Tesoro estadounidense puso a disposición de la Argentina un swap por u$s 20.000 millones y participó directamente en el mercado de cambios.
El Gobierno de Trump se convirtió en un actor relevante para la estabilidad financiera argentina, de hecho, tanto Scott Bessent como Luis Caputo sostuvieron que una asistencia de ese tipo podría volver a ser una herramienta en 2027.
El dato importa porque el programa financiero argentino todavía tiene necesidades importantes para el próximo año.
Un informe de CEPA estima que, sin la colocación de Bonares, el Tesoro podría necesitar comprarle al BCRA unos u$s 12.500 millones en 2027, a lo que se sumarían pagos netos a organismos internacionales por u$s 4000 millones.
Por eso, tanto empresarios como funcionarios se mantienen atentos al resultado de este martes, ya que una eventual modificación de las prioridades de Washington tendría para la Argentina una dimensión financiera y comercial concreta.
En ese sentido, CEPA también señaló que legisladores demócratas ya impulsaron proyectos para cuestionar el salvataje argentino y proteger a productores estadounidenses frente a la competencia de productos argentinos.
Aun así y de cara a las elecciones en la Argentina, una mayor presencia opositora no necesariamente impediría una nueva asistencia del Tesoro, pero podría elevar su costo político.
El primer test para 2027
Uno de los casos que mayor interés despierta en el empresariado local, en materia comercial, es el de la carne vacuna.
En 2026, el acceso argentino al mercado estadounidense pasó de 20.000 a 100.000 toneladas. El salto fue de 80.000 toneladas adicionales, pero el beneficio fue otorgado mediante una orden ejecutiva.
Según explicó AmCham, las 100.000 toneladas tienen vigencia hasta el 31 de diciembre de 2026 y no se logró que la prórroga fuera automática. Por eso, la negociación ya se trasladó a 2027.
Ese punto convierte a la carne en uno de los primeros test de la relación después de las elecciones.
El salto ya ocurrió y, junto con el fenómeno de precios internacionales altos, implicó modificación en la industria local. Por eso, el desafío es convertirlo en un acceso estable y, eventualmente, ampliarlo.
La discusión se da dentro de un escenario en el que los productores estadounidenses pueden ganar peso político. Desde CEPA advierten que un Congreso más opositor podría ejercer mayor presión sobre acuerdos que afectan a sectores productivos estadounidenses.
El ARTI, entre Washington y el Congreso
El otro capítulo central es el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos (ARTI), que creó un nuevo marco para la relación comercial y contempla compromisos arancelarios y no arancelarios.
Pero su implementación tiene como particularidad que no todo depende de Washington.
Desde la cámara que nuclea a empresas de EEUU en Argentina, distinguen entre los compromisos que pueden avanzar por vía ejecutiva y los beneficios arancelarios que requieren aprobación del Congreso argentino.
Ahí aparece otro reloj político. Según lo planteado en una charla días atrás, 2026 es una ventana legislativa especialmente relevante, mientras que 2027, por ser un año electoral, puede volver mucho más difícil el tratamiento de acuerdos y reformas.
Es decir, el resultado de las elecciones estadounidenses no es la única variable. Milei también necesita conseguir en el Congreso los votos para transformar parte de los compromisos asumidos con Trump en reglas permanentes.