El economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), Daniel Artana, planteó un escenario desigual para los distintos sectores productivos de la Argentina y dejó una fuerte advertecencia sobre la cuestión inflacionaria.
“Tenés una evolución de la economía bastante dispar”, sintetizó el analista en una entrevista con FM Now, al señalar que mientras algunos sectores como la energía, la minería y el agro experimentan un despegue sostenido, otros enfrentan una competencia para la que no estaban preparados.
Artana explicó que el proceso de apertura económica impulsado por el gobierno de Javier Milei alteró las reglas de juego de sectores que históricamente funcionaron bajo un esquema de alta protección y mercado interno cautivo.
“Antes estaban acostumbrados a vivir en una economía muy protegida, cobraban caro en el mercado interno, con eso tenían una rentabilidad importante”, describió.
A su vez, señaló que la mayor competitividad generó tensiones especialmente en la industria textil. A esto se sumó la fuerte caída de la inversión pública, que golpeó con fuerza al sector de la construcción.
En materia fiscal, el economista advirtió que la recaudación enfrenta presiones simultáneas que limitan el margen de acción del Ejecutivo.
En este sentido, identificó tres factores: la eliminación o no renovación de impuestos como el impuesto PAÍS, el crecimiento del empleo informal -que erosiona la base tributaria- y la caída de actividad en los sectores más comprometidos.
Ante ese cuadro, Artana fue categórico: “Mucho más el Gobierno no va a poder hacer porque no tiene plata y tiene que tratar de preservar el superávit primario que tanto costó conseguir.”
La “última milla” de la desinflación: el problema que comparten Argentina, Chile y Brasil
Artana reconoció que la inflación prácticamente se duplicó desde el mínimo de mayo del año pasado, cuando se ubicó en 1,6% mensual, y advirtió que los combustibles serán el próximo vector de presión sobre los precios.
Sin embargo, lejos de atribuirlo a una falla del Gobierno, encuadró el fenómeno en una experiencia regional e internacional: “La última milla —ir de 30% a 5%— cuesta mucho, hay todavía inercia, no hay mucha credibilidad en la política monetaria como ocurre con el Banco Central Europeo o con la Reserva Federal.”
El economista recordó que este fenómeno no es novedoso: Chile, Brasil en los años ’90 e Israel atravesaron dificultades similares en el tramo final de sus procesos de estabilización.
El propio exministro uruguayo Ernesto Talvi —hoy asesor del equipo económico argentino—, en una conferencia de FIEL, relató que en Uruguay llevó entre seis y siete años reducir la inflación de 30% anual a un dígito.
“Esto que pasa no es novedoso. Es malo, y sí, es malo, ojalá la inflación hubiera seguido bajando”, reconoció Artana con franqueza, antes de proyectar que durante 2025 será difícil bajar significativamente del 31% registrado en 2024.
La variable que complica el horizonte a corto plazo es el precio internacional del petróleo, cuyo impacto se trasladará a los combustibles locales.
Artana citó proyecciones de analistas internacionales e incluso una nota reciente de The Economist para advertir que, incluso si el conflicto en Medio Oriente cesara de manera inmediata, los precios altos del petróleo se mantendrían por al menos cuatro o cinco meses más debido a la destrucción de infraestructura estratégica. “No parece que vaya a terminar hoy”, resumió.