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Argentina formalizó esta semana su intención de adherirse al Tratado Transpacífico, lo que abre un nuevo capítulo en el proceso de apertura hacia el libre comercio que impulsa el gobierno de Javier Milei.
Se trata de una agenda internacional que se desplegó de manera acelerada en los últimos meses y que puede ser positivo a largo plazo para la economía argentina y el posicionamiento del país en el entramado global.
En menos de dos años, el gobierno avanzó en cuatro frentes simultáneos: la adhesión al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP); la puesta en vigencia del acuerdo Mercosur-Unión Europea; la firma del acuerdo bilateral con Estados Unidos; la firma del tratado entre el Mercosur y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA). Cada uno de esos acuerdos tiene sus propias características, tiempos y alcances. Pero, todos juntos, configuran un mapa de apertura sin precedentes para la Argentina.
Un cambio histórico de paradigma para el comercio exterior argentino
Para los especialistas en comercio exterior, lo que está ocurriendo no es una política comercial más, es un quiebre histórico con décadas de economía cerrada.
“La Argentina tuvo un solo antecedente previo, que fue la incorporación al Mercosur en los 90, y luego siguió siendo una economía siempre muy cerrada. Incluso el Mercosur mismo es un bloque endocéntrico, previsto para la integración de sus propios socios entre sí, pero no con terceros”, explica Marcelo Elizondo, analista y consultor en negocios internacionales a El Cronista.
Y agrega: “Estamos, claramente, ante un cambio de matriz de la economía argentina. El ratio de comercio exterior en relación al PBI rondaba el 30%, mientras que en el mundo es 60% y en Latinoamérica es de 50%”, agrega.
Natacha Izquierdo, directora de Operaciones de la consultora ABECEB, coincide en el diagnóstico y subraya a este medio la magnitud del cambio por su simultaneidad: “Lo que estamos viendo es cualitativamente distinto. Argentina pasó de operar como economía defensiva a intentar integrarse a redes globales de manera simultánea en múltiples frentes. En el mundo actual, esa inserción en bloque ya no es una opción estratégica, sino una condición de acceso a mercados, inversión, financiamiento, tecnología y cadenas de valor”.
Los posibles ganadores de la apertura comercial
La apertura comercial hacia múltiples mercados promete ventajas concretas para ciertos sectores de la economía argentina, especialmente para aquellos con vocación exportadora.
Elizondo señala que los mayores beneficios se concentrarán en “toda la cadena agroproductiva, en el potencial de desarrollo de los minerales, probablemente energía, y también algunas manufacturas, no todo de origen alimenticio”.
El analista destaca, además, la complementariedad que existe entre la economía argentina y los países del Indo-Pacífico: “Asia es hoy el segundo destino más importante de las exportaciones argentinas, de modo que hay un gran beneficio en avanzar en esa dirección”.
Izquierdo amplía ese mapa de oportunidades e incorpora sectores de la nueva economía. Según su análisis, los sectores con mayor potencial son “agroalimentos, economías regionales con capacidad exportadora, minería, energía, y servicios basados en conocimiento: software, biotecnología, industria audiovisual”. Además, advierte que el CPTPP, en particular, no es solo un acuerdo de eliminación de aranceles: “Incluye reglas modernas en inversión, servicios, comercio digital, compras públicas y estándares regulatorios. Eso también es una oportunidad para sectores que hoy operan en mercados fragmentados”.
Desafíos y sectores bajo presión
No todos los segmentos de la economía están en condiciones de aprovechar de la misma manera el nuevo escenario de libre comercio. Algunos pueden enfrentar una situación de reconversión forzada.
Izquierdo es directa al respecto: “La apertura genera oportunidades, pero también presión competitiva real sobre sectores con baja productividad relativa, alta dependencia de protección arancelaria, escala limitada o costos sistémicos elevados: textiles, calzado, metalmecánica liviana, bienes de consumo y segmentos manufactureros que compiten contra Asia”. En el caso del CPTPP, los más expuestos son “los manufactureros que compiten contra México, Vietnam, Malasia o Japón con brechas de productividad que no se cierran rápido”.
Para Elizondo, sin embargo, el problema no es la apertura en sí misma sino la capacidad de adaptación de cada sector. “No creo que haya sectores que se vean perjudicados per se, sino que depende de las decisiones que vayan tomando en términos microeconómicos: más inversión, más tecnología, nuevos modelos de gestión, nuevas políticas de alianza, nueva configuración de cadenas de valor. Si lo hacen, todos los sectores pueden modificar su estrategia”.
Izquierdo plantea que “el riesgo no es la apertura en sí, sino la velocidad”, y propone como antídoto “un gradualismo inteligente: cronogramas de desgravación que den tiempo real a la reconversión, mecanismos de defensa comercial frente a competencia desleal y reducción de costos logísticos y tributarios que hoy anulan competitividad antes de llegar al arancel”.
El verdadero riesgo: firmar sin implementar
Más allá de los impactos sectoriales, ambos especialistas coinciden en señalar que el principal peligro de esta agenda no está en la apertura sino en la brecha entre los anuncios y la implementación efectiva de los acuerdos.
“El riesgo principal es reputacional, y tiene consecuencias económicas concretas”, advierte Izquierdo. “Si Argentina anuncia acuerdos pero no los ratifica ni los implementa, genera una brecha entre señal política y credibilidad institucional que los inversores leen como incertidumbre. No alcanza con firmar; los acuerdos tienen que convertirse en reglas aplicables”. Y agrega una dimensión temporal: “Mientras Argentina está en modo expectativa, otros países capturan preferencias, inversiones y posiciones en cadenas de suministro. La apertura sin implementación es marketing. La apertura con reglas, ratificación y competitividad puede ser un cambio estructural genuino”.
Elizondo reconoce el riesgo, pero es más optimista respecto al acompañamiento legislativo: “Si el Gobierno avanzara y no fuera acompañado por el Legislativo, el riesgo sería de pérdida de reputación política y de credibilidad. Pero hasta ahora el Congreso ha acompañado estos acuerdos, incluso con votos más allá del oficialismo. Hay un aprendizaje de los costos que generó la economía cerrada: inflación, desinversión, destecnologización, economía en negro”.
Libre comercio: los tratados que hizo y quiere hacer la Argentina
Durante el actual gobierno, los siguientes acuerdos comerciales cobraron relevancia por sus avances:
Mercosur–Unión Europea
Después de más de 25 años de negociaciones, el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea se firmó el 17 de enero de 2026 en Asunción, Paraguay, con la presencia de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del presidente Javier Milei, entre otros mandatarios.
Desde el 1 de mayo de este año, el Acuerdo Interino de Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea se aplica de manera provisional. El acuerdo conecta a los cuatro países del Mercosur con los 27 Estados miembro de la Unión Europea, el segundo mayor socio comercial del bloque y una de las principales fuentes de inversión extranjera directa del mundo. El tratado prevé la eliminación gradual de aranceles sobre aproximadamente el 92% del comercio bilateral. Desde el gobierno argentino destacaron que la puesta en marcha del acuerdo abre nuevas oportunidades para las exportaciones, las inversiones y la integración económica con Europa.
Argentina–Estados Unidos
El 5 de febrero de 2026, Argentina y Estados Unidos suscribieron el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos, que establece un marco estratégico para profundizar la relación económica bilateral.
Se trata de un acuerdo bilateral que incorpora compromisos en materia de comercio, inversiones, economía digital y cooperación económica. Entre los principales resultados comerciales, Estados Unidos eliminará aranceles para 1.675 productos argentinos en diversos sectores productivos, lo que permitiría recuperar exportaciones estimadas en más de 1.000 millones de dólares. Asimismo, el gobierno estadounidense otorgará una ampliación de la cuota de acceso preferencial para carne bovina argentina, hasta las 100.000 toneladas. La entrada en vigor del acuerdo está prevista para 60 días después de que ambas partes certifiquen la finalización de sus procedimientos legales internos y requiere del tratamiento parlamentario en el Congreso argentino.
Mercosur–EFTA
El TLC Mercosur-EFTA fue firmado el 16 de septiembre de 2025 en Río de Janeiro, tras ocho años de negociaciones y 14 rondas de diálogo. El acuerdo crea un área de libre comercio de casi 300 millones de personas. La EFTA integra a cuatro países europeos no miembros de la Unión Europea: Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein, economías de alto poder adquisitivo con fuerte capacidad de inversión y transferencia tecnológica.
El acuerdo eliminará barreras arancelarias para más del 97% de las exportaciones recíprocas. Actualmente se encuentra en proceso de ratificación parlamentaria en los países firmantes; para su entrada en vigor se requiere que al menos un país de la EFTA y uno del Mercosur completen ese trámite. Desde la Cancillería argentina destacan que el tratado complementa estratégicamente al acuerdo con la Unión Europea.
Argentina–CPTPP
Argentina formalizó el 3 de junio su solicitud de adhesión al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), mediante la entrega de una nota oficial al gobierno de Nueva Zelanda, país depositario del pacto. “El canciller Pablo Quirno entregó al ministro de Comercio e Inversiones de Nueva Zelanda, Todd McClay, la nota de intención formal para integrar a la Argentina a uno de los acuerdos comerciales más amplios, modernos y dinámicos del mundo”, informó la Cancillería. El anuncio se produjo en el marco de la reunión ministerial de la OCDE en París, organismo al que Argentina también aspira a incorporarse.
El CPTPP está integrado por doce economías: Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Reino Unido, Singapur y Vietnam. El bloque representa cerca del 13% del producto bruto mundial y alrededor del 15% del comercio global de bienes. La adhesión, sin embargo, no es inmediata: el proceso puede llevar entre dos y cinco años, y todos los miembros actuales deben aceptar abrir negociaciones con el país candidato.