Riesgo país en máximos en el año, indicadores de actividad en industria, comercio y construcción sin señales de recuperación, encuestas que siembran dudas sobre las chances de reelección y el presidente que bate récords de insultos por discurso.

Ante este panorama, algunos pierden la paciencia. “Toto, tenés que hacer algo ya para que esto levante”, le imploran hace semanas al ministro de Economía dirigentes del oficialismo, gobernadores aliados y economistas afines.

En la conferencia de la UIA, Caputo calmó algunos ánimos con los anuncios para pymes: suspensión de embargos de ARCA hasta mayo de 2027, extensión del plan de pagos de deudas fiscales vencidas hasta el 31 de octubre y la posibilidad de aplicar créditos fiscales de exportadores (pendientes de devolución) a cancelar obligaciones impositivas y aduaneras.

Sin embargo, el anuncio más llamativo fue que el Banco Nación lanzará una línea de créditos para la compra de autos de fabricación nacional a 5 años a una tasa fija del 20% anual, un tercio de la tasa de mercado hoy en préstamos a personas.

Caputo anunció medidas fiscales para aliviar deudas y embargos de pymes.UIA

A principios de septiembre, el Banco Nación había anunciado créditos para la compra de autos ajustados por UVA más una tasa de 19% para los clientes del banco y 25% para no clientes. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, había festejado la iniciativa.

Resultaba curioso para un Gobierno que reclama “educación financiera” promover la toma de créditos a una tasa 25 puntos arriba de la inflación, aunque fuera inferior a la de mercado.

Caputo puso las cosas en su lugar, con una tasa real negativa, en un intento por paliar la crisis de la industria automotriz, golpeada por la caída de ventas y la competencia china. Una muestra más de cómo se aceleraron los tiempos.

Hasta hace poco, el ministro de Economía respondía a los reclamos internos con lo de la bazuca de u$s 75.000 millones (la de u$s 125.000 millones siempre fue del presidente) y con un “esto es lo hay, tenemos que aguantar”. Ahora contesta que posee en carpeta 40/50 medidas distintas para darle impulso a la economía rumbo a la elección. Lo de ayer fue un anticipo.

Los que lo frecuentaron en los últimos tiempos coinciden en otro denominador común: la insistencia de Caputo sobre la necesidad de cerrar cuanto antes un “acuerdo político” con gobernadores cercanos, el PRO y el radicalismo, con el fin de suspender las PASO de agosto próximo y enviar una señal a los mercados de anclaje político.

Pese a que le critican el piloto automático, el Gobierno viene en silencio interviniendo de manera significativa en un área clave: amortiguar el impacto del precio del petróleo sobre combustibles y las facturas de luz y gas de las familias.

Según la consultora 1816, el precio del combustible en los surtidores locales sigue fijado –por un acuerdo liderado por YPF entre los productores y refinadores- con un barril de petróleo Brent del orden de los u$s 81, frente a un precio internacional en la zona de los u$s 105.

El Gobierno interviene para contener el impacto del petróleo en tarifas y combustibles.

El BCRA admite en su último informe de Política Monetaria (IPOM) que “la reducción de la inflación en el tercer trimestre se concentró en la categoría de precios regulados”. Y que en particular “combustibles y lubricantes fue el principal contribuyente a la desaceleración de la categoría”. En el cuarto trimestre de 2025, los precios regulados subieron 2,9% y combustibles había aportado 0,7 puntos.

En el primer trimestre de 2026 aumentaron 3,9% y combustibles contribuyó con 0,6 puntos. En el segundo trimestre, los regulados se incrementaron 3,1% y combustibles pesó 0,9 puntos porcentuales.

Mientras que en el tercer trimestre la categoría regulados aumentó 2,2%, con apenas 0,1 puntos de combustibles. “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”, decía Friedman, gran defensor de la mano invisible, pero en el corto plazo la muñeca de Horacio Marín, titular de YPF, no es sólo elogiada por sus tiempos de tenista.

Tampoco se resalta lo suficiente los malabares de Caputo para equilibrar la necesidad fiscal de continuar el recorte de subsidios (como le recordó el FMI) y la demanda política de aminorar el impacto sobre las facturas de luz y gas de las familias, en un contexto de precios de la energía al alza.

Así, en el área metropolitana, en noviembre, la luz aumentará 3,5% y el gas 2,1%. Pero el ajuste hubiera sido mucho mayor si no se hubiese prorrogado, como en los últimos 3 meses, la cobertura de subsidios para los hogares de menores ingresos, por encima de lo previsto en el cronograma original de recortes acordado con el Fondo.

De hecho, las tarifas de luz y gas aportaron 1,3 puntos porcentuales al aumento de precios regulados en el primer trimestre del año y sólo 0,6 puntos en el segundo y tercer trimestre.

Pero las bases macro del plan económico no se tocan: ni la política fiscal, ni la monetaria, ni la cambiaria. Milei es completamente intransigente en lo fiscal y ninguno de los economistas cercanos ideológicamente al oficialismo se animó a sugerir la herejía del relajamiento del ancla principal del programa oficial. Pero sí llueven cuestionamientos sobre la política monetaria y, por extensión, de la política cambiaria.

Las tarifas aportaron 1,3 puntos al aumento de precios en el primer trimestre y 0,6 en el segundo y tercero.Magnific

Domingo Cavallo siempre fue el más agresivo en sus planteos de reseteo integral del plan, con eliminación total del cepo y libre flotación del dólar. Ricardo Arriazu y Alberto Ades, entre otros, sugirieron en los últimos días algo más módico, flexibilizar la política monetaria: bajar encajes, reducir la integración con título públicos, no retirar todos los pesos emitidos por el BCRA al comprar dólares, sobrecolocando deuda del Tesoro por encima de los vencimientos. La idea sería reducir la brecha entre la tasa activa (préstamos) y pasiva (depósitos) de los bancos para acelerar el crédito como motor de la reactivación.

Milei se encargó en la Universidad Di Tella de desechar de plano esa posibilidad. “Dicen, hay que relajar la política monetaria, una pelotudez del tamaño de una casa”, afirmó. En el razonamiento del presidente, “si hay un shock de oferta negativo (suba de precios por petróleo), no se combate con un shock de demanda positivo.

Hay que bajar impuestos y desregular. Hace 12 meses que tengo fija la cantidad de dinero y la inflación baja lento. Qué quiere decir: que tengo exceso de oferta de dinero. ¿Quién me da la recomendación, Nerón? Me dicen que al incendio lo combata tirándole fuego. Y se llaman economistas”, agregó.

El BCRA seguirá comprando dólares, pero no habrá más pesos en la calle. Si los precios de combustibles y tarifas siguen presionando por el “shock externo” y el BCRA mantiene la política monetaria restrictiva, el objetivo es mantener la desinflación en caja, a costa de menor actividad de los sectores transables (industria), cuyos precios seguirían corriendo muy por detrás del IPC. Así, todas las medidas que se tomen en los próximos meses serán “micromedidas”, sin gran impacto macro.

Según los datos de septiembre del BCRA, las compras netas de dólares de los argentinos siguen firmes en los u$s 2500 millones mensuales: un tercio para gastos de tarjeta al exterior y dos tercios para ahorro, la mitad queda en los bancos y la otra mitad se va al colchón.

Muchos creen que lo del equipo económico es dogmatismo ideológico, pero es una “apuesta conservadora” guiada por el temor a los “trade off” inflacionarios y cambiarios.

Con el riesgo país en picos y el tipo de cambio real en mínimos (el dólar de octubre de 2025 a valores de hoy sería unos $1880), es lógico que Caputo reclame un acuerdo político para anclar expectativas cuanto antes.