Cada 6 de mayo, el Día de la Salud Mental Materna nos invita a poner en palabras una realidad que muchas veces transcurre en silencio: la tensión cotidiana entre maternar y trabajar. Esta, lejos de ser una experiencia individual, constituye un desafío colectivo que interpela a las organizaciones, a las políticas públicas y a la sociedad en su conjunto.

La maternidad en el mundo laboral suele estar atravesada por exigencias múltiples. A la responsabilidad profesional se suma la carga emocional, física y mental del cuidado. Los datos de la Encuesta Nacional de Lactancia (ENALAC) lo evidencian: factores como el estrés, el cansancio crónico o la dificultad para conciliar los tiempos impactan directamente en la experiencia de las madres, especialmente durante la lactancia. La separación de sus hijos por motivos laborales o educativos puede dificultar su continuidad y generar sentimientos de frustración, angustia o culpa.

En este contexto, hablar de salud mental materna implica reconocer que, además de mayor organización personal, hacen falta condiciones reales de acompañamiento.

Las empresas tenemos un rol clave en esta transformación. Promover un verdadero equilibrio entre el desarrollo individual y el trabajo, contemplando las distintas etapas de la trayectoria profesional y personal, es hoy una responsabilidad impostergable.

En Danone, ese compromiso se traduce en iniciativas concretas: políticas parentales con hasta 20 semanas de licencia para la persona gestante, esquemas de trabajo híbrido y horarios flexibles, lactarios en los espacios de trabajo, reintegros de guardería y programas integrales de bienestar. Ninguna política reemplaza la experiencia de cada persona, pero estas herramientas hacen una diferencia real en la vida cotidiana.

Es fundamental, también, el rol de los liderazgos. Acompañar no es solo ofrecer beneficios, sino construir culturas donde se pueda hablar de estos temas sin culpa ni estigmas. Escuchar, comprender y habilitar conversaciones genuinas sobre salud mental es parte de ese camino.

El desafío, no obstante, excede el ámbito corporativo. Promover la crianza compartida implica reconocer y fortalecer el rol de los cuidadores secundarios como parte activa de ese proceso. Cuando quienes comparten el cuidado acceden a licencias extendidas y a culturas que habilitan ese involucramiento, el peso se redistribuye y eso impacta positivamente en las madres.

En una sociedad cada vez más longeva, donde crecen también las demandas de acompañamiento a adultos mayores, pensar en sistemas de cuidado más amplios y corresponsables, con redes familiares, laborales e institucionales; y políticas públicas que promuevan espacios amigos de la lactancia y programas de acompañamiento; se vuelve imprescindible.

Construir ese ecosistema es una tarea compartida. Implica repensar cómo trabajamos, cómo cuidamos y cómo acompañamos.

Nos impulsa, además, a reconocer que detrás de cada madre hay una historia, un contexto y una necesidad de sostén.

En el Día de la Salud Mental Materna, la invitación es a ampliar la mirada, pasar de la exigencia individual a la responsabilidad colectiva. Porque maternar y trabajar debe ser siempre una experiencia acompañada.