La histórica remontada que protagonizó Luiz Inacio Lula Da Silva, que hasta el viernes pasado no estaba en el radar del mercado, dejó varias lecciones para asimilar en la Argentina.
Una de ellas es que las encuestas son una herramienta de aproximación, que en escenarios de polarización no llegan a reflejar todo lo que los analistas esperan de ellas.
En Brasil captó ejes de discusión y voluntad de voto en los grandes centros urbanos. Pero cuando se moviliza el interior de un gigantesco territorio como Brasil, sus detectores fallan. En la Argentina esto ya sucedió (en 2023, sobre todo) y puede volver a suceder. No hay que olvidarlo.
La macro tracciona menos de lo que parece. Brasil no tiene buenos números e incluso puede llegar a crecer menos que la Argentina. El déficit fiscal es de un rojo intenso (se acerca a 10% del PBI) y la promesa de resolverlo, así como de bajar la deuda pública, entusiasmó a los inversores pero no movió mucho la aguja entre los electores. Lula fue reelecto.
En el balotaje pesó más el candidato que el partido. En la primera vuelta al PT no le fue bien. En ese turno, predominó la expresión de un electorado más conservador, autónomo y cuentapropista.
En la segunda, Lula aprovechó una agresión innecesaria de su rival en el último debate (lo llamó nueve dedos), lo que le permitió recordar su origen humilde y generar más empatía que Bolsonaro que sonó soberbio. El PT será minoría en el Congreso, un factor que agregará desafíos y complicaciones al cuarto mandato. A sus votantes ese argumento no los afectó.
A nivel local, un real devaluado no ayudará a mejorar el comercio bilateral. Pymes industriales y varias economías regionales tendrán que sumar otros mercados, porque Brasil no será la tabla de salvación de nadie. La oposición que se entusiasmó con el triunfo de Lula, tendrá que asumir este punto, porque será queja en el interior argentino.
¿El empleo puede ser un factor electoral? En Brasil no le cuestionaron a Lula el reinado de Uber y las plataformas digitales como sucede en la Argentina.
El Gobierno de Milei mantuvo silencio. Anoche el partido de Bolsonaro reconoció finalmente el triunfo. En la Casa Rosada se consuelan con el argumento de que el oficialismo ganó una elección, a contramano de lo que era regla en otros escenarios.
Pero pesó el carácter carismático del ganador y la intensa movilización que ejecutaron los aliados en el territorio para conseguir 4,4 millones más de votos.
Todos puntos para tener en cuenta.