La saga del vago: el liderazgo de Marie Kondo

Eliminar, automatizar y tercerizar, claves para tener la empresa ordenada como una de las casas de Marie Kondo.

-Terrible el foul de Tomaselli. ¡¡Tenía que sacarle la roja!!

Algunas cosas nunca cambian, parece. Lunes a las diez de la mañana, la sala de directorio ocupada por la mitad. Una pantalla gigante al fondo, mostrando en Zoom a los cuatro que están remotos.

-Fue un partido horrible, ¡pero cómo los reventamos! -le dijo Raúl a Carlos en la sala. Se había jugado el clásico.

Los cuatro del Zoom ponían, cada tanto, cara de que no entendían. Iban y volvían, parecía, de un documento o una planilla de cálculo. Algo con fondo blanco, porque se iluminaban sus caras que tenían esa mirada apenas desviada hacia abajo, tan normal desde 2020.

La mirada Zoom.

Diez y cuarto. Cansada ya de verlos conversar de un tema que me deja afuera, me pongo a hacer cuentas mentales: quince minutos de las ocho personas más caras de la organización equivalen a dos horas. Unos cuatrocientos dólares tirados a la basura, como mínimo, cada semana. Y seguramente hoy decidiremos echar a alguien para ahorrar.

"María, queremos que lideres la organización porque, aunque los resultados son buenos, sabemos que nos vamos a fundir. No queremos ser el Blockbuster o el Kodak de los conferencistas del futuro. Solo una mujer con una visión diferente puede liderar este cambio."

¿Para qué nos reunimos? ¿Qué piensan los demás en la organización cuando nos ven discutiendo en la sala? ¿Y si supieran sobre qué se discute? Y, lo más importante, ¿la empresa vale más después de la reunión? ¿Estamos acercándonos a la Misión?

Veinte minutos pasé en silencio. Soy la nueva jefa y ninguno se dio cuenta. Ni de mi silencio, ni de que soy la jefa. Apuesto a que, si se quedan sin trabajo, lo notarán. Pero no sé si podré sostener una decisión tan dramática: aunque el Chairman me haya dicho que cambie todo, no lo sentí tan convencido.

Saga de los vagos en las empresas: de vago a CEO

Tampoco quiero que me pongan ya el apodo de "Bloody Mary".

Diez y media. Suficiente. No lo vemos, pero estamos gordos, cómodos y nos vamos a fundir por eso.

-Muchachos, a partir de ahora nuestra reunión será a las 9:45. Pido disculpas si llego a la diez (guiño guiño); si en esos minutos conversan algo importante de trabajo, me avisan. El Chairman me pidió que actúe como si la empresa estuviera en jaque. Lo primero que vamos a hacer es reducir el equipo. Tres de nosotros van a enfocarse, solamente, en el 2030. Se van a mudar físicamente a otra oficina, a la que pueden ir o no; pero no pueden venir aquí más que una vez por mes. Tienen prohibido ocuparse del corto plazo. El resto nos pondremos en modo crisis. Somos mucho más capaces de lo que creemos. Formamos durante años a nuestros equipos. Invertimos en construir confianza y en sistemas que nos cuesta usar. Vamos a aplicar el modelo EAT con pasión, decisión, obsesión.

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-Vamos a aplicar el modelo EAT con pasión, decisión, obsesión.

Carlos deja, por primera vez en la mañana, de pensar en el clásico. La última frase de la CEO, que un político hubiera dicho a los gritos y con el dedo levantado, es pronunciada en un volumen tan bajo que fuerza a todos a prestar mucha más atención. Ya los del Zoom no cambian a esos documentos que revisaban en la computadora. Los de la sala tienen que sostener sus mandíbulas para que no caigan al piso.

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María está contenta. Transmitió el mensaje y obtuvo la reacción buscada. Sin insatisfacción no hay cambio.

-¿Qué es el modelo EAT? ¿Cómo se aplica?

Y, también, la pregunta que quería.

-Eliminar, automatizar, tercerizar, una y otra vez. Primero, seremos Marie Kondo. Levantamos una máquina de fax, si sentimos cariño o valor, la apoyamos de nuevo. Si no, la tiramos a la basura. Cuando lo hagamos con la gente, tenemos que cuidarlos, hacerlo con empatía. Primero lo hice con ustedes, por eso siguen aquí. Tomamos un proceso. ¿No tiene valor? Lo eliminamos. Esta reunión, ¿tiene valor?

Todos intercambian miradas, esperan que sea otro el que corra el riesgo de hablar primero. Va a ser la primera respuesta de un tema serio a la nueva CEO.

María sabe el valor del silencio y lo respeta. Cada persona está pensando, deglutiendo lo que pasa, convirtiéndolo en memoria, ideas, planes. El trabajo de María no es hablar, es lograr resultados. Y dejar pensar es clave.

-Creo que si la eliminamos, el mundo mejoraría un poco -arriesga el más joven.

-¡No podemos eliminarla! La venimos haciendo desde hace 25 años -dice otro.

"Ah, la cultura," piensa María. Ese monstruo que nace sin que nadie lo para, se alimenta de lo que nadie le da y maneja todos los hilos de la organización sin que nadie lo vea.

-Propongo esto: sigamos con la reunión, pero a partir de ahora solo presentamos cosas con tres objetivos, y tiene que estar bien claro cuál buscamos: IOD. Informar, pedir opinión, pedir decisión.

-Pero, María, ¿el modelo EAT es solo eliminar o mariekondonizar?

-Gracias por la pregunta, Carlos. La segunda parte es "Automatizar". Nos convertimos todos en Ada Lovelace, que amaba la programación aun antes de que existiera. Por eso, a partir de ahora, el área de Tecnología dedicará un 20% a cosas pequeñas que ahorren tiempo al resto de la compañía. Si la tarea es de valor, pidan ayuda. Ahora, ¡¡¡no me vengan a automatizar cosas sin valor, eh!!!

Todos ríen a carcajadas, con una mezcla de desahogo y miedo al cambio.

-La "T" es de tercerizar. Aquí somos todos Dios -o CEOs, que para algunos quizás es casi lo mismo. Ése que parece un vago  porque cada tarea que enfrenta, si no puede eliminarla o automatizarla, la terceriza en su asistente, en un gerente, un hijo o el espíritu santo, usando frases como "se delega la tarea, no la responsabilidad", "es como si lo hubiera dicho yo". Si no podemos eliminar o no podemos automatizar, que lo haga alguien más barato. Siempre prefiero tercerizar en otra empresa: es más simple, hay competencia, movilidad. Saben que en cualquier momento pueden perdernos como clientes y se van a esforzar más. Si no podemos tercerizarlo -cosa que no creo, pero estoy abierta a conversar- lo delegamos. En otras palabras, lo tercerizamos hacia adentro. Cada tarea tiene que ser realizada por la persona más baja posible dentro de la organización. Sin que eso implique contratar a nadie.

-Pero María, ¡tendremos cada vez menos empleados!

Nadie se anima a completar el razonamiento, pero menos empleados implica menos poder... Todavía en los asados de los domingos, cuando conocen a otra persona, el diálogo suele ser: "¿A qué te dedicás?" Y, después: "¿Cuántas personas tenés a cargo?".

-Sí, claro. A eso va el mundo: cuanto menos empleados, más eficiente , más rápida para cambiar, más exitosa será una empresa. ¿Habrá más pobreza? No, porque la tecnología siempre ha traído no solo más puestos de trabajo y de mejor calidad sino también más acceso a cubrir nuestras necesidades básicas.

El futuro es brillante, pero quiero asegurarme de que este equipo sea parte de él.

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