

Dos fuerzas actúan en contra de los valores agrícolas. El aumento en la producción de combustibles en el mundo embiste contra los precios de los commodities agrícolas. Y la tendencia a la depreciación de la moneda norteamericana que disminuye la capacidad de compra de los países importadores.
Sin embargo, se nota una clara excepción: el precio del trigo. Los inconvenientes de producción, derivados de las inclemencias climáticas que presentan tres grandes jugadores como Australia, Rusia y Ucrania alientan las mejoras. Por algo, el Concejo Internacional de Cereales acaba de disminuir su estimación de producción global 2014/15. La realidad es que el valor internacional se ubica hoy en el nivel más elevado del actual semestre.
Claro está: el nivel de precios es firme para el exterior. Porque la política de restricciones a la exportación de este cereal quita valor al trigo en el mercado interno. No se entiende cuál es la razón de tal dislate. Porque, aún en el peor de los escenarios productivos, habría sufriente mercadería para abastecer el mercado interno, cumpliendo con la exportación en un marco de libertad de comercio.
Veamos. Si en lugar de 12 millones de toneladas, la cosecha sólo llega a 10 millones, con un carry in de más o menos 1,30 millones de toneladas, el saldo exportable sería superior a 5 millones de toneladas. Obviamente, si la cosecha fuese del nivel estimado oficialmente, tal número superaría el volumen de 7 millones de toneladas.
Por las restricciones a las ventas al exterior, hoy en el mercado interno, luego de deducidos los derechos de exportación (retenciones), el cereal cotiza con un castigo en un rango que va de u$s 30 a u$s 60 por tonelada, según sean las condiciones del cereal.
Sea la industria de la molienda de harina como la exportación están fuertemente concentradas entre unas pocas empresas. Casi el 50% del mercado de molienda se halla tres grandes empresas y aproximadamente el 90% de la exportación es llevada a cabo por cinco empresas. Por la política de restricciones, se induce a la concentración y a la transferencia de ingresos desde el eslabón primario hacia otros agentes de la cadena de valor.
La industria molinera se encuentra con sus necesidades relativamente satisfechas y el sector exportador ha comprado, a la fecha, más o menos el doble de mercadería que, de acuerdo a las disposiciones del Ejecutivo, podría embarcar a partir del presente mes. En este contexto, los platos rotos los pagan quienes están en la producción del cereal.
No sólo pierden los agentes del eslabón agrícola, también lo hace el país todo pues se amenaza la continuidad de mercados externos como Brasil, que va a terminar comprando trigo en enero a Estados Unidos, porque no sabe cuánto Argentina le venderá y cuándo lo hará.
Durante el 2014, por segundo año consecutivo, el país del norte ha pasado a ser el primer proveedor de trigo de Brasil, nuestro vecino, socio de Mercosur y uno de los mayores importadores del cereal del mundo. Difícil de entender.









