Hay señales mixtas en la economía que generan confusión a la hora de debatir los resultados del programa en curso. El Gobierno celebra los datos macro que entrega el Indec, en los que la actividad se muestra pujante gracias al “triángulo de hierro” que hoy componen el agro, la energía y la minería.
En la discusión pública, predomina la sensación de que el estancamiento del consumo masivo y la resistencia a la baja que muestra la inflación son predictores de un año más débil de lo que imaginaban los analistas.
Uno de los problemas que presenta este debate es pensar que una de estas tendencias tiene más validez que la otra. Y la realidad es que eso no debería suceder. Ambas afirmaciones son ciertas y el Gobierno deberá administrarlas hasta que consiga recuperar una convergencia de todos los sectores.
El EMAE, el estimador mensual del PBI, mostró en enero un crecimiento de 0,4% frente a diciembre y de 1,9% frente al año anterior.
El indicador, según manifestó Luis Caputo, está en su máximo histórico. Casi 70% de ese incremento interanual se explicó por el agro, que celebró una gran cosecha de trigo. Minería y la intermediación financiera aportaron su parte, mientras que industria y comercio contrarrestaron esa mejora con caídas de 2,6% y 3,2%, respectivamente.
Los datos de consumo que ofrecen consultoras como Scentia y Nielsen también forman parte de esta realidad. Las compras en los principales canales de consumo mostraron un retroceso en enero y febrero, que en reflejan una caída de 2,1% en el bimestre.
La macroeconomía está ordenada, como destaca cada vez que puede el titular del Palacio de Hacienda, y esa diferencia hoy juega a favor del programa de estabilización frente al shock externo que vive el mundo por la guerra en Irán. Pero es innegable que todavía hay factores que paralizan decisiones micro, tanto de inversión como de compra.
Más allá de que el consumo es lo primero que se cae cuando disminuye el poder adquisitivo, en la Ciudad y el conurbano es innegable que pesa más la psicología preventiva del pasado. Todavía hay u$s 39.000 millones en los bancos (antes del blanqueo de 2024 arañaban los u$s 18.000 millones), recursos que no circulan y que por ende se restan al consumo.
Economía querría que sean invertidos en vehículos que ayuden a la producción y por eso fogonea a los actores del mercado de capitales para que estimulen el uso de la Ley de Inocencia Fiscal. Los bancos tienen hoy algo más de margen para hacer préstamos en esa moneda (pueden prestar a la cadena de proveedores de quien vende y cobra en dólares), pero está claro que la demanda no está a la altura.
Por lo pronto, algunos datos revelan que el Gobierno navega tranquilo con los datos macro, pero busca darle más dinamismo a la actividad: ayer el BCRA liberó liquidez a través de una baja de encajes (señal que puede ser reforzada hoy en la licitación del Tesoro) y el lunes el Banco Nación pondrá en la calle créditos para pymes a 25%, una tasa que por ahora es negativa y que permitirá refinanciar deudas más asfixiantes.