Al comenzar el año, el Gobierno enfrentaba un “trilema”: debía aumentar las reservas del Banco Central, seguir un sendero de desinflación acelerado (0, algo en agosto) y reactivar la economía. Esos tres objetivos simultáneos aparecían ya entonces contradictorios, difíciles de cumplir, por lo que algunos le sugerían enfocarse en sólo dos objetivos: comprar reservas (flexibilizando la política monetaria) mientras se monetizaba y se recuperaba la economía.

Promediando marzo, la inflación se mantiene en el orden del 2,9%, la economía no emite señales de reactivación (más allá de energía, minería, agro), y el Banco Central compra dólares, pero no acumula reservas, porque esos dólares se utilizan para pagar deuda.

El riesgo país no sólo no bajó (ronda los 600 puntos, el doble del regional) respecto de un año atrás sino que superó a Ecuador (478) y Bolivia (474), los dos países que en enero 2025 mostraban un riesgo superior al argentino.

El shock petrolero por la guerra en Irán mete más presión al esquema. En lo que va de marzo, las naftas aumentaron 8% en el surtidor, en un mes con estacionalidad en contra, y en que continuarán los aumentos de tarifas públicas y la indexación de servicios privados.

En lo que va de marzo, las naftas aumentaron 8% en el surtidor.

Nadie sabe qué sucedería con el mercado financiero internacional de prolongarse la crisis del petróleo, y derivara en un escenario de estanflación. Un fantasma que asusta en un país como Argentina, sin reservas, una larga historia de defaults, y vencimientos de deuda por U$S 10.000 millones este año y otros U$S 21.000 millones el próximo.

Ante este panorama, todos se preguntan si “recalibrarán” la política económica.

“¿Voy a modificar la forma de hacer política económica porque saltó la inflación transitoriamente? ¿Quieren que aplique controles de precios? No cuentan conmigo con eso... Voy a hacer las cosas bien. Tarde o temprano vamos a derrotar la inflación”, dijo Milei en la Bolsa de Comercio de Córdoba.

Por su puesto, nadie espera semejante herejía. Pero tampoco que redoble la misma apuesta. “El diagnóstico y las políticas oficiales no se han modificado, confiando en que, la perseverancia del “ancla fiscal” hará que la inflación termine por ceder, el Central podrá seguir comprando dólares, el poder adquisitivo se recupere y el nivel de actividad responderá positivamente. Este enfoque requiere que las expectativas converjan a la narrativa oficial, pero esto no ocurre”, dice Jorge Vasconcelos, en el último informe del IERAL.

“La decisión del gobierno fue redoblar la apuesta: restringir la oferta de pesos para abatir la inflación; y anunciar que no emitirá deuda ley extranjera, para “hacer cada vez más escasa” la circulación de bonos argentinos, de modo de revalorizar sus paridades. Para que el plan funcione, tendría que haber eco positivo del “otro lado del mostrador”, agrega.

¿El Gobierno seguirá apostando que los argentinos saquen sus dólares del colchón y se abalancen, junto con los extranjeros, a comprar bonos de la deuda argentina? Era lo que esperaba después del contundente triunfo electoral, o tras la categórica aprobación del Presupuesto 2026, o tras la “histórica” aprobación de la reforma laboral en el Congreso.

Mientras, el tablero económico se mueve. Tras el triunfo electoral, el REM (Relevamiento de Expectativas) del BCRA esperaba para el trimestre diciembre-febrero una inflación en descenso: 2,1% en diciembre, 1,9% en enero, 1,7% en febrero. La realidad fue 2,8%, 2,9%, 2,9%. “Mandriles” que no la vieron. Todos imaginaban ese sendero de desinflación y baja de tasas de interés, con el dólar acompañando la evolución de los precios, manteniendo así el tipo de cambio real. Sin embargo, el dólar mayorista bajó a 1.400 pesos, con lo cuál el tipo de cambio real cayó fuerte.

Desde principios de año, el BCRA compró U$S 3.351 millones de dólares, y le vendió al Tesoro para pagar deuda U$S 3.544 millones. La meta de U$S 10.000 millones de este año se suponía que era de acumulación de reservas.

El apretón monetario se mantuvo, mientras se dispararon los niveles de morosidad y el crédito se planchó. La consultora 1816 estima la morosidad del crédito a familias en el sistema bancario en 10,6%, récord de la serie, y fuera de los bancos en 27,4%, cuando un año atrás eran del 4% y el 9%, respectivamente.

Según el SIPA, entre noviembre 2023 y diciembre 2025 se perdieron 200.940 puestos de trabajo asalariados privados registrados. Tras la recuperación de empleo del segundo semestre de 2024, el empleo asalariados privado cayó en 96.800 puestos.

A los despidos hay sumarle 70.000 empleos públicos menos y otros 17.500 empleos menos en casas familia (habría que ver cuántos pasaron a la informalidad). Por el lado de la creación, hay 159.500 monotributistas y 10.000 autónomos más.

Otro de los indicadores que enciende luces amarillas es la recaudación: lleva 7 meses de caída en términos reales, pero se aceleró en enero (-7,9%) y febrero (-9,6%). De continuar la baja, para cumplir con la meta de superávit primario, habría que aplicar un ajuste adicional sobre el gasto no discrecional (obras pública, subsidios, salarios públicos).

¿El combo de apretón monetario, tasas y dólar planchado mejoraría o agravaría las cosas?

“Santiago (Bausili), preparate, porque te van a salir dólares por las orejas. Ojo cómo vas a comprarlos por la inflación. Vos sabés que si fuera por mí...Pero no me voy a meter”, dijo Milei en Nueva York sobre el impacto que tendría la guerra en la mejora de los términos de intercambio de Argentina.

¿Milei sigue pensando, como aseguraba un año atrás, que se puede estabilizar la economía argentina sin acumular reservas en el BCRA, sólo manteniendo el ancla fiscal y monetaria?

Con estos precios del petróleo (algo menores, U$S 80), soja, oro y plata, podrían ingresar por la cuenta comercial unos U$S 9.500 millones extra.

En el mercado esperan que se active desde abril la compra de dólares “más grande de la historia de la humanidad” (en la terminología oficial). Si no baja rápido el riesgo país, y el shock internacional continúa, ese sería el principal reaseguro para afrontar la incertidumbre del segundo semestre, un clásico argentino.