El IPC Nacional subió 2,9% en febrero, igual que en enero, y desde el piso de 1,5% en mayo de 2025 no logra retomar su pendiente descendente. Ahora, el principal desafío es que los shocks de precios no se trasladen a la nominalidad subsiguiente, de modo que la desinflación se reanude y, con ella, el proceso pueda afianzarse.

En lo referente a las distintas divisiones, “Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles” fue la de mayor incremento (6,8%), seguida por “Alimentos y bebidas no alcohólicas” (3,3%), donde volvió a destacarse “Carnes y derivados” (6,6%). Por su parte, los precios regulados aumentaron 4,3%, los estacionales contribuyeron positivamente al caer 1,3%, y el IPC Núcleo marcó 3,1%, su mayor variación desde abril de 2025, mientras que el promedio móvil de tres meses ya se ubica en 2,9%.

Si bien la inflación núcleo incluye carnes, que evidencia una aceleración desde fines de 2025 por cuestiones específicas del mercado ganadero, es la inflación relevante para la política monetaria.

En el plano del mercado local, la licitación del Tesoro tuvo un rollover superior al 100% y una renovada demanda por instrumentos CER. Concretamente, el Tesoro realizó la primera licitación de marzo, en la que enfrentaba vencimientos por $ 9,6 billones y logró un rollover del 108%, volviendo a absorber pesos del mercado.

En esta oportunidad volvió a ofrecer instrumentos a tasa fija, lo que generó cierto reacomodamiento en las tasas pasivas. Sin embargo, los instrumentos a tasa fija ofrecidos tuvieron vencimientos relativamente cortos -mayo y septiembre- y concentraron cerca del 25% de la demanda total.

La mayor demanda volvió a observarse en instrumentos ajustados por CER, tanto letras como bonos, que captaron alrededor del 63% del total adjudicado. El resto de la demanda se distribuyó entre instrumentos TAMAR y dollar linked en menor medida.

Además, el Tesoro volvió a ofrecer el nuevo bono en dólares AO27, adjudicando primero u$s 150 millones y luego 100 millones adicionales en la rueda posterior, completando así el cupo total en esta licitación, lo que confirma que continúa existiendo demanda por este instrumento.

A nivel internacional, la escalada del conflicto en Medio Oriente impulsó el precio del petróleo por encima de los u$s 100 por barril y volvió a tensionar las expectativas. La suba del crudo tiene un impacto directo sobre los precios de la energía y, por lo tanto, sobre la inflación global, que tanto en Argentina como en Estados Unidos continúa mostrando resistencia a converger hacia niveles más bajos.

En este contexto, el mercado comenzó a ajustar sus expectativas de política monetaria en Estados Unidos. Este escenario de tasas internacionales más altas por más tiempo complica la eventual vuelta de Argentina al mercado internacional de deuda para refinanciar próximos vencimientos.

Por ello, es pertinente monitorear el ritmo de acumulación de reservas del Banco Central. En un contexto internacional más desafiante, contar con un nivel mayor de reservas resulta clave para afrontar compromisos financieros.

En resumen, aunque la aceleración desde mediados de 2025 todavía no resulta alarmante, ello no implica que el riesgo de escalada inflacionaria sea nulo. El principal reto es evitar efectos de segunda vuelta: que los shocks puntuales —como el ajuste de tarifas, o el aumento en carnes y combustibles— no se incorporen a la nominalidad siguiente vía paritarias y contratos.

Esto vuelve crítica la política de ingresos, que probablemente exija sostener una postura más restrictiva sobre salarios reales en el corto plazo, con el costo de una recuperación más lenta del poder adquisitivo y, por extensión, del consumo y la actividad económica.