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Este viernes, Axel Kicillof encabezará su primer encuentro como presidente del PJ bonaerense al reunirse con los consejeros de partido en La Plata. Será algo raro para todos, fundamentalmente para el gobernador que nunca quiso participar de este organismo partidario a pesar de ser el peronismo un partido ultra verticalista, como La Libertad Avanza.

Daniel Scioli, otro gobernador que nunca presidió el PJ bonaerense, no lo hizo porque su lugar estuvo taponado por las decisiones de Néstor Kirchner primero y Cristina después. En el pasado, ni Carlos Ruckauf ni Felipe Solá se atrevieron a pensar en presidir el partido, conducido primero por Eduardo Duhalde y luego por el santacruceño que lo reemplazó.

En todo este último tiempo, donde la conducción estuvo fuera de la Provincia, hubo presidentes de lo más variados, como José María Díaz Bancalari, Alberto Ballestrini, Fernando Espinoza o Hugo Moyano. Kicillof lo tuvo a Máximo Kirchner durante su estadía en la Casa de Gobierno provincial.

Este es el problema más trascendente que tiene hoy el gobernador, no sólo como conductor de este nuevo proceso con Cristina Fernández de Kirchner en prisión sino, además, como pretendiente candidato presidencial. Es que él nunca condujo el proceso, siempre fue un instrumento político propuesto inicialmente por la ex presidenta y que se muestra mucho más cómodo hablando de temas concretos, como economía, que discutiendo de política.

Por eso no asombra el destrato al que es sometido por algunos intendentes del peronismo cristinista, empezando por Mayra Mendoza, quien no deja escapar la ocasión para enrostrarle al resto que en lugar de preocuparse por la salud de Carlos “Carli” Bianco tendrían que preguntar cómo está el post operatorio de Fernández de Kirchner.

Para que no quedaran dudas de que Máximo Kirchner está muy lejos de la conducción de Kicillof, en el mismo momento que el gobernador realiza su primera reunión partidaria, el hijo de los dos presidentes estará realizando un acto propio en el Puerto San Martín, en Santa Fe.

Jorge Ferraresi, el “archienemigo de Mayra” e intendente de Avellaneda, pide que todos lo que no quieren que sea candidato se junten para ir a una PASO. Obviamente, sería un baño de anti cristinismo si el gobernador los enfrenta. Y como creen que ganará, se transformará en conductor del proceso.

Emilio Monzó, que lo vio hace quince días, se llevó una ambigua impresión. “Se lo ve interesado, decidido y queriendo hasta salir de su zona de confort. Sin embargo, todavía está en modo “heredero”, esperando que los demás le entreguen los atributos, pero no pasará. Él debe ser conquistador, pero aún no lo siente”.

En la última semana volvieron a florecer los “candidatos” a suceder a Kicillof, pero nadie dice que quiere competir contra él por la Presidencia de la Nación. Por ahora. Máximo Kirchner, Sebastián Galmarini, por el Frente Renovador, Leonardo Nardini, Federico Achaval, Gabriel Katopodis, Jorge Ferraresi son algunos de los nombres que ya dicen abiertamente que pretenden ir por la gobernación. Sergio Massa no lo dice, pero si le llega el momento y la oportunidad, no dudará en aceptar ser el mensajero de la unidad.

Lejos de estas luces, que suelen encandilar, el jefe comunal de La Plata, Julio Alak, está haciendo lo que debe hacer cualquiera que se precie de pretendiente a ocupar un lugar de relevancia.

Sin embargo, lejos de estas luces, que suelen encandilar, el jefe comunal de La Plata, Julio Alak, está haciendo lo que debe hacer cualquiera que se precie de pretendiente a ocupar un lugar de relevancia. Se junta con Espartanos y Troyanos, homenajea radicales y firma convenios que nunca se aplicarán pero que generan ciertos compromisos con otros municipios, como sucedió el miércoles cuando recibió a Lucas Ghi, el intendente de Morón.

¿Hay un lugar para que todas las tensiones y las manifiestas diferencias, producto de haberse traicionado tantas veces en el pasado, terminen germinando algo parecido a la unidad? Sólo la posibilidad de acceder al poder los puede aglutinar. Para eso el gobierno nacional debe seguir desbarrancándose de tal manera que nadie se anime a ser un cuentapropista financiado por La Libertad Avanza, justo a la inversa de lo que hizo el kirchnerismo para romper a Juntos por el Cambio en 2023.

LLA en retroceso

El oficialismo nacional está llenando su canasta de problemas. Javier Milei no toma nota de cómo se desfigura su gobierno producto de la guerra entre Santiago Caputo y Karina Milei. Culpan a los periodistas de espías, pero en la Casa Rosada sobran los que trabajan de chusmas oficialmente y cuentan todo a cuanto amigo tienen cerca. Algunos lucran con esa información, pero no son los trabajadores de prensa, precisamente.

Guillermo Francos, alguien a quien todos los días le llegan novedades de cómo le “serrucharon el piso”, ya decidió no volver a ser parte del oficialismo que, por otra parte, no lo llamará. Habla muy suelto, sigue siendo un canciller sin cargo, pero deja en claro que con él en la cima del poder esto, que tiene a Manuel Adorni como protagonista, no hubiera sucedido jamás. Francos hoy es multicandidato presidencial, a Jefe de Gobierno o a gobernador bonaerense por una derecha republicana.

Y esta es la nueva preocupación que tiene La Libertad Avanza en el principal distrito electoral del país, la Provincia de Buenos Aires, que volverá a desdoblar sus elecciones con respecto del cronograma presidencial. No sólo porque cualquiera que salga le restará votos a su único candidato a gobernador, sino que tampoco tiene ganas de acordar con el PRO, que está esperando que lo vayan a llamar.

Muchos concejales libertarios, acercados en 2023 por Massa y Kikuchi, hoy están como independientes sueltos o buscando nuevas orillas. Dante Gebel, otro outsider, tiró la red para que esos desorientados vayan con él. La convocatoria como las de este sábado, en Suipacha, no tendrá ni la euforia ni la alegría de otros encuentros del pasado reciente.

Ahora es todo forzado, con mucha bronca contenida porque nadie se siente parte del proyecto nacional. Los ediles distritales ya casi son “cuentapropistas” que deben combatir a los oficialismos de cada localidad con menos que un escarbadientes. Y, cuando miran hacia el Cielo, las fuerzas nunca están para brindar una mínima contención.