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Cuando te querés ilusionar y los muchachos no te dejan

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Por encima de la clasificación del equipo nacional de un deporte que nos gusta mucho para jugar la final de campeonato mundial, la noticia es otra: por un instante, todos estamos contentos al mismo tiempo por la misma razón.

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No importa si el otro es K o anti K, si es pro vida o pro choice, si es libertario o de izquierda, el penal de Messi entra en el arco croata y todos se encuentran en un mismo grito al unísono. Bueno, salvo por el delay que haya según por dónde lo estás viendo, que puede hacer que te sumes un toque después.

Da igual si ves en la tele al Gato Sylvestre o a Johnny Viale, si estás suscrito a Tiempo Argentino o recibís Clarín, si seguís en Twitter a Fernando Iglesias o a Artemio López: cuando Julián Álvarez arrastra todo a su paso y termina con la pelota dentro del arco, los puños se cierran igual, el festejo coincide en el tiempo, la alegría es compartida.

Y es exactamente lo mismo si creés que Mauricio Macri y Cristina Kirchner son los culpables de todos los males o la única razón de la esperanza de la Argentina. En el fucking momento de la apilada de Lio sobre la derecha que termina con el centro atrás y el segundo de Julián que sella el pase al partido decisivo del domingo, algo te corre por dentro y te hace salir al patio, al balcón, a la puerta o la plaza y gritarle a un desconocido un "vamos" con una sonrisa que no sabe de desconfianza.

Los orígenes

Sí, es una reacción súper irracional. Puede surgir de la represión de la homosexualidad, puede ser el reverso de la falta de educación última de un pueblo ignorante, tal vez sea el resultado de no haber leído a autores sobre los mecanismos atávicos del nuevo orden global o sencillamente seamos obedientes participantes de un circo del poder, como advierten los intelectuales más renombrados del planeta.

Sí, todo puede ser producto además de una emoción que tenga sus orígenes, andá a saber, en lo que te conecta con lo que eras de chico, en el recuerdo de tus padres, en la relación con tu familia, en el tiempo compartido con los hijos, o en esa sensación casi de historia de ficción donde alguien persigue un sueño y lo va consiguiendo y por eso genera empatía.

Sí, es una competencia que forma parte de un negocio recontra turbio. Desde la AFA hasta la FIFA, todos los organismos de este deporte están cubiertos por dirigentes impresentables que no pueden explicar ni sus fortunas, ni sus cargos ni mucho menos cómo se eligen las sedes para estos torneos, como en su momento se convino que fuera en Qatar en este 2022. De hecho, mientras la Argentina deslumbra con Gianni Infantino en el palco, caen autoridades del Parlamento Europeo en cana por haber recibido cometas del país organizador. Imaginate.

Y obvio que también desde que arrancó esta edición hay un campeonato de pelotudeces que te hacen querer pegarte un corchazo, porque la grieta más boba, diría Messi, todo lo trata de arruinar. Que si Macri es mufa o un conspirador que no quiere la alegría del pueblo. Que si la Selección es exitosa porque es meritócrata, con una competencia interna que favorece lo mejor, no como el país subsidiado que quieren los kukas. Que si Messi se plantó ante la Casa Rosada cuando le pidieron hacer alguna declaración política y le cantó las cuarenta a Alberto. Que si ahora que dijo "qué mirás bobo" se volvió "maradoniano", lo cual indicaría que como el Diego quería a Cristina entonces Lionel sería kirchnerista. Que si el 10 es "vulgar" porque cedió ante los reclamos de que se "argentinizara". Que "vulgar las pelotas", porque ahora demostró que es "pueblo" y que entonces es peronista. En fin. Falopa nivel Dios.

Todo eso forma parte del paisaje, totalmente. Pero la celebración del martes a la tarde noche es noticia porque ahí, escondido en nuestro autoengaño futbolero, hallamos un micromomento en el que en un país donde absolutamente todo queda dividido por dos, de golpe se generó una coincidencia: los distintos, los recontra opuestos, están contentos al mismo tiempo y por el mismo motivo. Cruje la matrix.

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No va a durar nada, seguro. En dos segundos Cristina tuitea sobre que va a recusar el juez Rabufetti en la causa de la pindonga por cómplice de Magnetto y Macri sale con que el populismo tiene la culpa de que el vecino te cante antes los goles y Parrilli dirá que Patricia Bullrich está detrás de Mbappé y ella le contestará que es chorro como el árbitro del partido con Países Bajos. Todo volverá a la normalidad al toque. Pero al menos lo de este ratito de felicidad compartida podría ser un pequeño recreo de la grieta. Hasta el domingo.

Energía positiva

Como un ensayito naive para la sobremesa: ¿te imaginás si pudiéramos canalizar esta energía para alguna otra cosa? Entendiendo las distintas formas de la conducta humana, sabiendo que existe lo mezquino, que obvio que están las ganas de todos de llegar al poder, que existe la ambición por la guita o la pulsión para imponerse y zafar de problemas como por ejemplo que te persiga la Justicia o te cobren impuestos sobre activos que no tenés declarados.

Pero ponele que tras casi 40 años de democracia se pudiera colar un "efecto Scaloneta" en algún acuerdo como para llevar la inflación a la baja, o desarrollar algunos sectores económicos que generen laburo por décadas mientras se plantea una política de Estado educativa que se traduzca en la formación de talento para ir sacando gente de la pobreza, gobierne quien gobierne. Sería como otra final del mundo.

Encima el momento del país es muy pre Scaloni en la Selección: te dicen que los recursos están, que tenemos todo para romperla, pero somos una colección de fracasos y pase quien pase por la conducción, sea más pro mercado o más pro Estado, nadie para el huevo: hay crisis cíclicas, hay más inflación y más pobreza.

La cosa -igual- es pura imaginería y ganas mientras no se detiene el scroll en redes y ya vamos por el video de Messi número 254. "Hoy la discusión es de qué lado explota la bomba", explica sin anestesia la analista Marina Dal Poggetto, para resumir lo poco edificante de la discusión de la política sobre el devenir de la economía, en un chupala infinito al sueño gil del "felices juntos".

El ministro de Economía, Sergio Massa, gana tiempo, trata de no devaluar, e intenta patear vencimientos de deuda en pesos hacia delante para llegar al 10 de diciembre de 2023 sin un quilombo groso. Llevándola.

La oposición, mientras, piensa si toca en algún momento el botón rojo. Si desliza que tal vez tenga que reestructurar los bonos que herede, puede gatillar una crisis ahora, que le empioje la previa electoral a la administración actual, como para llegar al Gobierno con el plafón de un lío bien sintomático que le permitiera aplicar un plan de shock.

En este caso, muchachos, ahora no nos volvemos a ilusionar.

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