Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
Jueves 4.1.2018
DÓLAR
/
MERVAL

¿Mejora la distribución del ingreso en la Argentina?

JAVIER LINDENBOIM Director del Ceped e investigador del Conicet

0

Imprimir

Imprimir

La manera en que la sociedad distribuye los ingresos y la riqueza suele ser la expresión de sus características dominantes (más igualitaria, más excluyente, más indiferente) aunque a veces sólo se percibe alguno de sus emergentes. Los últimos datos proporcionados por el Indec acerca de la situación de los ingresos monetarios de las personas y las familias son alentadores aun cuando las desigualdades persisten.

Un poquito de historia

Hace exactamente una década, el entonces ministro Martín Lousteau intentó enfrentar lo que por entonces era un problema incipiente pero relevante: el impacto fiscal de los crecientes subsidios. El rechazo de su propuesta fue reemplazada por la famosa Resolución 125, que al tiempo que construyó una trinchera social no resolvió la cuestión que venía a remediar. Los tímidos amagues posteriores por ajustar tarifas fueron sucesivamente quedando de lado con lo cual el único camino, habida cuenta de la falta de acceso a los mercados de crédito fue tomar deuda cara con Venezuela, primero, y acelerar la emisión y las tensiones inflacionarias, luego. Y ante la presión de la Justicia por terminar con la segregación de los jubilados que no cobraban la mínima se ideó un sistema de ajuste que no podía basarse en la preservación de la capacidad de compra de los ingresos porque se había roto el termómetro (el IPC). Para colmo la innovación fue falseada desde el inicio mismo generando alzas artificiales en los ingresos.

 

Afrontar este tipo de desequilibrios, incluyendo los sucesivos parches a la coparticipación de los ingresos fiscales, de los que se detrajeron 15% del impuesto a las ganancias en los 90 (con la privatización del sistema previsional) y no se restituyeron al reestatizarlo hace una década era y sigue siendo tarea prioritaria. Y discutir a fondo el modo de encararlo quedó otra vez para mejor ocasión. Ni la única manera de "resolver" la cuestión era manotear un trimestre de ajuste (el nudo de la discusión) ni lo mejor era dejar todo como estaba. Es decir, ni se fue a fondo en materia fiscal, y menos aún en materia previsional. Tampoco se estimó, hasta ahora, el impacto del reflujo de los fondos hacia la población más castigada por los índices de pobreza en el Área Metropolitana, cuyas condiciones desfavorables de vida se apunta a mejorar.

Debe decirse que el cambio de la fórmula de ajuste no requería, per sé, hurgar en el bolsillo de los perceptores para cubrir el bache fiscal producido por el acuerdo interprovincial. Si lo buscado era el ahorro debió haber sido expresado así con claridad. Y por separado debió explicarse el sentido último del cambio del mecanismo de ajuste trimestral así como la inconsistencia subsistente en el modo en que se lo aplicaba hasta ahora.

Probablemente el tercer trimestre de 2017 refleja parte de aquel "ventajoso" mecanismo que funcionaba mejor con el aumento nominal de la recaudación pero no aseguraba la preservación de la capacidad de compra de los ingresos cuando disminuye el ritmo inflacionario (es lo que, se supone, se garantizaría con el nuevo sistema).

Los datos sobre distribución personal del ingreso

Según el último informe del Indec el ingreso de la ocupación principal (IOP) aumentó cuatro puntos porcentuales respecto de igual trimestre de 2016. Los ingresos individuales (II) -que incluyen también ingresos no laborales- mejoraron ocho puntos porcentuales. Y los ingresos per cápita familiares (IpcF) crecieron, en términos reales, en torno de los diez puntos porcentuales en el último año. Esta variable es la que suele reflejar con cierta eficacia las oscilaciones de las transferencias realizadas a miembros de las familias (jubilaciones, pensiones y AUH).

 

Los antecedentes de estos últimos 15 años (en este caso se carece de los de 2007 y 2015) ilustran diversos aspectos de la realidad socioeconómica de la Argentina reciente.

Los datos por subperíodos corroboran lo ya conocido: el enorme impulso económico a la salida de la crisis, que elevó en términos reales los ingresos laborales en más del 20% y casi el 40% el per cápita familiar, consecuencia derivada ante todo de la multiplicación de puestos de trabajo al interior de las familias. Con posterioridad, declinan de modo notable tanto los ingresos individuales como el per cápita familiar pese a una leve mejora de los de la ocupación principal.

Luego la pérdida es generalizada (aunque podría mostrar algo diferente si contáramos con los datos de 2015; en cambio, deben utilizarse los de 2014, uno de los peores momentos de la segunda década del siglo XXI). Por último, en relación con 2014, el desempeño en 2017 muestra una mejora modesta (5%) de los ingresos de la ocupación principal, un crecimiento algo mayor en los ingresos individuales y una notable mejoría (más de 15 puntos porcentuales) de los ingresos familiares per cápita.

En comparación con el tercer trimestre de 2011, vísperas de la reelección de Cristina Fernández de Kirchner, los valores de igual trimestre de 2017 son un par de puntos menores para los ingresos laborales pero con mejoría de tres puntos porcentuales en los ingresos individuales y nueve puntos más arriba en los ingresos familiares. Es decir que si bien hubo un leve deterioro de los salarios reales en el sexenio, hubo mecanismos redistributivos que mejoraron la capacidad de compra de los ingresos familiares de manera sensible.

Como colofón puede anotarse que el Coeficiente de Gini -que mide la disparidad entre los perceptores- mostró, en el tercer trimestre de 2017 una caída de 0.45 a 0.43, es decir un mejoramiento en la distribución del ingreso.

Nada de esto excluye que los ingresos cubren en promedio una parte de las necesidades habituales y que alrededor de un tercio de la población sufre carencias tales que implican condiciones de pobreza. Los índices disponibles mostraron una fuerte disminución en los primeros años posteriores a la crisis de 2001-2002 seguidos de un estancamiento hasta 2011 y de allí en más un aumento de los indicadores de carencia hasta 2015. Más recientemente se empeoró la situación de pobreza en los tramos iniciales del gobierno de Cambiemos con un modesto mejoramiento en el último año.

Está por verse cuál será el efecto en los ingresos laborales y de los hogares derivado tanto de la tibia recuperación económica de 2017 y su eventual continuidad en este nuevo año así como del aminorado incremento de los ingresos de la seguridad social. En el marco de la notable dificultad para aminorar el ritmo inflacionario, sin embargo la información comentada del Indec permite alentar ciertas esperanzas pese a la difusión de los más duros pronósticos.