Generar empleo es promover equidad

Desde la La Riqueza de las Naciones narrada por Adam Smith, hasta la crítica profunda que despliega El Capital de Marx, los procesos político-económicos mundiales revelan una incapacidad colectiva para consolidar un escenario de desarrollo sustentable y equilibrado. Las crisis de los años noventa (México, Rusia, Brasil) las de 2002 y 2007, denotan aún economías mundiales sin rumbo ni dinámica predecible. Y exponen lo irresuelto: inequidad, marginalidad, ante la ausencia de empleo productivo sostenido.

Si el marxismo reprimió, asesinó y esclavizó para sostener sus ideas sobre una burocracia ineficiente y sin esperanza, su contracara fue otra injusticia: las libertades económicas que, sin regulación alguna, abrieron grietas mucho más graves aún que las que hoy percibimos en nuestra doméstica coyuntura.

En 1989 la caída del muro de Berlín ponía fin a un siglo de ostracismo, opresión y pobreza. Se vislumbraba otra vez, el ideal universal de libertad, igualdad y fraternidad; en el fondo; Prosperidad. Pero al promediar 2007, las transferencias de recursos y acumulación de capital que desde fines del siglo XX se volcaban a la renta sin industria y a un crecimiento ilusorio, comenzaron a revelar su artificialidad. Se habían reproducido dudosas cantidades y calidades de monedas que, sin reinversión, llevaron a las consabidas burbujas. El estallido mostró su versión más cruel, dinamitando el recurso humano per se: el trabajo. Sobrevinieron quiebras masivas y desempleo viral.

La falencia expuesta fue el olvido de fuentes generadoras claves, como la industria en alianza con los servicios y el campo. En nuestro país, las soluciones a este cuadro piden más democracia representativa, más federalismo y más provincias industrializadas. Una Ley de Coparticipación Federal de impuestos, que haga un país mejor articulado política y económicamente.

El capital debe generar, por una parte, renta para quien lo aporta, y por otra, destinarse a la actividad productiva, mediante controles eficientes de un Estado fuerte y presente. Necesitamos, además, una reforma impositiva que privilegie a los generadores de empleo industria, construcción, servicios de mano de obra intensiva con reducción de alícuotas a quienes agreguen valor. También, la eliminación de la duplicidad impositiva, devolución en tiempo y forma de todos los impuestos, reintegros a las exportaciones. Una reforma laboral que sin precarizar promueva el acceso al trabajo formal. Asimismo, poner en valor el parque energético, rutas, accesos, puentes, red ferroviaria, puertos, canalizaciones e hidrovías.

Por último es imprescindible establecer un estudio de los costos de la política y las jubilaciones de privilegio. Realizar un programa de promoción regional. Una reglamentación más favorable de la Ley Pyme, para generar un reemplazo progresivo de la planta burocrática estatal por empleo productivo y movilidad social ascendente.

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