El huracán político que pasó por Brasil: qué deja para Bolsonaro en 2021

El mes de noviembre ha sido como un huracán político en Brasil, que ha dejado rastros de destrucción a su paso que aún intentamos descifrar. Este mes pasado, nos trajo a nivel internacional la derrota de Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, una esperanza en el combate a la pandemia con cada vez más vacunas alistándose para su aplicación masiva en el 2021, y también la fuerte crítica ambiental internacional por los incendios en el Amazonas como eje de discursos, en Norteamérica como en Europa.

Ya a nivel local, las elecciones municipales dejaron al PT de Lula “derrotado , a los grandes partidos como el PSDB de Fernando Henrique Cardoso y al MDB de Michel Temer alicaídos con disminuciones significativas en las cantidad de municipios y población a gobernar frente al 2016, y por otro lado, se observó una revitalización de los partidos del llamado “Centrão , “la vieja política , partidos estos populistas y de centro derecha principalmente, con crecimientos expresivos como son el caso del DEM, ex PFL, al que pertenece Rodrigo Maia el actual presidente de la Cámara de Diputados; el PSB de Gilberto Kassab ex ministro de Bolsonaro y el Progresistas, ex PP, nieto de la Alianza Renovadora Nacional (ARENA) de la derecha de los 70, (muchos de ellos con largos expedientes en la Lava Jato).

Este cuadro se completa con nuevos aumentos de casos de Covid-19 por un lado y por un proceso muy dinámico de recuperación económica de Brasil que encuentra dos desafíos para el 2021; por un lado, el aún incierto futuro de los planes de ingreso de emergencia para casi 60 millones de brasileños donde el gobierno no logra una ecuación sustentable en términos fiscales y por otro la presión de la inflación que podría llevar a una revisión de la tasa Selic en el próximo trimestre impactando sobre la recuperación económica.

Sin embargo, en este cuadro falta una figura central en la política brasileña actual que es el presidente Bolsonaro y su estrategia política. Mucho se escribió en las últimas semanas sobre el impacto de este cuadro internacional y nacional sobre el gobierno de Brasil, pero lo que si queda claro, es que el gobierno brasileño se encuentra en el 2021 con un escenario distinto, que le exigirá cambios a nivel interno y externo. La pregunta es, cuán difícil será navegar ese escenario y que opciones parecen surgir a la vista en este nuevo tablero de ajedrez político.

Bolsonaro a simple vista parece haber sido uno de los grandes perdedores en las elecciones municipales si se observa el pobre resultado electoral de los pocos candidatos que tuvieron apoyo explícito del presidente, sin embargo, una mirada más detenida muestra algunos matices. En primer lugar, se observó una ligera caída en la imagen del presidente en medio a las elecciones, pero nada cercano a un derrumbe. Por otro lado, tampoco se lo vio al presidente realizando una campaña activa en las calles, pero principalmente, es muy difícil relacionar de manera directa el resultado de las elecciones municipales con las presidenciales, ya que esta correlación es baja si observamos los resultados de elecciones de los últimos años.

Lo que si podemos afirmar en el orden interno es que Bolsonaro necesita construir capacidad de articulación y territorio a través de un partido político sólido. Las elecciones municipales mostraron el mejor escenario para los partidos del “Centrão , siendo muchos de la base aliada del gobierno, donde tuvieron capilaridad y construyeron principalmente sobre un voto de centro derecho, que en las últimas elecciones voto a Bolsonaro.

Ya en el orden externo, el gobierno de Brasil en términos fácticos pierde con la derrota de Trump su pilar y marco discursivo ideológico estratégico en el escenario internacional (al menos de una facción del gobierno), lo que en consecuencia acelera una serie de conflictos que viene arrastrando Brasil con sus principales socios como Argentina, la Unión Europea y China. A la que podría sumarse en teoría la administración de Biden, luego de sus declaraciones sobre el Amazonas en su campaña y la respuesta del ejecutivo brasileño de no reconocer su victoria hasta el final del proceso electoral.

Brasil navegará aguas turbulentas en el 2021

Frente a esta situación, el gobierno brasileño deberá transitar un camino sinuoso y accidentado para poder recomponer una estrategia positiva de inserción internacional en el nuevo tablero internacional. Y al mismo tiempo, volver a negociar su estrategia de alianzas internas para seguir avanzando en la senda de reformas y recuperación económica.

En el frente interno, el crecimiento de los partidos como el DEM, PSB y Progresista, y el veto de la justicia a la decisión de Maia en Diputados y Alcolumbre en el Senado de volver a buscar su reelección a presidente de ambas cámaras, fortalece la capacidad de articulación política del ejecutivo que buscaba imponer un nombre propio, al tiempo que fortalece la imagen del Gral. Braga Neto, Jefe de la Casa Civil (jefe de Gabinete) por su construcción y articulación con dichos partidos de centro.

Pero el desafío aun será inmenso para negociar una agenda compleja de reformas y reducción de gastos que el ejecutivo deberá llevar adelante con un congreso más autónomo. Sin embargo, queda claro que, si se aceita aún mas el juego político entre el ejecutivo y su amplia base aliada con liderazgos distintos en ambas cámaras, las reformas van a avanzar, tal como estamos viendo, principalmente por el perfil de los liderazgos en el legislativo que son pro-mercado y pro reforma en su mayoría, al menos en términos discursivos, salvo la izquierda en retirada.

Ya en el frente externo, el cambio en el tablero internacional pondrá fuertes condicionamientos al actual canciller brasileño, Araujo muy alineado a Trump, y también al ministro Salles de medioambiente por el descontrol en el Amazonas.

Posiblemente, el presidente Bolsonaro lleve adelante estos cambios más entrado el 2021 para no mostrar debilidad, pero también por el debilitamiento del ala ideológica de extrema derecha del gobierno. Una nueva articulación entre la base aliada de centro derecha en el congreso que salió fortalecida de las elecciones municipales, un aumento de la preponderancia del ala militar dialoguista y una fuerte presión del sector agroindustrial para frenar los incendios por miedo a mayores represalias a sus exportaciones al mundo, deberían ser los factores fundamentales para una moderación en la política exterior de Bolsonaro.

Lo que sí es claro, es que en un entorno de bipolaridad entre China y Estados Unidos, con los cambios estratégicos que significan la creación del RCEP en Asia, Brasil posee nivel internacional capacidad de negociar una agenda atractiva con sus principales socios, como son la licitación del 5G en el 2021 o un relanzamiento de su estrategia medioambiental que pueden ayudar a solucionar con mayor celeridad las fricciones existentes.

Pese a todas las dificultades antes mencionadas, posiblemente el mayor desafío de Bolsonaro y su administración sea sobrevivir a una destrucción del PT de Lula, ya que como pudimos observar en las elecciones del 2018, el presidente de Brasil como fenómeno electoral se eligió como antítesis de la izquierda que representaba Lula y todos los escándalos de corrupción de la Lava Jato. Pero si esta situación en las elecciones municipales se confirma, y el PT deja de ser un fuerza central en la política brasileña, el discurso presidencial se queda sin un némesis, y con ello deberá girar al centro para encontrar su oportunidad de reelección en el 2022.

Como vimos en el pasado, los acuerdos políticos amplios son la regla en la política brasileña. Lo vimos con Lula, que para gobernar necesitó de un vice de perfil conservador y evangélico como Alencar del PL; o a Fernando Henrique que para construir los acuerdos amplios que fundaron el Plan Real, necesito incorporar como vicepresidente a Marco Maciel, hombre fuerte del PFL (hoy DEM) de la derecha brasileña; y hasta Dilma con su vicepresidente Temer del MDB perteneciente al Centrão populista de centro derecha.

Las señales del próximo año son claras, habrá que ver si el gobierno brasileño, y principalmente Bolsonaro logra cicatrizar sus heridas, para adaptarse a la nueva realidad imperante para reclamar un nuevo mandato.

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