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Dólar, devaluación, precios y consumo: matando el peso, no la rabia

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ANDRÉS FERRARI HAINES

Profesor UFRGS (Brasil)

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Dólar, devaluación, precios y consumo: matando el peso, no la rabia

La angustia que vive la sociedad argentina por las variaciones del dólar tiene una simple explicación: no aceptar una devaluación del peso. La causa de este rechazo, también, tiene una simple explicación: no agrada. Ahora, detrás de la razón del desagrado de una devaluación se encuentran dos ideas equivocadas que han llegado a convertirse en encantamientos:

1) que se puede mantener la actual relación en dólares de los ingresos en pesos;         

2) preservar una relación peso-dólar garantiza preservar la capacidad de poder de compra en dólares.

La primera cuestión se refiere a la equivalencia actual –y de la última década– de la cantidad de dólares de los ingresos en pesos de la mayor parte de los argentinos. Esto ha sido posible por una fantasía total explicada básicamente por un creciente, y explosivo, endeudamiento externo. En pocas palabras, a menos que aparezca un demandante de exportaciones argentinas en gran escala, simplemente, no es sostenible.

La segunda cuestión trata de que, aún si la relación actual peso-dólar fuese la correcta, “de equilibro”, con el tiempo no es sostenible sin una obtención económicamente genuina (saldo comercial) de dólares. Caso contrario, los ingresos denominados en dólares irán a caer con cualquier política cambiaria, sistema de convertibilidad legal (como en los ’90) o dolarización plena y directa. Creer lo contrario es otra fantasía.

Tipo de cambio y balance de pagos

El tipo de cambio constituye la relación entre el valor de las monedas de dos países. Se identifican en la discusión económica varios factores que lo determinan. Lo que es claro es que no se determina a voluntad, sino que es el reflejo de las economías detrás de sus respectivas monedas. Una evidencia insoslayable en relación a la compatibilidad del tipo de cambio es el resultado del balance de pagos –es decir, el registro de todas las transacciones de un país con el exterior– durante un cierto período.

El tipo de cambio refleja las economías detrás de las monedas

Entre 1994 y 2015, el saldo de los resultados del balance de pagos ha sido positivo en u$s 10.300 millones. La actual gestión aumentó el nivel de reservas internacionales desde unos u$s 25.500 millones a u$s 64.000 millones entre enero de 2016 y enero de 2018, pero aumentando 30-35% la deuda externa total en dos años.

De esta forma, lo significativo del último cuarto de siglo es el tremendo endeudamiento externo que saltó de casi u$s  84.000 millones en 1994 para u$s 318.000 millones en 2017. Es decir, sin el endeudamiento, el resultado del balance de pagos sería fuertemente negativo y esas fiestas de elevado poder de consumo internacional, no hubieran sido posibles.

Es decir: el endeudamiento externo evitó ajustarse a la realidad del balance de pagos. Se hizo simplemente porque no agradan los efectos de hacer el ajuste.

Deuda, reestucturaciones  y coyunturas excepcionales

Conceptualmente, el dato es aún más grave porque está “ayudado” por los beneficios de la reestructuración de la deuda mediante el Plan Brady de 1992, los ingresos de las mega-privatizaciones de los 90, el fabuloso canje de 2005 que redujo considerablemente el monto de la deuda externa y por los años de ingresos altísimos por exportaciones ante el boom de precios y demandas de commodities que permitieron acumular u$s  31.000 millones en reservas entre 2004-07.

Es decir, ya sea por endeudamiento, por políticas y coyunturas excepcionales, la Argentina ha recibido una cantidad de dólares muy por encima de su capacidad secular genuina en obtenerlos. Mientras la suma de las exportaciones 1994-2015 ha sido u$s 981.000 millones, se ha importado en ese período por u$s 804.000 millones. Adicionalmente, se ha tenido un déficit por turismo externo de más de u$s 16.000 millones.

Ya sea por endeudamiento, por políticas y coyunturas excepcionales, la Argentina ha recibido una cantidad de dólares muy por encima de su capacidad secular genuina en obtenerlos.

El cuadro es claro: sólo cuando no se puede por tener un marco recesivo es que los argentinos no gastan en el exterior. Esto ha sido así bajo todos los gobiernos de ese período.

Apreciación artificial

Debería resultar evidente que estas pautas de consumo son una fantasía. Económicamente, se viabilizaron porque hubo una entrada de dólares brutal e insostenible que tuvo el efecto de hacer que el peso valiese, artificialmente, muchísimo más en relación al dólar de lo que debería valer en condiciones normales.

Apreciar artificialmente el peso, la moneda nacional, hace que esos gastos se tornen accesibles. Sin estos mecanismos quiméricos, el peso pierde valor y esa pauta de consumo se hace inalcanzable o muchísimo más costosa –como les pasó a los hinchas argentinos en Rusia rogando ‘Qué baje el dólar, la…”.

Por otro lado, el peso apreciado artificialmente, también, significó que esas pautas de consumo artificiales fueran erosionando el consumo destinado a absorber la producción local –porque se gasta en el exterior, porque gustan más o son más baratas las importaciones– generando cierre de empresas y elevando el desempleo local.

La idiosincrasia nacional en torno al “dólar barato” muestra que la Argentina quiere un lado de la moneda –pauta de consumo externo elevado– pero no el otro: recesión y desempleo.

Así, la primera explicación de por qué el dólar sube es tremendamente simple: porque debe subir; porque nunca debió haber bajado tanto.

Dólar e inflación

Si se aceptara eso, el dólar subiría, pero no tendría esta variabilidad violenta actual. Ésta resulta de forzar el deseo de mantener la pauta de consumo artificial pujando –cada sector- por aumentar los ingresos en moneda nacional para acompañar el aumento del dólar. Es decir, la inflación. Esta insistencia genera una relación que por fuerza de costumbre pasó a creerse como ‘verdad económica’: “La suba del dólar es inflacionaria”.

Que una devaluación tenga impacto en el nivel de precios internos es parte de la teoría económica porque algunas de las importaciones se consideran imprescindibles –ya sea porque son necesarias para la actividad productiva local, ya sea porque son imprescindibles por razones de causa mayor pero no son producidas domésticamente. También afecta el precio interno de los bienes que se exportan. Pero de ninguna manera significa que esa inflación será tal como para mantener casi inalterada la relación moneda nacional (peso)-divisa (dólar).

Por ejemplo, en Brasil el dólar pasó de valor 1,65 a 3,32 reales (101%) entre 2011 y 2017, pero la inflación acumulada en ese periodo fue de 46%. En Argentina el dólar pasó de un valor de 4,01 a 18,85 pesos (370%) entre 2011 y 2017, pero la inflación acumulada en ese periodo fue de cerca de 350-370% (aunque según el sitio https://calculadoradeinflacion.com/ sería 447%).

Por lo tanto, la relación nivel de tipo de cambio-tasa de inflación como se da en la Argentina solamente refleja una característica nacional. Si una devaluación derivase en una inflación equivalente, no tendría sentido que existiese el concepto de devaluación porque nunca sería posible verificar su existencia en la práctica.

Si una devaluación derivase en una inflación equivalente, no tendría sentido que existiese el concepto de devaluación.

Es común que se justifique esa conducta porque no es creíble la moneda nacional. Es decir, por ser la única manera de preservar el valor de lo que se tiene. Pero esa postura no puede explicar el deseo de mantener un nivel de consumo pautado en poder de compra internacional.

La falacia de "subió el dólar"

El problema en Argentina no es sólo el nivel del tipo de cambio, sino las expectativas de consumo que conlleva gastar dólares en gran cantidad afuera del país. Esto hace que se confunda el nivel del dólar con su variabilidad.

En contrapartida, la variabilidad del dólar no significa un cambio de su valor. La expresión común “subió el dólar” no corresponde a la realidad de estos años dado que la suba inflacionaria ha mantenido bastante su nivel.

Esta simple diferencia es lo que se denomina nivel nominal y nivel real del tipo de cambio. Es el segundo que determina las relaciones externas del país.

La suba del tipo de cambio real actual más o menos recuperó la caída que tuvo desde mediados de 2016 –que, a su vez, no alcanzó a recuperar la apreciación continua que sufrió desde 2014. El valor del dólar más alto de 2014 no recuperó la apreciación del peso que comenzó en 2010 –que tampoco llegó a compensar la caída desde 2008…

Es decir, en la última década el tipo de cambio real se ha mantenido fuertemente apreciado y ha variado relativamente poco. Lo que varió fue el tipo de cambio nominal cuyos efectos reales han sido prácticamente anulados por la inflación.

El peso en extinción

Está claro que, si la Argentina sigue manteniendo esta relación con el dólar, va induciendo la desaparición del peso.

No es casual que en la revista Forbes, Steve Hanke haya vuelto a proponer que Argentina deseche su moneda y se dolarice (https://www.forbes.com/sites/stevehanke/2018/06/29/argentina-should-scrap-the-peso-and-dollarize/#6046061c393e). Vuelto a proponer porque, como él mismo explica, en la época de la convertibilidad –cuando el Fondo Monetario Internacional paseaba a Domingo Cavallo por el mundo para que otros adopten el modelo exitoso argentino– Hanke recurrentemente aparecía en nuestros medios sugiriendo la dolarización para el país.

En esos años, las encuestas mostraban un fortísimo rechazo a la propuesta de dolarización. Pero, curiosamente, manifestaban igual adhesión a la convertibilidad y al ‘1 a 1’ –como quedó reflejado en la victoria electoral presidencial de De la Rúa en 1999. Esto es curioso porque en cuanto dinámica económica, no son muy diferentes.

Exministro Domingo Cavallo

Pero Hanke tiene razón al decir que decisiones como la convertibilidad o ahorro en dólares en el sistema financiero doméstico significa, de hecho, una dolarización de la economía –sin hacerse cargo.

Es decir, si no se acepta que el dólar debe subir y discutir después las demás cuestiones de la economía argentina, el camino conduce a la muerte del peso. Sólo así se logrará el propósito del dólar ‘estable’.

Si no se acepta que el dólar debe subir y discutir después las demás cuestiones de la economía argentina, el camino conduce a la muerte del peso.

Aunque –de ahí en más– el objetivo de haber preservado poder de compra en dólares y pauta de consumo externo se revelará como lo que es: una fantasía.

Dolarizarse no resolverá las pujas, conflictos, peleas, etc. por mantener niveles y pautas de consumo internacionales que son inalcanzables para la economía argentina. Verde aún -en recesión y con desempleo creciente , madurará –o no– el destino de la Argentina.

Así, sólo el peso habrá muerto; la rabia seguirá viva.

*Agradezco la colaboración de Hernán Neyra

Comentarios3
Adolfo Marin
Adolfo Marin 18/07/2018 06:00:18

Muy buen análisis y conclusión del panorama argentino.

Laembarre Hornos de Barro
Laembarre Hornos de Barro 18/07/2018 04:51:49

excelente !

Liliana Risuleo
Liliana Risuleo 18/07/2018 03:01:47

La primera buena explicación de por qué sube el dólar en otros países y no implica inflación. Agradezco concienzudo análisis Felicitaciones

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