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Cocinar un huevo duro parece una de las tareas más sencillas de la cocina. Sin embargo, un pequeño detalle puede hacer que la cáscara se agriete apenas entra en contacto con el agua, la diferencia de temperatura.

Esto puede ocurrir cuando un huevo recién sacado de la heladera se introduce directamente en una olla con agua hirviendo. El cambio repentino de frío a calor provoca una rápida expansión de los materiales y puede favorecer la aparición de grietas en la cáscara.

Por esta razón, cuando los huevos están muy fríos, comenzar la cocción con agua fría o templada permite que aumenten su temperatura progresivamente y disminuye el riesgo de que se rompan durante el proceso.

¿Qué pasa si se ponen huevos fríos directamente en agua hirviendo?

La cáscara del huevo es rígida pero frágil. Al pasar rápidamente de la temperatura de la heladera a unos 100 °C, aproximadamente la temperatura de ebullición del agua al nivel del mar, se produce un cambio térmico considerable.

Las distintas partes del huevo comienzan a calentarse y expandirse rápidamente. Si la cáscara presenta pequeñas fisuras o zonas debilitadas, esta variación puede facilitar que se agriete o directamente se rompa.

Cuando esto sucede, parte de la clara puede escapar hacia el agua durante la cocción. El huevo sigue siendo cocinable, pero su aspecto y textura pueden verse afectados.

El riesgo puede aumentar todavía más si el huevo se deja caer dentro de la olla y golpea el fondo o los laterales.

¿Es mejor comenzar a cocinar los huevos con agua fría?

Para reducir el cambio brusco de temperatura, una alternativa sencilla consiste en colocar los huevos en una olla con agua fría y calentarlos juntos.

Poner los huevos fríos en agua hirviendo o en agua fría: cuál es la temperatura correcta y por qué recomiendan hacerlo solo de una forma
Poner los huevos fríos en agua hirviendo o en agua fría: cuál es la temperatura correcta y por qué recomiendan hacerlo solo de una formaShutterstock

De esta manera, tanto el agua como los huevos aumentan su temperatura progresivamente hasta alcanzar el punto de ebullición. Esto disminuye el contraste térmico al que queda expuesta la cáscara.

El procedimiento puede realizarse de la siguiente manera:

  1. Colocar los huevos en el fondo de una olla, sin amontonarlos.
  2. Cubrirlos completamente con agua fría.
  3. Llevar la olla al fuego.
  4. Una vez alcanzado el punto de cocción deseado, retirar los huevos.
  5. Pasarlos a un recipiente con agua fría para detener la cocción.

No obstante, introducir los huevos directamente en agua caliente también es un método utilizado y permite controlar con mayor precisión el tiempo de cocción. En ese caso, conviene evitar un contraste extremo dejando que los huevos pierdan parte del frío de la heladera y colocándolos cuidadosamente con una cuchara.

El error que puede hacer que la cáscara se rompa

Más que el agua hirviendo por sí sola, el problema está en combinar un huevo muy frío con un cambio de temperatura repentino.

Además, existen otros factores que pueden provocar roturas, como pequeñas grietas previas, golpes contra la olla o introducir el huevo bruscamente en el agua.

Por eso, si los huevos acaban de salir de la heladera y se busca minimizar el riesgo de rotura, calentarlos progresivamente desde agua fría es una de las opciones más sencillas.