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Hay una Mar del Plata que empieza donde termina la postal del mar. No tiene playas ni edificios frente a la costa. En cambio, aparecen caminos rurales, bosques, lomadas y una laguna rodeada de naturaleza donde el ritmo parece cambiar por completo.
A pocos kilómetros del centro, Laguna y Sierra de los Padres permiten descubrir esa otra geografía marplatense. El recorrido reúne actividades al aire libre, historia, gastronomía y producción regional y, a diferencia de los planes tradicionalmente asociados con la ciudad, tiene un atractivo que se extiende durante todo el año.

La puerta de entrada puede ser la Reserva Integral Laguna de los Padres, cuyo acceso principal se encuentra a la altura del kilómetro 12 de la Ruta Nacional 226. Desde allí, el itinerario avanza entre el agua y las sierras hasta llegar a uno de los paisajes más característicos del partido de General Pueyrredon.
Una laguna para bajar el ritmo
El agua marca la primera parte del recorrido. La Laguna de los Padres es uno de los lugares elegidos para la pesca de pejerrey, tanto desde la costa como embarcado, y en la zona se pueden alquilar botes, cañas y equipamiento.
Pero no hace falta ser pescador para encontrar un plan.
Las aguas tranquilas permiten practicar remo, canotaje y windsurf. Alrededor, los espacios recreativos y de camping invitan a extender la visita durante varias horas.
También existe una versión mucho más simple del paseo: caminar o andar en bicicleta junto al espejo de agua, organizar un picnic, tomar mate o detenerse a observar el paisaje entre araucarias y aves.

Ese carácter versátil es parte del atractivo del lugar. La experiencia puede cambiar según quién la visite y no exige necesariamente una agenda cargada de actividades.
El inesperado vínculo con el Martín Fierro
Entre naturaleza y actividades al aire libre, el recorrido guarda además una parte menos conocida de la historia regional.
Muy cerca de la laguna se encuentra la Reducción Nuestra Señora del Pilar, réplica del primer asentamiento jesuita de la zona. También está allí el Museo Municipal José Hernández, que funciona en un antiguo casco de estancia y conserva objetos, documentos y construcciones vinculados con la vida rural.

El galpón de esquila, el bañadero de ganado, las antiguas dependencias de trabajo y la vivienda principal permiten reconstruir parte de ese pasado.
Pero hay un dato que le agrega otra dimensión al lugar: historiadores marplatenses sostienen que José Hernández vivió durante algunos años allí y encontró inspiración para parte de la obra que más tarde daría vida al Martín Fierro.
El paisaje, de esta manera, deja de ser solamente escenario. También permite acercarse a las raíces rurales de la región y a un capítulo vinculado con uno de los grandes clásicos de la literatura argentina.
El camino hacia la sierra cambia nuevamente el paisaje
La escapada continúa por la Ruta 226. A la altura del kilómetro 16, el camino Padre Luis Varetto conduce hacia Sierra de los Padres.
El trayecto anticipa lo que vendrá después. Entre valles y lomadas aparecen restaurantes, parrillas, campings y puestos que venden miel, quesos, embutidos y mermeladas.

A esa oferta se suman frutas, verduras y hortalizas provenientes del Cordón Frutihortícola de General Pueyrredon, una de las expresiones productivas que atraviesan esta zona y que incorporan otro atractivo al recorrido.
Así, antes de llegar a lo alto de la sierra, el viaje ya propone distintas paradas y una aproximación a los sabores y productos locales.
Una vez en Sierra de los Padres, los centros comerciales y gastronómicos permiten continuar ese recorrido, probar cocina regional, comprar artesanías o simplemente hacer una pausa antes de seguir camino hacia la parte más alta.
Qué ver en lo alto de Sierra de los Padres
A medida que se asciende, las vistas ganan protagonismo. En la parte superior aparecen chalets rodeados de grandes parques y un mirador panorámico desde el cual se despliega el paisaje serrano.
También se encuentra allí el Sierra de los Padres Golf Club, cuyo campo de 18 hoyos ocupa un predio de 40 hectáreas.
La propia geografía determina las características de la cancha: al estar construida sobre las estribaciones de la sierra, presenta fairways angostos, abundante forestación y terrenos que se desarrollan, en buena medida, sobre planos inclinados.
En el mismo sector está uno de los sitios más tradicionales de Sierra de los Padres: la Gruta de los Pañuelos.

El camino avanza entre piedras y formaciones rocosas hasta llegar a la imagen de la Virgen de Luján. Allí se mantiene una costumbre que atravesó generaciones de visitantes: dejar un pañuelo como agradecimiento o como expresión de un deseo.
El paseo de artesanos completa esta parte del circuito.
Desde escalada hasta un vuelo sobre las sierras
Para quienes prefieren sumar movimiento, las alternativas van bastante más allá de una caminata.
En la zona existen establecimientos preparados para pasar el día en familia, con piletas, fogones, juegos infantiles y canchas deportivas, además de propuestas menos convencionales como laberintos naturales, muros de escalada, arquería y metegol humano.
Y hay una experiencia que cambia por completo la perspectiva del paisaje: volar en parapente sobre las sierras y la laguna.
Los vuelos de bautismo pueden realizarse sin conocimientos previos y junto a instructores. Desde el aire, la geografía que articula todo el recorrido —el agua, las ondulaciones serranas y el verde— se observa desde otro ángulo.
Una escapada que muestra otra cara de Mar del Plata
En pocos kilómetros, el paisaje permite pasar de la quietud de una laguna a los caminos serranos; de un museo que recupera el pasado rural a puestos con productos de la zona; de una ronda de mates frente al agua a un vuelo en parapente.

Esa combinación es, precisamente, lo que distingue a Laguna y Sierra de los Padres.
Porque más allá de las playas y de la temporada de verano, el recorrido muestra una Mar del Plata diferente: más serrana, rural y vinculada con la naturaleza, capaz de convertirse en una escapada por sí misma en cualquier momento del año.

