
- ¿Qué cambió en este nuevo ciclo cripto?
- Ripio y el giro hacia el modelo B2B2C
- ¿Por qué las stablecoins locales pueden cambiar la forma de mover dinero?
- ¿Las stablecoins compiten con los bancos?
- Regulación cripto: de amenaza a condición de crecimiento
- ¿Qué oportunidades abre la tokenización de activos tradicionales?
- Argentina, talento cripto y adopción temprana
- ¿Cómo será el futuro cripto para el usuario final?
Durante mucho tiempo, hablar de criptomonedas fue hablar de precio, volatilidad y ciclos de euforia. Bitcoin subía, el mercado celebraba; Bitcoin caía, la industria volvía a quedar bajo sospecha. Pero en los últimos años algo empezó a cambiar en silencio: las empresas dejaron de mirar a cripto solo como una apuesta financiera y comenzaron a observarlo como una infraestructura posible para mover dinero, liquidar operaciones, administrar tesorerías y construir nuevos servicios.
En ese punto de inflexión se encuentra Ripio, la compañía fundada por Sebastián Serrano, que cumple 13 años liderando el ecosistema cripto de la región. Nacida cuando Bitcoin todavía era una rareza para entusiastas y desarrolladores, la empresa atraviesa hoy una nueva etapa: ya no busca únicamente acercar activos digitales al usuario final, sino convertirse en uno de los rieles tecnológicos sobre los que bancos, fintechs, brokers y otras compañías financieras construyen su propia oferta.
“Hace unos años las empresas se preguntaban si tenían que comprar cripto; hoy se preguntan qué pueden hacer con esta tecnología dentro de su propio negocio”, resume Serrano, CEO y cofundador de Ripio.
La frase marca un desplazamiento decisivo. La conversación, dice, dejó de estar concentrada en la mesa de trading y pasó a los equipos de producto, finanzas y estrategia. En otras palabras: cripto dejó de ser solamente un activo para convertirse en una herramienta de negocio.
¿Qué cambió en este nuevo ciclo cripto?
El mercado cripto no es el mismo que en 2021. Aquel ciclo estuvo marcado por la liquidez global, las tasas bajas y una fuerte entrada de inversores minoristas que buscaban rendimiento en un contexto de dinero barato. Después llegó la corrección: la suba de tasas, la caída de proyectos frágiles y el golpe reputacional que dejaron casos como Terra, Celsius y FTX.
Para Serrano, la diferencia de fondo es que el ciclo actual se apoya sobre bases más maduras. La aprobación de los ETF de Bitcoin, el ingreso de fondos e instituciones, el avance regulatorio y el uso real de stablecoins en pagos y liquidaciones modificaron la naturaleza de la adopción.
“Ahora, aunque el precio de Bitcoin baje, la adopción y los casos de uso de cripto y blockchain como herramienta siguen creciendo. Por eso pensamos que, a la larga, gana cripto”, sostiene.
Ese cambio también redefine el lugar de las empresas. Ya no se trata solo de comprar Bitcoin como reserva de valor, aunque esa tendencia empieza a crecer en balances corporativos, sino de incorporar tecnología blockchain para resolver operaciones concretas: pagos transfronterizos, cobros, tesorería multimoneda, tokenización de activos e integración con servicios financieros tradicionales.
Ripio y el giro hacia el modelo B2B2C
La evolución de Ripio acompaña ese movimiento. La compañía conserva su ecosistema retail —wallet, tarjeta y servicios para usuarios finales—, pero el corazón del crecimiento está hoy en su vertical corporativa.
El modelo es B2B2C: Ripio provee la infraestructura para que otras empresas puedan ofrecer servicios cripto a sus propios clientes, sin tener que construir desde cero la tecnología, la custodia, el compliance, la liquidez y las rampas de entrada y salida entre moneda local y activos digitales.
“Ya hicimos la parte difícil de este negocio”, afirma Serrano. “Después de más de una década operando, construimos lo más complejo: custodia, compliance, integración con bancos, rampas de entrada y salida entre cripto y moneda local”.
Ese recorrido se traduce en escala. Ripio tiene cerca de 7 millones de usuarios directos en la región, pero su alcance supera los 28 millones de personas cuando se suma la base que opera a través de integraciones con partners como Mercado Libre, InvertirOnline y World App. Según la compañía, su vertical B2B creció 100 veces entre 2024 y 2025.
El dato es más que una cifra de expansión: muestra hacia dónde se mueve el negocio. En una industria donde muchas aplicaciones compiten por la relación directa con el usuario, Ripio busca ocupar un lugar menos visible pero más estructural: ser la capa de infraestructura que permite que cripto funcione dentro de plataformas financieras ya existentes.
¿Por qué las stablecoins locales pueden cambiar la forma de mover dinero?
Uno de los movimientos más recientes de Ripio es el lanzamiento de una familia de stablecoins atadas a monedas latinoamericanas: peso argentino, real brasileño, peso mexicano, peso colombiano, peso chileno y sol peruano.
La apuesta apunta a resolver una tensión central del ecosistema regional. América Latina utiliza cada vez más stablecoins, pero la mayor parte del volumen está concentrada en activos dolarizados como USDT y USDC. Esa solución resulta eficiente para dolarizarse, transferir valor o liquidar operaciones internacionales, pero no siempre alcanza para la economía cotidiana.
Porque en la región la vida diaria ocurre en moneda local. Los alquileres, los sueldos, los impuestos, el supermercado, los servicios y buena parte de los pagos comerciales siguen expresados en pesos, reales o soles.
“Para mover plata on-chain en la región, primero hay que pasar por el dólar, y volver a la moneda local significa fricción, costos y demora cada vez”, explica Serrano.
Las stablecoins locales buscan cerrar esa brecha. Bajo la familia wFIAT, Ripio propone mover, pagar y cobrar en monedas locales sobre blockchain, con liquidación inmediata y disponibilidad 24/7, sin depender necesariamente del circuito bancario tradicional ni de conversiones permanentes al dólar.
“wFIAT viene a llenar ese espacio. Son stablecoins de monedas locales para mover, pagar y cobrar en la moneda que la gente y las empresas usan todos los días, on-chain, al instante y sin pasar por el dólar”, señala el ejecutivo.
Para una empresa que opera en varios países, la posibilidad de administrar una tesorería multimoneda on-chain puede convertirse en una herramienta de eficiencia. Para un usuario, significa acceder a dinero digital en su propia moneda y, eventualmente, interactuar con protocolos DeFi sin tener que dolarizar cada operación.
¿Las stablecoins compiten con los bancos?
La pregunta aparece inevitablemente: si una stablecoin local permite mover dinero al instante, sin horarios bancarios y desde un teléfono, ¿compite con el sistema financiero tradicional?
Serrano no lo plantea como una batalla. Para él, el cambio relevante no es “banco contra cripto”, sino la integración progresiva de la tecnología blockchain dentro de la oferta financiera existente.
“Cripto dejó de ser el supuesto enemigo de los bancos: hoy blockchain y las stablecoins están muy integradas al sistema financiero tradicional. Grandes bancos, fintechs y hasta gobiernos ya operan con esta tecnología”, sostiene.
La diferencia, agrega, está en lo que permite hacer una moneda local cuando se vuelve programable y circula sobre blockchain: transferencias 24/7, pagos transfronterizos, acceso desde teléfonos móviles y posibilidades de rendimiento en protocolos descentralizados.
“Más que el banco contra la stablecoin, lo que está pasando es que el sistema financiero entero empieza a correr sobre estos rieles, con los bancos y las fintechs sumándolos a su propia oferta”, afirma.
Regulación cripto: de amenaza a condición de crecimiento
Otro de los grandes cambios de época es la relación entre cripto y regulación. Durante los primeros años, buena parte de la industria veía las reglas como una amenaza. Hoy, en cambio, la regulación funciona como una condición para escalar, especialmente cuando entran en juego bancos, empresas e inversores institucionales.
“Cambió quién está del otro lado de la mesa”, plantea Serrano. “A medida que entraron los bancos, las fintechs y los grandes inversores, las reglas claras pasaron a ser una condición para jugar, no un obstáculo”.
La crisis de 2022 fue un punto de quiebre. Los colapsos de grandes jugadores internacionales dejaron una lección para el mercado: sin trazabilidad, custodia robusta, auditorías y cumplimiento normativo, la adopción institucional encuentra un límite.
“Después de eso, la regulación dejó de verse como una carga y pasó a ser sinónimo de legitimidad: es lo que permite que cripto se integre con la economía real y lo que separa a los proyectos serios de los que no lo son”, agrega.
Ripio opera con licencia PSAV en Argentina, MSB en Estados Unidos y cuenta con licencias en todos los países donde opera y que la misma es requerida. Además cuenta con certificaciones SOC 1 y SOC 2 Tipo II. Para la compañía, ese recorrido regulatorio no es un trámite accesorio, sino una de las bases de su posicionamiento frente a clientes corporativos.
¿Qué oportunidades abre la tokenización de activos tradicionales?
En Argentina, uno de los avances más relevantes fue el nuevo marco de tokenización impulsado por la Comisión Nacional de Valores. Ripio participó de ese proceso con la tokenización del bono soberano AL 30, uno de los casos emblemáticos de innovación regulada en el país.
Para Serrano, la tokenización abre la puerta a que activos tradicionales —bonos, fondos, instrumentos financieros— empiecen a operar con una lógica más cercana a la de cripto: abierta, fraccionable, programable y disponible más allá de los horarios tradicionales del mercado.
“Hoy comprar un bono o un fondo sigue siendo tan engorroso como hace veinte años, con horarios, intermediarios y montos mínimos. Tokenizado, ese mismo activo se puede comprar en fracciones, desde el teléfono, las 24 horas, igual que se compra una stablecoin”, explica.
La oportunidad no está solo en digitalizar activos existentes, sino en conectarlos con nuevas capas de uso. Un bono tokenizado puede liquidarse con mayor velocidad, pagar rendimientos en forma automática o utilizarse como garantía dentro de ecosistemas DeFi.
“La tokenización no inventa activos nuevos; agarra los que ya existen y los hace funcionar mejor”, sintetiza Serrano.
Argentina, talento cripto y adopción temprana
La Argentina ocupa un lugar particular dentro del mapa regional. La inflación, la volatilidad cambiaria y las restricciones históricas para acceder a moneda dura aceleraron la adopción de herramientas digitales de resguardo y transferencia de valor.
Pero Serrano advierte que la explicación no es solo macroeconómica. También existe una comunidad local de desarrolladores, emprendedores y usuarios que empujó la innovación desde etapas tempranas.
“En Argentina la adopción y el talento siempre estuvieron, y ahora la regulación empieza a ponerse a tono”, afirma.
Ese cruce entre necesidad económica, capacidad técnica y apertura regulatoria convierte al país en un laboratorio natural para nuevos usos de blockchain. Desde las stablecoins hasta la tokenización de activos tradicionales, la región empieza a ensayar modelos que podrían escalar hacia otros mercados.
¿Cómo será el futuro cripto para el usuario final?
A pesar del crecimiento del ecosistema, Serrano cree que el futuro de cripto no dependerá de que todos los usuarios aprendan conceptos técnicos. Al contrario: la adopción masiva llegará cuando la tecnología desaparezca detrás de experiencias simples.
“Millones de personas usan cripto sin saberlo, a través de apps que ya conocen y en las que confían, sin tener que entender de wallets, frases de seguridad ni redes”, sostiene.
La comparación es cotidiana. Nadie necesita comprender los protocolos que hacen funcionar un correo electrónico para enviar un mensaje, ni conocer la arquitectura de pagos detrás de una tarjeta para usarla en un comercio. Con blockchain, afirma, ocurrirá algo similar.
“Cripto va para ese lado, a volverse una infraestructura invisible”, concluye.
En esa transición, Ripio busca ocupar un lugar estratégico: no solo como marca visible para usuarios finales, sino como proveedor de la tecnología que permite que bancos, fintechs, brokers y empresas incorporen activos digitales sin fricción.
Trece años después de su fundación, la compañía ingresa en una etapa en la que la pregunta ya no parece ser si cripto tendrá un lugar en la economía real, sino qué tan rápido sus rieles empezarán a sostener operaciones que, para millones de personas, simplemente funcionarán.

