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Durante décadas, la presencia de las marcas en la música estuvo asociada casi exclusivamente al patrocinio de recitales o festivales. Sin embargo, ese modelo comenzó a transformarse. En la actualidad, la participación empresarial se expande hacia la producción de contenidos, el desarrollo de experiencias y el acompañamiento de proyectos que buscan fortalecer a toda la industria cultural.

El cambio responde a una lógica cada vez más presente dentro de la economía creativa: entender que la música no solo genera entretenimiento, sino también empleo, innovación, identidad y proyección internacional. En ese escenario, la inversión privada adquiere un papel cada vez más relevante para sostener un ecosistema que involucra artistas, productoras, técnicos, realizadores, medios y espacios culturales.

La música como un activo cultural que proyecta a la Argentina

La capacidad de la Argentina para generar experiencias musicales reconocidas internacionalmente es uno de los atributos que más destacan quienes visitan el país. El público, la energía de los recitales y la manera de vivir cada espectáculo forman parte de una identidad cultural que trasciende las fronteras.

Ejemplos como los conciertos que AC/DC y Coldplay eligieron registrar en Buenos Aires reflejan cómo la experiencia del público argentino también se convierte en protagonista y forma parte de la propuesta artística. Según plantea Carolina del Hoyo, directora Regional de Marketing para Cono Sur de Fratelli Branca Destilerías, esa identidad representa una oportunidad para pensar cuál puede ser el aporte del sector privado al desarrollo cultural.

“El nuevo patrocinio cultural no consiste en ocupar un espacio, sino en ayudar a producirlo: generar contenido, conectar actores y crear condiciones para que una escena pueda crecer.”

Del sponsorship al desarrollo del ecosistema

El concepto de patrocinio también evolucionó. Ya no alcanza con acompañar un evento de manera puntual. Las marcas buscan participar en la construcción de proyectos de largo plazo que generen valor para toda la cadena de la industria musical.

Cada iniciativa moviliza trabajo para productores, realizadores audiovisuales, técnicos, venues, medios y artistas. Desde esa perspectiva, el impacto de una inversión no se mide únicamente por el presupuesto destinado a una acción específica, sino también por las oportunidades que genera para quienes integran el ecosistema creativo.

Del Hoyo sostiene que esa continuidad adquiere todavía más relevancia en contextos económicos complejos. “El coraje empresarial no está en llegar cuando una escena ya brilla, sino en sostener la apuesta para que pueda seguir creciendo incluso cuando el contexto se vuelve adverso.”

Cuando una marca pasa a formar parte de la escena

Bajo esa mirada, Fratelli Branca Destilerías asegura haber construido durante más de dos décadas un vínculo sostenido con la música argentina, acompañando artistas, festivales, producciones audiovisuales, lanzamientos y encuentros culturales. Esa trayectoria, explica la compañía, permitió que la marca comenzara a integrarse de manera natural a espacios cotidianos de los propios músicos, como camarines o backstage, una relación que considera resultado de años de presencia constante y respeto por la escena.

Como consecuencia de ese recorrido nació Suena Branca, Suena Único, un espacio digital que busca mostrar el detrás de escena de la música a través de sesiones en vivo, conversaciones y cruces entre artistas.

El proyecto se desarrolla junto a Sony Music Argentina, Muerde Club, Magnética Producciones y Boomerang, compañías que participan en la curaduría, la producción y la realización de cada episodio. Los contenidos se publican en YouTube y luego se amplifican en redes sociales mediante diferentes formatos audiovisuales.

Una inversión que también fortalece la economía creativa

La consolidación de este tipo de iniciativas refleja un cambio más amplio en la forma en que las empresas se relacionan con la cultura. El objetivo deja de ser únicamente ganar visibilidad para convertirse en un aporte al desarrollo de una industria que genera empleo, promueve la innovación y contribuye a proyectar la identidad argentina en otros mercados.

En ese marco, la producción de contenidos originales, las alianzas entre marcas y compañías del sector creativo y la continuidad de las inversiones aparecen como herramientas para fortalecer un ecosistema cultural que busca crecer dentro y fuera del país.

Como resume Del Hoyo: “Las marcas que construyen cultura no son las que llegan cuando la conversación ya existe. Son las que ayudan a que nuevas conversaciones, oportunidades e historias puedan suceder y viajar más lejos.”