Los destinos turísticos que ofrecen descanso y paz sufren la paradoja de perder atractivo cuando tienen más éxito. Pero cuando esa propuesta está atomizada en decenas de pequeños y medianos establecimientos, no importa cuánta gente elija pasar allí su tiempo libre; nunca se creará esa sensación de invasión que podría surgir. Tal es el caso de Entre Ríos.

En esta época del año sus centros termales son los que atraen la mayor atención de los viajeros. Pero si lo que se busca es justamente escaparse por unos días, la elección correcta está en las estancias. Son más de 40 los establecimientos que ofrecen no solo lo que todo campo, sino un nivel de servicios que de calificarse en estrellas como los hoteles iría de tres a cinco. Claro que con valores agregados, como puede ser su historia o su entorno.

En la ruta

Apenas se termina de cruzar el complejo de puentes Zárate Brazo Largo, la ruta 14 se muestra como el camino a seguir. Tras dejar atrás Gualeguaychú, el siguiente punto en el mapa es Concepción del Uruguay. Allí están algunas de las estancias más atractivas de la provincia, ligadas a la historia de Justo José de Urquiza como Santa Cándida, fundada en 1847 a orillas del arroyo La China -justamente-por Urquiza. El nombre es el de su madre, Cándida García, y el palacio que oficia de casco es obra del arquitecto italiano Pedro Fossatti. Aunque el estilo de una villa toscana se debe al trabajo posterior de Antonio Leloir y Adela Unzué, quienes contrataron al arquitecto Angel Gallardo y al paisajista suizo Emil Bruder. Hoy el sitio se rebautizó palacio hotel Santa Cándida y emerge al final de un camino bordeado de tipas a solo 20 kilómetros de Concepción del Uruguay.

Volviendo al punto de inicio, tras cruzar el puente Zárate Brazo Largo, otra alternativa es desviarse hacia la ruta 12 y, tras 124 kilómetros, arribar a Gualeguay. Aquí se encuentra, entre los bañados y suaves lomadas que caracterizan a esta zona, la estancia Las Colas, con su imponente casco de estilo renacentista. Se trata de una magnífica construcción con seis cuartos dobles, biblioteca y un museo de antigüedades. La propuesta del lugar se inscribe dentro de las líneas más clásicas y agradables que puedan esperarse de un campo: deportes al aire libre, cabalgatas, una enorme piscina y la posibilidad de aprender o realizar tareas de campo. De regreso en el camino, hay varias opciones. Como la estancia San Ambrosio, un sitio en el que conviven la historia, el verde, las tareas agrícolas, las arenas blancas y otras propuestas menos habituales como el paracaidismo.

El casco de la estancia es una majestuosa construcción que alberga parte de la historia entrerriana. Al edificio principal lo rodea un parque con numerosas especies de flora y aves.Y su pasado se remonta a la llegada a Gualeguay de Juan Bautista Mihura, vasco para más datos, que junto a otros coterráneos como los Parachu, Elizalde, Marco y Laurencena, desarrolló el primer saladero de carne vacuna en Puerto Ruiz, a orillas del Gualeguay. Tan bien funcionó esa aventura, que de ella nacieron 16 estancias agrícola-ganaderas, el primer molino harinero de la provincia y el primer emprendimiento arrocero con planta de secado y empaquetado para consumo, ubicada en Gualeguay.

La familia Mihura compró el campo que hoy es San Ambrosio y, en 1917, Emilio Mihura contrata al paisajista alemán Guillermo Bötrich para que creara el parque que hoy disfrutan los huéspedes. El edificio actual es obra del arquitecto Alejandro Christophersen que dotó al viejo puesto de un estilo colonial español. Como los Mihura tuvieron una importante participación en los gobiernos radicales de principios del siglo XX, San Ambrosio siempre fue un lugar de visitantes, como Balbín, Frondizi o Illia. Hoy, esas mismas habitaciones se destinan a atender a grandes viajeros en busca de estilo y descanso.

Dejando atrás Gualeguay, rumbo al noroestepor la ruta 11, se llega a Victoria, donde hay varias alternativas. Entre ellas, Estancia El Cerrito, con su casco antiguo de estilo colonial de principios de siglo XX. El sitio es para disfrutar casi en soledad: apenas tres dormitorios con aire acondicionado, living, escritorio y tres baños, dos de ellos en suite. El parque cobija hermosas postales de una tierra cuidada donde disfrutar caminatas. Y en los últimos años se han adosado sectores como Casita de Flores, un alojamiento aparte con dos dormitorios y parrilla. Más sencillo aún, el Rancho cuenta con un dormitorio, baño, cocina y living. Lo que se resigna en lujo se gana en intimidad. z we