

Bajo la influencia brasileña cada vez mayor, Uruguay se aproxima a un nivel impensable hace casi diez años, cuando vivía el auge de su crisis bancaria y luchaba para convencer a sus acreedores a reestructurar la deuda pública.
El gobierno prevé una expansión de 6% en 2011 y todos los analistas trabajan con la perspectiva de una nueva alza del PBI en 2012, lo que llevará al país a completar una década ininterrumpida de crecimiento económico, sin ninguna morosidad y con la atracción de inversiones que permitieron incluso driblar los efectos de la quiebra de Lehman Brothers sobre la región.
Lo que muchos empresarios y autoridades locales discuten ahora es si la presencia del gran vecino septentrional en sectores considerados estratégicos están creando un proceso nuevo, que denominan Brasil dependencia.
Los frigoríficos brasileños dominan 36% del sacrificio total de ganado bovino, la empresa Camil, de Rio Grande do Sul, beneficia la mitad de la cosecha local de arroz y Ambev es dueña de las tres principales marcas uruguayas de cerveza. Petrobras tiene 21% del mercado de reventa de automóviles, inició trabajos de exploración de petróleo en la plataforma continental y controla la distribución de gas canalizado en Montevideo.
Además, están desembarcando nuevos inversores: el Banco do Brasil pidió autorización para operar comercialmente en el país, el grupo Fasano abrió en el verano pasado un complejo hotelero de alto lujo en Punta del Este y el laboratorio Eurofarma adquirió recientemente el control de la industria farmaceútica Gartier.
El avance de las empresas brasileñas motivó un alerta del presidente José Mujica, durante la reunión cumbre del Mercosur, el mes pasado. Después del pronunciamiento oficial de su colega Dilma Rousseff, Mujica advirtió que debemos luchar para que la burguesía paulista asuma la responsabilidad de generar empresas aliadas, pero no colonizadas, en toda América del Sur.
El crecimiento de la presencia brasileña puede verse en diversos indicadores. Entre 2005 y 2010, la participación de Brasil
como destino de las exportaciones uruguayas subió ocho puntos porcentuales, de 13,6% a 21,5% de las ventas totales. En el mismo período, el número de turistas brasileños aumentó 92%. Seis años atrás, había casi seis visitantes argentinos por cada brasileño. El año pasado, la proporción fue de poco más de tres por uno.
La invasión verdeamarela en Punta del Este, principalmente en el comienzo del verano, es tan grande que generó chistes de parte de los uruguayos sobre el extraño hábito de los nuevos ricos hablando alto en portugués y bebiendo champagne Veuve Clicquot en copas de acrílico, mientras tuestan sus cuerpos en las arenas blancas del balneario.
Es necesario tener mucho cuidado para no herir susceptibilidades, afirma un funcionario de Itamaraty con experiencia en lidiar con el gobierno y empresarios locales. El principal ejecutivo de una multinacional brasileña en Montevideo, cuyo presupuesto global para nuevas inversiones en un año es superior a todo el PBI de Uruguay, tomó la precaución de nunca mencionar esos números en público, exactamente para evitar comparaciones.
Antes, sabíamos el nombre y el apellido del ministro de Economía de Argentina, pero no teníamos idea de quién era el ministro de Hacienda de Brasil. Eso cambió, observa lvaro Queijo, socio y director de Cristalpet. Instalada en la capital uruguaya, la empresa tiene la mayor unidad productiva de América latina de pre-formas PET, que sirven como base para botellas de gaseosas y otras bebidas.
Queijo da el ejemplo de la propia compañía para decir que hoy, en el área industrial, Uruguay es Brasil dependiente. Cristalpet factura u$s 140 millones por año y fabrica 150 millones por mes de pre-formas. Cerca de 80% de la producción se exporta, siendo Brasil el cliente más importante, donde llegan seis de cada diez unidades fabricadas. El salto ocurrió en 2002, cuando comenzó a exportar para la subsidiaria brasileña de Coca-Cola, que era su cliente en Uruguay. Actualmente provee 50% de los moldes de PET usados en las embotelladoras de Coca-Cola en Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná.
Paradójicamente, el aumento de la participación brasileña en varios sectores de la economía coincide con la diversificación de inversiones en otros ramos de la industria. El caso más simbólico es el de celulosa, con la llegada de la finlandesa UPM (ex - Botnia), en 2007. Su instalación en las márgenes del rio Uruguay provocó un conflicto diplomático con Argentina y el bloqueo por tres años de un puente fronterizo, pero la empresa invirtió u$s 1.200 millones y ayudó a blindar el país en el peor momento de la recesión global. Hoy, ocupa el tercer lugar en la lista de los exportadores.
En mayo, el consorcio Montes del Plata -formado por la sueco-finlandesa Stora Enso y por la chilena Arauco-inició la construcción de una nueva unidad para producir 1,3 millones de toneladas de celulosa anuales. La inversión, de R$ 1.900 millones, será la más voluminosa realizada en Uruguay. Un megaproyecto indio para la exploración de mineral de hierro aguarda una señal verde del gobierno, aunque enfrenta resistencia de la población.
Las compañías brasileñas se alimentaron de la ola de prosperidad que ayudaron a crear en el país. Itaú compró las operaciones locales del BankBoston en 2006 y actualmente es el tercer mayor banco de Uruguay, con 118.000 clientes y 17 agencias.
El Banco do Brasil hizo recientemente un aporte de u$s 7 millones en la subsidiaria uruguaya del Patagonia, que controla en Argentina, para transformar a la institución financiera para extranjeros en un banco comercial. Se pidió la autorización a las autoridades monetarias de los dos países y el Banco do Brasil espera obtenerla hasta final de 2011.
Minerva, uno de los procesadores de carne más grande de Brasil, pagó u$s 65 millones en enero por el control del frigorífico Pul. El año pasado, Pul representó 6,6% de las 2,2 millones de cabezas de ganado sacrificadas en Uruguay.
Marfrig y JBS tenían 29,4% del total. Solo Marfrig compró cuatro frigoríficos en el país -Cledinor, Tacuarembó, Colônia e Inaler. Bertin había asumido el Canelones en 2006, antes de que JBS la incorporara.
Para algunas empresas brasileñas, expandir el negocio en Uruguay no hace mucha diferencia en el balance global, pero lo ven como algo importante para conquistar espacio en mercados próximos -además de ser casi un apéndice de la política externa del gobierno. Es fundamental, para Petrobras, estar consolidada en países que tienen democracia madura y estabilidad política, dijo Irani Varella, presidente de la estatal en Uruguay. Nuestra presencia no deja de ser un instrumento de integración entre los dos países.
Desde 2006, cuando compró la red de Shell, Petrobras mantiene en 89 el número de estaciones de servicio en Uruguay. La red no aumentó porque depende de licitaciones públicas, que no se abrieron. A pesar de eso, y de los precios controlados por el gobierno, creció orgánicamente. El mercado de combustibles sube a un promedio de 6% al año, en los últimos tres años, afirmó Varella, informando que en los primeros seis meses de 2011 Petrobras consiguió aumentar su participación en el mercado uruguayo en 0,5 puntos porcentuales.
Para otras empresas, como el laboratorio Eurofarma y la aseguradora Porto Seguro, la llegada a Uruguay desempeñó un papel relevante en el proceso de internacionalización. Nuestro objetivo hasta 2014 es estar presente en casi toda América latina, dijo Julio Cesar Gagliardi, vicepresidente comercial y de operaciones de Eurofarma, que compró la uruguaya Gautier en 2010, su segunda adquisición en el exterior. Gautier tiene cerca de 4% del mercado local y Eurofarma apuesta en medicamentos que cuentan con bio-equivalencia y bio-disponibilidad en Brasil para crecer en el país vecino.
En tanto, Porto Seguro, que está en Uruguay desde 1995, aprovechó dos factores recientes para expandirse: la explosión de las ventas de vehículos -hubo un record de 43.000 automóvils nuevos patentados el año pasado-y una nueva ley, que instituyó el seguro obligatorio. A diferencia del caso brasileño, los dueños de vehículos pueden elegir libremente la aseguradora para esa póliza, en Uruguay.
En el segmento automotriz, la empresa conquistó 20% del mercado. Son 100.000 clientes en el país, incluyendo otros tipos de seguros. Nuestra evolución en Uruguay es altamente satisfactoria, considerando factores como el tamaño del mercado, la suba de la competencia y el peso que aún tiene el Estado en ese sector, afirmó Fernando Viera, director de Porto Seguro en Uruguay.









