Cuando fueron creados, en los años 20 en Estados Unidos, los moteles eran, y aún son, un tipo de hospedaje ubicado generalmente al costado de las rutas, donde las personas podían llegar en auto, y descansar por algunas horas para después seguir viaje. La palabra motel fue formada por la contracción de otras dos de lengua inglesa: motor y hotel. Pero en Brasil, cuando se habla en motel, se piensa en cuartos llenos de símbolos eróticos, donde las personas se encuentran para tener relaciones sexuales. Aunque en Rio los moteles están adoptando el modelo original.

Con el ojo puesto en la creciente demanda, principalmente de ejecutivos, sus proprietarios gastaron entre R$ 2 y 3 millones en reformas para transformar sus departamentos en cuartos confortables para hospedar este nuevo público. Después de las reformas, la ocupación aumentó un 20% en algunos de ellos.

Hoy, la ciudad tiene 180 moteles y por lo menos 30 ya pasaron por reformas parciales o totales, dice Antonio Cerqueira, vicepresidente del Sindicato de Bares y Hoteles de Río, quien ya reformó cinco de sus seis establecimientos.

Cerqueira dice que los huéspedes descubrieron que pueden gastar menos en los moteles. Ellos pagan un pernocte de 10 horas, cierran la cuenta y vuelven la noche siguiente para dormir, dice. Eso les da un ahorro de hasta el 40% en el gasto final. En los hoteles tradicionales es necesario pagar la diaria completa.

En los moteles, aún pagando una diaria el precio resulta menor. Un cuarto simple, con cochera, baño privado e hidromasaje en uno de los moteles en la Avenida Niemeyer, cuesta R$ 150 por día. Precio muy por debajo de los usuales para las grandes redes instaladas en la Zona Sul y Barra da Tijuca, donde la diaria cuesta, como mínimo R$ 500.

Pero los moteles no están dejando de lado su público fiel que quiere privacidad y aislamiento. Las obras todavía mantienen en los pisos más bajos los cuartos privados con derecho a cochera exclusiva. Los clientes de negocios normalmente llegan en taxi, toman los ascensores y se quedan en los pisos más altos. Buscamos mantenerlos en ambientes separados.

Cerqueira cuenta que las redes están invirtiendo en entrenamiento del personal para que el funcionario sepa diferenciar los públicos y atenderlos en forma diferente. Mientras que existen aquellos que no quieren ser notados, hay clientes cautivos que llaman a los empleados por su nombre, explica.

Pero no es sólo este nuevo público el que los moteles tienen en miras. Con cerca de seis mil cuartos disponibles y una facturación anual de R$ 440 millones, ellos quieren ser incluídos en el Proyecto Olímpico y pueden ayudar a la ciudad a suplir parte de la demanda exigida por el Comité Olímpico Internacional (COI). En el acuerdo firmado entre el Municipio de Rio y el COI está la promesa de crear más de 20 mil unidades para 2016. Para los dueños de moteles, por lo menos seis mil ya estarían garantizadas