

Productividad agrícola. Ese fue uno de los principales vectores, sino el más relevante, de las profundas transformaciones que sacudieron y concentraron la citricultura del estado de San Pablo, la más eficiente del mundo, en la década que culminó en 2010. Y será la productividad la que definirá el futuro de las difíciles relaciones entre productores de naranja y la industria del jugo.
Escasos y siempre cuestionados, datos y estadísticas sobre el segmento, del lado de los productores y las industrias, se publicaron históricamente, y ocurrió con más frecuencia en 2011 en Brasil. Normalmente con foco en San Pablo, que reúne el mayor parque citrícola del mundo y abriga a las empresas que lideran las exportaciones globales de jugo de naranja, informes y sondeos de mercado crecieron con los esfuerzos de reconstrucción de las relaciones entre las partes. Pero ahora, paradoxalmente, pueden acentuar las divergencias.
Encomendado por la Asociación Nacional de Fabricantes de Jugos Cítricos (CitrusBR), creada en 2009 por las cuatro industrias más grandes que operan en el país -las brasileñas Cutrale, Citrosuco y Citrovita, y la francesa Louis Dreyfus-, el estudio realizado por el Centro de Investigación y Proyectos en Marketing y Estrategia (Markestrat) promete calentar las discusiones en torno de Consecitrus, el consejo que se está gestando entre empresas y agricultores para intentar frenar los roces en la cadena productiva.









