Un grupo de estudiantes universitarios descubrió en la orilla occidental del lago Onega, en la región rusa de Carelia, una tumba de 5.500 años de antigüedad con más de 140 ornamentos de ámbar de origen báltico. El hallazgo replantea por completo las rutas comerciales que conectaban las costas del mar Báltico con el interior del continente durante el Neolítico.
La expedición fue dirigida por el profesor Aleksandr Zhulnikov, de la Universidad Estatal de Petrozavodsk. El enterramiento apareció en una fosa oval cubierta con ocre —pigmento rojo ritual— junto a herramientas de sílex, lo que indica que el individuo ocupaba un lugar de alto rango en su sociedad.
Qué reveló la tumba de 5.400 años encontrada por estudiantes
Los 140 ornamentos recuperados —botones, colgantes y discos— superan cualquier hallazgo previo en el noroeste de Europa. Varios de esos tipos de piezas nunca habían aparecido en contextos funerarios: solo se conocían en campamentos de la región oriental del Báltico, y en cantidades mínimas.
Los botones estaban cosidos boca abajo sobre una cubierta de cuero. En los bordes de la fosa, los ornamentos se distribuían en dos niveles superpuestos, una disposición sin precedente en Carelia ni en las regiones vecinas.
Junto al cuerpo, los arqueólogos encontraron una punta de lanza de sílex y pequeñas astillas interpretadas como ofrendas votivas —representaciones simbólicas de cuchillos y lanzas enteras. Dado que en Carelia no existen fuentes de sílex ni de ámbar, ambos materiales llegaron al sitio mediante intercambio.
Qué significan las rutas comerciales que este descubrimiento expone
Zhulnikov señaló que la tumba evidencia vínculos directos entre las poblaciones de Carelia y las tribus de la costa sur del mar Báltico. Los investigadores plantean que el enterrado pudo haber sido un mercader foráneo que llegó al lago Onega para intercambiar ámbar por hachas y azuelas de pizarra, material que sí abunda en la zona.
Los talleres donde se producían esas herramientas de pizarra fueron hallados adyacentes al sitio funerario. La ubicación aislada de la tumba —separada de los cementerios colectivos típicos del período— refuerza la hipótesis de que el individuo murió lejos de su comunidad de origen.
El hallazgo también aporta evidencia sobre la economía de prestigio del Neolítico europeo: un sistema en el que ornamentos y herramientas de valor circulaban entre regiones para sostener el rango social de sus poseedores. Una red comercial activa, extensa y sofisticada, que Europa tardó 5.400 años en redescubrir.