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Blanqueo, psico y sociología

por  RUBÉN H. MALVITANO

Integrante del departamento de impuestos de Aguirre Saravia & Gebhardt
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Blanqueo, psico y sociología

La experiencia profesional muestra que este régimen genera reacciones individuales, ya no desde la perspectiva tributaria, sino en el campo de la psicología y la sociología.

No hablamos solo de lo que ha sido tradicional en la materia: la percepción individual del riesgo a ser descubierto; la sensación de perder una oportunidad y la ‘sensación’ de no pagar impuesto alguno ante la opción del bono mágico. Una ilusión que se desvanece con cálculos financieros razonables.

En esta ocasión diversos elementos se han alineado y empujan hacia una decisión que enfrenta al sujeto a una suerte de vacío.

Una parte de los contribuyentes se encuentra ante un dilema que parece no ser tal, ya que no se identifican opciones válidas: hay que regularizar. Sin embargo, aún con la decisión tomada siguen sintiendo un vacío. Y ante ello, surge la pregunta: ¿cuál es la razón?. No confían.

Hasta ahora habían encontrado la ilusión de un refugio. Y quienes aparecen ahora pretendiendo que desmantelen esa guarida que los protegía de los depredadores de turno, no ganaron aún el prestigio necesario para que en lugar de, en el aire, sientan sus pies sobre suelo firme.

Otros seguramente no lograrán resolver el dilema. Les costará tanto perder esa, que consideran ‘su’ seguridad, que se cerrarán internamente a cualquier cambio. Ellos no blanquearán. ¿Les irá bien? Imposible saberlo; el futuro no siempre está hecho de decisiones racionales. Aunque creemos que en la matemática final esa actitud no será muy importante, no deja de ser un dato significativo.

No tenemos dudas: aunque el acogimiento apunta para ser masivo, también es general la sensación de desconfianza. La palabra clave entonces es: resignación. Pero insistimos, no se trata de la resignación típica de un blanqueo (‘y algo tengo que blanquear; que voy a hacer’). Es la resignación a perder el plan B concebido para proteger los ahorros de los desaguisados de los Gobiernos de turno; tanto en materia económica como jurídica.

Probablemente seamos testigos de un quiebre: ya nada será igual. Por empezar porque habrá temas de los que estos sujetos se preocuparán más. Aunque sea a partir de una actitud egoísta, quedarán más comprometidos por la calidad de sus representantes; por su actitud a la hora de votar; por exigir a los políticos más claridad y precisión al enunciar sus plataformas; por no aceptar y luchar contra planteos exóticos en materia de economía y derecho.

Muchas de estas cuestiones se encontraban hasta ahora esmeriladas para una parte de la ciudadanía: "Bah, que hagan lo que quieran; total en gran medida estoy a cubierto". Triste razonamiento al que gran parte de los argentinos -los que probablemente tuvieron la oportunidad de cubrir la integridad de su esfuerzo de vida y el de sus antecesores-, ya se habían acostumbrado.
Lo trascendente es que este proceso apunta para ir más allá de lo individual; afecta no sólo al contribuyente como tal, sino que lo aborda también en su rol de ciudadano, y en un plano que hasta ahora le sonaba casi ajeno.

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