Después de decidir el fin de su proyecto industrial en la Argentina el año pasado, la automotriz japonesa Nissan avanza con su salida del país. Está en avanzadas negociaciones para venderle su operación comercial a un consorcio de inversores locales, entre los cuales el grupo fabricante de motos Simpa asoma como socio principal.
Este holding asumiría el negocio de importación y comercialización de vehículos, como también la gestión de la red de concesionarios, que tiene cerca de 60 puntos de venta en todo el país. Además de Simpa, que sería el dueño del 90%, la nueva sociedad también tiene al grupo Tagle, que aportaría su experiencia en el comercio de autos, y el ex corredor de TC2000 Pablo Peón. El ex automovilista hoy es un “conector de negocios”, como lo define una experimentada fuente del comercio automotor. Sería el nexo entre sus nuevos socios y los ejecutivos internacionales de Nissan que definen la operación.
Según publicó el periodista Horacio Alonso en su sitio, A Rodar, las negociaciones estarían muy avanzadas y el traspaso de la operación se realizaría entre julio y septiembre, según se adelantó ya algunos concesionarios de la marca.
El año pasado, la japonesa registró 15.275 patentamientos en la Argentina, que le valieron un market share del 2,6%, según datos de la Asociación de Concesionarios Automotores de la República Argentina (Acara). Su modelo más vendido fue la pick-up Frontier (6484 unidades), seguido por el Kicks (5519). En dos meses de 2026, su participación de mercado subió a 2,8%, con un total de 2889 ventas al público.
Luego de una primera experiencia en la que estuvo bajo el paraguas de Renault Argentina -a raíz de su alianza global con la francesa-, Nissan operó en forma directa en el país a partir de 2015, luego de comprarle al grupo Antelo la empresa que había sido su representante en el mercado local desde fines de 2011.
Ese take over fue consecuencia del anuncio de invertir u$s 600 millones para radicar producción en la Argentina, algo que se materializó luego de algún intento en los años en los que la manejó Renault en el país. Ahora, el proyecto fue para localizar la Frontier, en una planta a construir dentro del complejo de rombo en Santa Isabel, Córdoba. El modelo compartiría plataforma con Alaskan, la primera pick-up en la historia de Renault, y la Clase X, también debut en esa categoría de Mercedes-Benz. El objetivo era alcanzar las 70.000 unidades anuales entre las tres.
La producción de Frontier comenzó en 2018. Para entonces, la alemana ya se había bajado de la iniciativa, lo que obligó a ajustar los volúmenes. Frontier arrancó con 4213 unidades en 2018 y escaló hasta 10.839 en 2020. Ese año, se incorporó Alaskan a la línea de montaje. En 2022, Nissan produjo 19.500 y Renault proyectó 5000 de su modelo. El máximo volumen de la japonesa fue de 29.519 unidades en 2023. Cayó a más de 16.400 en 2024 y languideció a 12.000 el año pasado.
Para entonces, la decisión del shutdown en Córdoba ya estaba tomada. Concebido como un proyecto exportador -Nissan exportaba mayormente a Brasil y también a Colombia-, la Alaskan de Renault sólo se vendió en el mercado local, donde no superó las 5000 unidades por año. El fin de Frontier también selló la suerte del producto de la francesa.
Sin embargo, esa no es la razón principal de la salida de Nissan del país. Afectada por una crisis financiera que la llevó a negociar una frustrada fusión con Honda, la empresa decidió los cierres de siete fábricas en distintos lugares del mundo, como Japón, México y la Argentina, lo que implicó el recorte de más de 20.000 empleos.
Afectada por varios años de caída de ventas en mercados claves -y grandes- como los Estados Unidos y China, altos costos financieros y demoras en desarrollos tecnológicos y renovación de productos -en especial, en la competencia con marcas chinas-, Nissan prevé una pérdida de unos u$s 4500 millones para el corriente año fiscal, que finaliza este mes. Ya cuando se cayó la fusión con Honda -febrero del año pasado-, la empresa advirtió que tenía caja sólo para sobrevivir 18 meses.
Por tal razón, inició un proceso de repliegue en distintos mercados. A inicios de este año, le vendió su operación en Chile y Perú al grupo español Astara (ex SK Bergé), que vende distintas marcas -entre ellas, KIA- en 19 países de Europa, Asia y los Estados Unidos. El traspaso a Simpa y sus socios sería el siguiente paso de ese repliegue en la región, donde sigue presente en Brasil. En ese país, Nissan tiene la planta de Resende, donde hace el Kicks (relanzado este año) y el Versa.
Por su parte, Simpa es un grupo de capitales nacionales con cinco décadas de trayectoria. Tiene presencia en la Argentina, Brasil, México y Perú. Con planta en Campana, donde ensambla kits de piezas, su portafolio de marcas incluye Harley Davidson, KTM, Husqvarna, GasGas, Aprilia, Moto Guzzi, Vespa, Piaggio, MV Agusta, Moto Morini, CF Moto, QJMotor, Super Soco y Royal Enfield, además de los vehículos multiterreno Can-Am y los monopatines eléctricos Segway y Ninebot. Además, distribuye plásticos y produce y comercializa herramientas.
A fines del año pasado, Simpa cerró el concurso preventivo al que había ingresado en 2019.
Contactados por este diario, voceros de Simpa respondieron no tener información por agregar. Por su parte, la filial de Nissan afirmó no tener anuncios que hacer y que tampoco hace comentarios “sobre especulaciones o rumores”.