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Hacer deseable un producto y a la vez accesibles fue la fórmula que entendió Miniso que la llevaría al éxito.
Con esa lógica —una mezcla de diseño atractivo, precios accesibles y estética aspiracional— la cadena nacida en Asia se transformó en un fenómeno global. Como lo adelantó El Cronista, ahora, ese modelo desembarca con fuerza en la Argentina, donde apuesta a replicar una fórmula que ya sedujo a millones.
La marca china que es viral en redes, abrió con su primer local en la calle Florida y su apertura -este jueves- fue furor. Con colas que llegaron a las siete cuadras, los fanáticos de la firma fueron a buscar los famosos Golden Tickets para canjear por productos Miniso.
La apertura de la primera tienda incluyó un “Miniso Bus” que recorrió Buenos Aires en una caravana con los “Miniso Lovers”.
La llegada de la marca china al país contempla una inversión de u$s 50 millones y la apertura de 100 locales en los próximos 5 años. El plan de la marca, que está presente en 112 países, representa, además, según sus propias estimaciones entre 800 y 1000 puestos de trabajo directos.
Además del local del Florida al 600, la marca ya tiene previsto su desembarco en el DOT en un local de 600 metros cuadrados que será la tienda insignia de la marca en el país y abrirá sus puertas a más tardar en mayo.
Como en otras capitales del mundo, esta tienda tendrá una estética diferencial con un concepto inspirado en la última imagen de la marca, siendo el primero de su tipo en América. Será un espacio de gran escala con zonas temáticas por categoría, más de 5000 productos diferentes.
La fórmula del éxito de Miniso
La historia de Miniso arranca en 2013, cuando el empresario chino Ye Guofu, que venía de manejar cadenas de “todo por 10 yuanes” (tipo todo por $1) junto al diseñador japonés Miyake Junya, lanzó la marca con una premisa clara: ofrecer productos de uso cotidiano con diseño cuidado, inspirados en la simplicidad japonesa, pero a precios masivos. Desde el inicio, el concepto fue tan simple como efectivo: tiendas ordenadas, minimalistas, con una fuerte impronta visual y una rotación constante de productos que invitan a entrar “solo a mirar”… y salir con algo.
La primera tienda fue casi experimental, cerca de su propia fábrica, lo que le permitió integrar diseño, producción y venta en un mismo circuito.
Desde el inicio, la marca se apoyó en una estética “japonesa” minimalista, aunque su origen es chino. Esa decisión fue estratégica: asociarse a la percepción global de calidad y diseño nipón. Su expansión fue rapidísima: en solo dos años ya estaba fuera de China (primera tienda internacional en Singapur en 2015) y hoy tiene más de 7000 locales en todo el mundo.
Su vertiginoso crecimiento impresionó hasta al propio fundador que al principio dijo esperaba vender apenas 2 o 3 mil millones de yuanes al año.
El catálogo es amplio y transversal: desde artículos de hogar y tecnología hasta cosmética, papelería y juguetes. Pero el verdadero diferencial está en la curaduría y en el diseño. Miniso logró convertir objetos cotidianos —auriculares, botellas, organizadores— en pequeños objetos de deseo. A eso se suma una estrategia clave: alianzas con licencias globales como Disney, Marvel o Sanrio, que potencian el atractivo, especialmente entre públicos jóvenes.
En poco más de una década, la expansión fue vertiginosa. La marca ya suma miles de tiendas en más de 100 países y se consolidó como uno de los casos más exitosos del retail contemporáneo. Su secreto: combinar la lógica del fast fashion con el universo de los productos de consumo diario.Y hoy alcanza ventas globales por u$S 2450 millones
El desembarco de Miniso en la Argentina se apoya en un socio local y en un plan de expansión progresivo, con aperturas en puntos estratégicos de alto tránsito. La apuesta no es menor: replicar la experiencia de compra que convirtió a la marca en un imán en otros mercados, incluso en economías complejas.
El timing no es casual. En un país donde el poder adquisitivo está tensionado, el consumidor busca cada vez más opciones que combinen precio y valor percibido. Miniso juega justamente en ese cruce: productos accesibles, pero con estética cuidada y una experiencia de compra que se siente “premium” sin serlo.