

Tres de cada cinco argentinos bajaron el consumo de alimentos o bebidas por el hecho de que cuentan con sellos de advertencia.
El dato es el resultado de la primera Encuesta de Consumo responsable que se realizó en la Argentina, relevamiento que lo llevó a cabo el Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires en los últimos meses de 2025 para comprender cómo está cambiando la forma de comprar de los consumidores argentinos y qué lugar ocupa hoy la responsabilidad social y la sustentabilidad en esas decisiones.
“Hoy los consumidores se mueven entre tiendas físicas, plataformas digitales y servicios que funcionan las 24 horas, y el comercio se está volviendo más conversacional, creativo y contextual, integrándose de forma natural en la vida cotidiana”, señala el estudio que agrega que la importancia “de contar con información clara y accesible no se limita solamente a la satisfacción de una inquietud puntual, sino que impacta de manera concreta en los hábitos de consumo”
Así, en cuanto al impacto que tuvo la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable y Etiquetado Frontal de Alimentos, que lleva cuatro años de implementación, el relevamiento tiró un dato a tener en cuenta: un abrumador 97% respondió que nota en los envases de alimentos y bebidas los sellos de advertencia en forma de octógonos negros, y un 94,5% respondió que comprende el significado de los sellos.
Con respecto a, si a partir del etiquetado frontal con sellos de advertencia, realizaron algún cambio en su consumo de alimentos y bebidas, un 79% de la población respondió que realizó algún tipo de cambios en sus compras.
En total, más del 52% de la población argentina, redujo o dejó de consumir un producto por contener sellos octogonales de advertencia, y si a esto les sumamos los que reemplazaron productos ultraprocesados por opciones más saludables, en total el 61% de la población efectivamente bajó el consumo de alimentos o bebidas por contener sellos.
Al analizar por nivel de ingresos, a ese 61% de la población que redujo o dejó de consumir alimentos o bebidas por contener sellos de advertencia, el 64% es de clase media.

En cuanto a la edad, el resultado es notablemente homogéneo. “Esto indica que el sistema de etiquetado frontal no solo ha tenido un efecto significativo en la población en general, sino que también ha logrado traspasar barreras generacionales. Más que un fenómeno generacional, los datos reflejan un cambio cultural más amplio en la forma en que los consumidores evalúan los alimentos y sus impactos sobre la salud”, desglosa el estudio.
Estos resultados matizan la idea de quienes demandan información para un consumo consciente son las generaciones más jóvenes.
“Lejos de tratarse de una sensibilidad “juvenil”, lo que emerge es una demanda social transversal por mayor claridad, transparencia y comparabilidad en la información que reciben los consumidores. Y cuando esa información se presenta de forma accesible y directa, como ocurre con instrumentos simples y visibles, la respuesta es generalizada y no discrimina por edad", señaló el relevamiento.
“Este mayor nivel de información tiene efectos concretos sobre los hábitos de consumo. Un consumidor mejor informado ajusta efectivamente sus decisiones: compara alternativas, reconsidera marcas habituales, prioriza determinados atributos y resigna otros”, señaló Julián D’Angelo, director del Cenarsecs FCE-UBA.
Y agregó: “En este proceso, el consumo deja de ser un acto meramente automático para convertirse en una decisión más reflexiva, donde entran en juego criterios vinculados a la salud, el impacto social y ambiental y la coherencia entre valores y elecciones cotidianas”.
Barreras de compra
El estudio también indagó sobre los obstáculos que enfrentan los consumidores al momento de comprar productos sustentables por canales online, donde surgió de manera destacada la falta de información como el principal problema identificado.
Más del 38% de los encuestados señaló la carencia de detalles respecto al origen o al impacto de los productos como una de las mayores trabas para concretar compras en entornos digitales. Este dato pone de manifiesto una demanda creciente y sostenida por parte de la sociedad: las personas exigen conocer más sobre cómo fueron elaborados los productos, así como también sobre la responsabilidad social y ambiental tanto del productor como de toda la cadena de valor involucrada.
La consulta se llevó a cabo entre el 12 de noviembre y el 12 de diciembre pasado en todo el país. El relevamiento combinó un formulario online con trabajo territorial realizado por docentes y estudiantes que encuestaron en la vía pública en diferentes regiones, con el fin de lograr una fotografía fiel y diversa. Se contó también con el apoyo de diversos referentes académicos y universidades aliadas en diferentes puntos de la Argentina que multiplicaron y difundieron este estudio.
















