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Julio es un mes que estará marcado por dos fechas de alta relevancia para Estados Unidos y México. Por una parte el 1 de julio inicia la revisión formal tripartita entre los tres integrantes del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), y por otra parte, el 4 de julio se conmemora el 250 aniversario de la independencia de las 13 colonias del Reino Unido.

Este 1 de julio inicia la revisión formal del T-MEC entre los tres países que lo integran.
Este 1 de julio inicia la revisión formal del T-MEC entre los tres países que lo integran.

En ambos casos, la relevancia de la relación binacional entre Estados Unidos y su vecino del sur está más presente que nunca.

La historia entre ambas naciones data desde el nacimiento de México en 1821. Apenas un año después de la Independencia de México, consumada el 27 de septiembre de 1821, los dos países iniciaron relaciones diplomáticas, y aunque la historia en el Siglo XIX fue turbulenta, el Siglo XX fue totalmente diferente.

A pesar de las diferencias coyunturales, la relación bilateral se ha sostenido sobre instituciones, acuerdos comerciales y una vecindad geográfica que obliga a pensar en el largo plazo, señala BAI Capital, firma especializada en desarrollo inmobiliario y gestión de capital privado.

Durante la Segunda Guerra Mundial, México se convirtió en un aliado clave de Estados Unidos, pues mientras la Unión Americana se quedaba sin mano de obra, ante la necesidad de enviar soldados a Europa, se instauró el programa de los braceros, que extendía visas temporales de trabajo a mexicanos para que ocuparan puestos en el sector agropecuario y manufacturero, lo que dio origen al inicio de la migración mexicana a ese país.

Además, ese mismo fenómeno impulsó la industrialización de México y dio origen a la etapa económica conocida como “el milagro mexicano”.

Para mediados de la década de 1990, particularmente en 1994, México, Estados Unidos y Canadá firmaron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el acuerdo que dio origen al T-MEC.

BAI Capital señaló que la entrada en vigor del T-MEC consolidó a Norteamérica como una de las regiones económicas más dinámicas del mundo.

De acuerdo con datos oficiales de ambas naciones, México es el principal exportador de bienes hacia Estados Unidos y, a su vez, Estados Unidos se mantiene como el principal origen de la Inversión Extranjera Directa (IED) que recibe México.

Las cadenas de suministro, la manufactura avanzada y el fenómeno del nearshoring han fortalecido esta integración, generando nuevas oportunidades para empresas e inversionistas a ambos lados de la frontera.

“Este aniversario de independencia encuentra a la relación México–Estados Unidos en una etapa de madurez muy distinta a la de décadas anteriores”, señala Juan Carlos Eguiarte, Country Manager de BAI Capital en México.

“Hoy observamos empresarios y familias mexicanas que no buscan sustituir una economía por otra, sino diversificar sus estructuras patrimoniales y participar en mercados con profundidad financiera, reglas claras y activos con fundamentos de largo plazo. La integración ya no ocurre solamente a nivel comercial; también se refleja en la forma en que se construyen y administran los patrimonios”, añadió.

Más allá del T-MEC

BAI Capital recuerda que México y Estados Unidos comparten una frontera con más de 3,000 kilómetros de extensión, lo que abre la puerta a uno de los flujos comerciales terrestres más importantes del planeta.

Estados como Texas, California y Florida mantienen una estrecha relación económica con México, particularmente en industrias como manufactura avanzada, automotriz, tecnología y logística así como en inversiones inmobiliarias.

“Esta infraestructura física y comercial ha permitido que empresas mexicanas y estadounidenses operen cada vez más bajo una lógica regional, donde la competitividad depende de la integración y no del aislamiento”, señala la empresa.

La relación bilateral no puede entenderse sin la migración, pues la movilidad entre ambos países ha evolucionado significativamente.

Estados Unidos alberga una de las comunidades mexicanas más importantes del mundo, integrada por profesionales, empresarios, académicos y familias que participan activamente en sectores estratégicos de la economía estadounidense.

Paralelamente, crece el interés por estructuras patrimoniales internacionales y vehículos de inversión regulados que permitan a las familias diversificar geográficamente sus activos y participar de forma directa en la economía estadounidense.

Una muestra de ello es el programa federal de Estados Unidos de la Visa EB-5, dice BAI Capital, que cuenta con una vigencia superior a tres décadas y representa inversiones acumuladas por más de u$s de capital extranjero desde 1990.

Otro factor a considerar en la ecuación es el intercambio cultural y gastronómico, que generan turismo binacional.

México se ha convertido en uno de los destinos preferidos para ciudadanos estadounidenses que buscan desarrollar actividades profesionales, empresariales o de retiro, mientras que numerosas empresas mexicanas expanden sus operaciones y presencia en Estados Unidos.

“Esta interacción constante ha dado lugar a una relación cada vez más sofisticada, donde la cultura, el capital y las personas se mueven con mayor naturalidad entre ambos países”, añade BAI Capital.