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Asia avanza en la construcción de una red para conectar sus sistemas de pagos inmediatos, mientras América Latina todavía busca cómo enlazar infraestructuras como Pix en Brasil, SPEI en México y Bre-B en Colombia.

La diferencia cobra relevancia luego de que las transacciones procesadas mediante pagos inmediatos en la región latinoamericana pasaran de 620 millones en 2017 a 79,800 millones en 2024, un crecimiento de 130 veces, de acuerdo con el Banco Mundial.

El contraste está en Project Nexus, una iniciativa del Banco de Pagos Internacionales (BIS) que busca conectar los sistemas de pagos inmediatos de India, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia mediante estándares comunes. Indonesia participa como observador.

El proyecto busca evitar que cada país tenga que construir conexiones bilaterales con todos los demás. El BIS estima que esta primera etapa podría conectar un mercado de alrededor de 1,700 millones de personas.

América Latina, en cambio, no forma parte de esta primera red. La región cuenta con sistemas nacionales de pagos inmediatos cada vez más desarrollados, pero todavía enfrenta diferencias regulatorias, tecnológicas y de estándares que dificultan su conexión.

“Latinoamérica ya cuenta con rieles capaces de mover dinero en tiempo real dentro de cada mercado, pero el gran reto ha sido hacer que estos sistemas puedan comunicarse entre sí”, explicó Ignacio Detmer, cofundador y CEO de Koywe.

Para el directivo, una mayor interoperabilidad permitiría que una empresa cobre en la moneda y mediante el sistema de pagos utilizado por su cliente y reciba los fondos en su propio mercado, sin tener que construir una estructura financiera distinta en cada país.

Brasil busca conectar Pix con otros mercados

Mientras Nexus avanza en Asia, Brasil ya explora mecanismos para llevar Pix fuera de sus fronteras.

El sistema de pagos inmediatos desarrollado por el Banco Central de Brasil ya es aceptado en comercios de al menos ocho países y territorios: Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Estados Unidos, Portugal, Francia y España.

Su expansión se ha realizado principalmente mediante fintechs que funcionan como puente entre Pix y los comercios extranjeros, permitiendo procesar el pago y convertir la moneda durante la operación.

El Banco Central de Brasil también analiza distintas alternativas para establecer una infraestructura internacional para Pix.

Ángelo José Mont’Alverne Duarte, jefe de gabinete de la dirección de organización del sistema financiero del banco central, dijo durante un evento de la Fundación Getulio Vargas que la institución está “de ojo” en distintos caminos para un Pix internacional, aunque todavía no existe una decisión para su lanzamiento.

Una conexión directa entre Pix y los sistemas de otros países sería eficiente desde el punto de vista técnico, explicó, aunque implicaría mayores costos porque cada vínculo requeriría reglas y estructuras de gobernanza propias.

El banco central brasileño ya reportó pruebas entre Pix y el sistema de pagos de Colombia, además de negociaciones para conectarlo con Europa mediante TIPS, el sistema de liquidación instantánea del Banco Central Europeo.

México avanza por otra ruta

México participa en la agenda del BIS, aunque mediante un proyecto distinto a Nexus.

El Banco de México forma parte del Proyecto Agorá, enfocado en modernizar la liquidación mayorista transfronteriza mediante dinero tokenizado, como reservas de bancos centrales y depósitos bancarios tokenizados.

La diferencia es relevante. Mientras Nexus busca conectar sistemas de pagos inmediatos entre países, Agorá está orientado principalmente a operaciones entre instituciones financieras.

Por ahora, no existe evidencia pública de una participación formal de México en Project Nexus ni de una conexión internacional de SPEI comparable con las pruebas que Brasil desarrolla con Colombia.

Esto significa que, mientras Asia avanza con un esquema regional común, América Latina todavía se encuentra en una etapa de exploración y conexiones individuales entre sus distintos sistemas.

Las fintechs buscan llenar el vacío

Las diferencias regulatorias, tecnológicas y de estándares no son el único obstáculo. Los pagos internacionales todavía requieren la participación de múltiples bancos e intermediarios, lo que puede elevar costos y tiempos para las empresas.

Ahí es donde las fintechs comienzan a construir sus propios puentes.

Koywe plantea facilitar que las compañías puedan cobrar y pagar en distintos mercados latinoamericanos sin tener que abrir una filial y una cuenta bancaria local en cada país. Otras plataformas también exploran el uso de stablecoins y tecnología blockchain para conectar sistemas como SPEI, Pix y Bre-B.

Estas herramientas pueden funcionar como una capa de conexión entre las infraestructuras nacionales y reducir la cantidad de intermediarios involucrados en una operación internacional.

Para las empresas mexicanas, la posibilidad de conectar los sistemas de pagos de la región podría reducir los costos y tiempos asociados con operar en otros mercados.

Pero el desafío para América Latina no es únicamente tecnológico. Mientras Asia ya avanza en una arquitectura común para sus pagos inmediatos, la región todavía debe resolver cómo hacer que sus propios rieles puedan comunicarse entre sí y bajo qué reglas.

La pregunta, por tanto, no es solo cuándo América Latina tendrá pagos transfronterizos más rápidos, sino quién terminará definiendo la infraestructura y los estándares que permitirán mover dinero entre sus mercados.