Los ciberataques podrían explotar una vulnerabilidad en menos de 60 segundos después de ser identificada, advirtió Rachel “Rae” Roberts, presidenta de Ventas para América de Check Point, en entrevista con El Cronista, al señalar que las empresas y gobiernos necesitan transformar la manera en que responden a las amenazas digitales.
Roberts explicó que los grupos criminales y actores estatales pueden utilizar inteligencia artificial para combinar información de hardware, infraestructura y sistemas de software y encontrar nuevas formas de explotar vulnerabilidades.
“La IA está haciendo que las cosas sucedan mucho más rápido de lo que los seres humanos podemos adaptarnos”, afirmó la ejecutiva.
El problema es que las organizaciones todavía operan mediante estructuras complejas en las que una falla puede pasar de un equipo a otro antes de ser corregida. Mientras un área identifica el problema, otra debe encargarse de aplicar el parche o modificar el sistema, lo que genera un desfase frente a la capacidad de los atacantes.
“Las empresas son más complejas, los gobiernos son más complejos y, desafortunadamente, hay personas en medio haciendo el trabajo”, explicó Roberts.
La ejecutiva estimó que hacia finales de este año podrían pasar menos de 60 segundos entre la identificación de una vulnerabilidad y su explotación por parte de un grupo atacante.
“Eso significa que la velocidad es lo más importante”, sostuvo.
El reto no es sólo gastar más
Ante este escenario, Roberts señaló que fortalecer la infraestructura continúa siendo necesario, pero consideró que las organizaciones también deben aprovechar mejor las tecnologías que ya tienen.
“Aumentar la inversión en infraestructura para asegurarse de que esté protegida es increíblemente importante. Pero creo que ahora existen oportunidades para tomar la tecnología en la que ya has invertido y hacerla mejor y más efectiva”, señaló.
Uno de los puntos centrales es conocer qué herramientas de inteligencia artificial utilizan los empleados, qué agentes de IA están desarrollando las compañías y qué capacidades de esta tecnología están incorporadas en las soluciones de proveedores externos.
Roberts consideró que contar con esta visibilidad permite a las organizaciones establecer mecanismos de gobierno y detectar posibles puntos vulnerables dentro de entornos tecnológicos cada vez más complejos.
Esperar reglas perfectas también genera riesgos
La adopción de inteligencia artificial plantea además un desafío para las políticas internas de las compañías.
Roberts consideró que uno de los principales errores es esperar a diseñar una política perfecta antes de permitir que las organizaciones avancen con estas herramientas. Los trabajadores, dijo, buscarán nuevas formas de utilizar la IA para ser más productivos, incluso si esas prácticas todavía no están contempladas por las reglas internas.
“El mayor error es no entender que la velocidad es la habilidad que necesitamos tener ahora mismo”, afirmó.
Por ello, la ejecutiva planteó que las empresas deben implementar sistemas y procesos, medir sus resultados y realizar ajustes conforme evolucione el uso de la tecnología, en lugar de esperar a contar con un marco completamente terminado.
Empresas necesitan un piso mínimo de seguridad
Para avanzar en la adopción de IA sin incrementar innecesariamente la exposición a amenazas, Roberts planteó la necesidad de establecer un marco básico que pueda ser utilizado por organizaciones de distintos tamaños.
Ese piso debería contemplar mecanismos de visibilidad y gobierno, capacidades para configurar y corregir los sistemas, además de auditorías, escaneos y pruebas periódicas.
“Hay que establecer una hoja de ruta para cada organización que está tratando de encontrar su camino y, al mismo tiempo, adoptar la IA de manera segura”, señaló Roberts.
La ejecutiva añadió que este tipo de lineamientos pueden ser especialmente útiles para pequeñas y medianas empresas que no cuentan con los recursos de grandes organizaciones, al ofrecerles una referencia sobre las medidas mínimas que deberían implementar.
Roberts,mencionó que las organizaciones dejen atrás procesos excesivamente lentos y desarrollen la capacidad de actuar de manera incremental frente a un entorno tecnológico que cambia con mayor rapidez.