Una de las promesas centrales del gobierno de la llamada “Cuarta Transformación” fue recuperar el campo nacional, a través de iniciativas como la entrega de apoyos directos a los productores del campo, la entrega gratuita de fertilizantes y el programa de precios de garantía.
Sin embargo, las cifras no han acompañado el desarrollo del mercado agrícola, en una deuda que se ha profundizado incluso con el cambio de régimen.
De acuerdo con un análisis del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), la producción de granos esenciales para el país presenta una disminución acumulada de 13% entre 2018 y el primer semestre de 2016.
En 2018, la producción total de granos se ubicó en 36.45 millones de toneladas, pero para este año se ubicó en 31.71 millones de toneladas, es decir 4.74 millones de toneladas menos.
En el mismo periodo, la superficie cosechada disminuyó 11.4% y el rendimiento promedio bajó de 3.38 a 3.32 toneladas por hectárea.
En este sentido, el estudio de GCMA advierte que el deterioro del campo mexicano es estructural, donde las principales afectaciones se concentran en maíz, sorgo, trigo, frijol, arroz palay y soya.
“La contracción ocurre al mismo tiempo que crecen el consumo nacional y las necesidades de abasto de las cadenas alimentaria, pecuaria e industrial”, señala el estudio.
Los productos más afectados
Dentro del análisis de GCMA la producción de trigo y frijol han sido las más afectadas dentro del país. Por una parte, el trigo acumula una caída de prácticamente un cuarto de la producción entre 2018 y 2026, lo que representa 727 mil toneladas menos.
“En el trigo, la menor superficie y el deterioro del rendimiento de 2026 limitan el abasto de la industria harinera”, señala la consultora.
Mientras tanto, el frijol ha caído poco más de una quinta parte, al perder 258 mil toneladas en el comparativo de los últimos ocho años.
En este sentido, la alta dependencia del temporal mantiene al cultivo expuesto a sequías y variaciones climáticas, por lo que una recuperación anual no elimina la vulnerabilidad estructural.
El maiz, que es la base de la alimentación nacional tanto para animales de crianza como para humanos, la producción ha bajado de 27.17 a 24.10 millones de toneladas.
“La superficie cosechada cayó cerca de 591 mil hectáreas y el rendimiento nacional de 2026, de 3.69 toneladas por hectárea (t/ha), permanece por debajo de las 3.81 t/ha de 2018”.
En este sentido, GCMA advierte que la menor producción nacional incrementa la presión sobre las importaciones y reduce el margen de respuesta ante choques externos.
Además, el sorgo, el arroz y la soya muestran una contracción en la producción ligeramente superior a 13%, lo que incrementa la dependencia del abasto externo en los tres productos.
Recuperación de 2026, insuficiente
En la comparación anual, la producción de 2026 presentó un incremento de 2.2%, principalmente impulsada por el maíz y el trigo,
Además, sorgo, frijol y arroz vuelven a disminuir, por lo que la mejora no es generalizada ni suficiente para revertir la tendencia.
La consultora advierte que México enfrenta un doble problema, por una parte la superficie agrícola se reduce, a lo que se suma una crisis de productividad, rentabilidad y certidumbre.
“Recuperar la producción nacional de granos básicos requiere un ingreso garantizado que permita al productor planear e invertir, acompañado de financiamiento, seguros, agricultura por contrato, coberturas de precios, innovación, infraestructura y asistencia técnica”, dice el organismo.