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Las principales agencias meteorológicas del mundo alertaron por un calentamiento acelerado en las aguas del Pacífico Ecuatorial, una señal que anticipa la llegada de El Niño a México entre junio y julio de 2026.

Los modelos advierten que este fenómeno podría provocar un escenario extremo en el país: huracanes más intensos, sequías prolongadas y lluvias torrenciales con riesgo de inundaciones y récords históricos de precipitación.

Especialistas señalan que las anomalías térmicas detectadas en el océano son superiores a las de otros episodios recientes, lo que incrementa la preocupación por su impacto.

El fenómeno ya empezó: así avanza el calentamiento en el Pacífico y por qué preocupa tanto la llega del El Super El Niño

La región oceánica conocida como 3.4 —el termómetro de referencia mundial para monitorear El Niño— ya acumula una desviación térmica de 0.4°C por encima de sus valores normales. Aunque esa cifra pueda parecer menor, los expertos advierten que representa el punto de partida de una aceleración que, una vez que los vientos del este pierdan fuerza a principios del verano, ya no tendrá freno natural.

El Centro de Predicciones Climáticas sitúa la probabilidad de un escenario “Muy Fuerte” —lo que se clasifica como Súper El Niño— en un 37%, por encima incluso del escenario simplemente “Fuerte”, que tiene un 30%. Es decir, el pronóstico más probable en este momento apunta al peor de los casos.

El Súper El Niño 2026 amenaza a México con huracanes intensos, lluvias torrenciales, sequías extremas y temperaturas históricasChatGPT

Norte inundado, sureste en sequía: el mapa de afectaciones que divide al país en dos

El patrón de lluvias que dejará El Niño no será uniforme, sino profundamente asimétrico. Mientras el centro del país, el occidente y la vertiente del Golfo de México recibirán un arranque de temporada violento —con tormentas eléctricas frecuentes y lluvias capaces de colapsar los sistemas de drenaje urbano—, el sureste vivirá el escenario exactamente opuesto: sequía.

Estados como Chiapas, Tabasco y Campeche atravesarán un déficit de precipitaciones marcado, con riesgo creciente de incendios forestales durante los meses en que normalmente la humedad actúa como escudo natural. Durante julio y agosto, la canícula se intensificará también en el noreste, el centro y el sur del país, con temperaturas que podrían ubicarse entre las más altas de las que se tenga registro.

La excepción al patrón será el noroeste y norte de México, donde un monzón inusualmente activo llevará lluvias muy superiores al promedio durante julio.

Lo peor llega en otoño e invierno: ciclones rezagados, frentes fríos y nevadas históricas

El pico de intensidad del fenómeno está programado para los últimos cuatro meses del año. A partir de septiembre, la reactivación de ciclones tropicales en el Pacífico, combinada con la llegada anticipada de frentes fríos, podría generar lo que los meteorólogos llaman un efecto de cuenca húmeda: una acumulación sostenida de lluvias torrenciales que afectaría prácticamente a todo el territorio nacional, con la única excepción del sureste.

Al cierre del año, la corriente en chorro se potenciará, arrastrando consigo masas de aire polar más frecuentes e intensas de lo normal. Los antecedentes históricos de episodios similares muestran un aumento significativo de sistemas tipo DANA —depresiones aisladas en niveles altos de la atmósfera—, heladas generalizadas y nevadas copiosas en las zonas montañosas del país.

Para la infraestructura carretera, el sector agropecuario y la generación de energía, el último trimestre de 2026 podría convertirse en el más exigente en décadas.