La operación cotidiana de las muchas empresas mexicanas sigue una paradoja muy conocida: me es fácil vender, lo difícil es cobrar. En el caso de las pymes, puede ser peor: venden, pero no crecen. El problema no suele estar en la demanda, sino en la capacidad de convertir esas ventas en liquidez disponible.

Los datos lo confirman. Según el INEGI, el 72% de las pymes tiene dificultades para administrar su flujo de efectivo, y más del 55% enfrenta fricciones en el proceso de cobro, desde terminales desconectadas hasta conciliaciones manuales que consumen tiempo y recursos.

A esto se suma un cambio estructural en el consumo. La Asociación Mexicana de Ventas Online reporta que el comercio electrónico en México creció 24% anual en 2025, alcanzando más de MXN $658 mil millones, mientras que los pagos digitales ya representan cerca del 60% de las transacciones formales. El cliente mexicano compra en múltiples canales y espera pagar con tarjeta, QR, wallet o transferencia sin fricción. Pero para las pymes, aceptar más medios de pago no es suficiente: necesitan integrarlos en un sistema que les permita saber qué se vendió, cómo se cobró y cuándo estará disponible el dinero.

La falta de integración tiene efectos concretos. El Banco de México estima que las pymes pierden hasta 12% de su tiempo operativo en conciliaciones y administración de cobros, y que más del 40% carece de herramientas digitales para monitorear su flujo de efectivo en tiempo real. En un entorno de márgenes estrechos, esa opacidad se traduce en decisiones tardías, costos financieros innecesarios y menor capacidad de crecimiento.

En ese contexto, Kapital, hoy uno de los unicornios financieros mexicanos y grupo financiero, busca ocupar un espacio que la banca tradicional ha atendido de forma fragmentada: conectar venta, cobro y liquidez en un solo flujo operativo. Una reciente alianza con Getnet, plataforma de pagos impulsada por Santander, apunta a resolver un punto crítico para las pymes: que cobrar sea sencillo, seguro y que la liquidez llegue sin fricción.

Para un negocio pequeño, contar con visibilidad inmediata de sus transacciones puede significar anticipar compras de inventario, pagar proveedores a tiempo o evitar financiamientos costosos. Para empresas medianas, la integración reduce tiempos de conciliación y mejora la planeación del flujo de efectivo.

La digitalización financiera ya no consiste solo en reemplazar efectivo con aplicaciones. La siguiente etapa es conectar las actividades financieras que rodean a una empresa: vender, cobrar, administrar liquidez y financiar operación; es decir, ordenar el caos.

En México, donde solo 3 de cada 10 pymes utiliza herramientas avanzadas de gestión, esta integración no es una tendencia tecnológica: es una condición para competir.