

El escenario judicial contra Nicolás Maduro en los Estados Unidos dio un vuelco inesperado. Si bien los fiscales federales mantienen la acusación de narcotráfico, el enfoque cambió radicalmente: ya no sostienen la existencia del Cartel de los Soles como una organización criminal piramidal y rígida, sino como una “cultura de corrupción” incrustada en el Estado venezolano.
Este cambio de narrativa, revelado tras la captura de Maduro por parte de la administración de Donald Trump, plantea interrogantes sobre la solidez de las etiquetas de “organización terrorista” impuestas apenas meses atrás.
Sin embargo, y prácticamente en simultáneo, Trump presumió ante colegas republicanos su operativo para capturar a Maduro por cargos de narcoterrorismo. El ataque a la jurisdicción venezolana incluyó bombardeos y resultó en la muerte de treinta cubanos que formaban parte del servicio de seguridad del líder chavista.
En un discurso durante el retiro anual del Partido Republicano en el Kennedy Center de Washington, el mandatario calificó de “brillante” el ataque estadounidense para capturar a Maduro y se ufanó de que “nadie podría haberlo desarrollado” como Estados Unidos.
“Un hombre violento, que ha matado a millones de personas, tortura gente y tiene una cámara de tortura en medio de Caracas que ahora van a cerrar”, manifestó Trump refiriéndose al líder chavista.
De cartel narco a sistema de favores
La idea del Cartel de los Soles se instaló con fuerza en 2020, cuando un gran jurado federal en Nueva York presentó una acusación que retrataba a Maduro como el líder de una estructura criminal dedicada al envío de cocaína a EE.UU. Sin embargo, la nueva versión del acta de acusación suaviza ese lenguaje.
Mientras que el documento original mencionaba al “Cartel de los Soles” en 32 oportunidades, el texto reformulado apenas lo hace dos veces. Ahora, la Justicia describe un “sistema de patronazgo”. ¿Qué significa esto? Básicamente, que Maduro (siguiendo el modelo iniciado por Hugo Chávez) no operaría como un “capo” tradicional, sino como el gestor de una red donde el dinero del narcotráfico fluye hacia militares y funcionarios a cambio de lealtad política y protección.

¿Qué es el Cartel de los Soles?
Para entender este cambio, hay que mirar la historia. El término no nació en una oficina de la DEA, sino en las redacciones de los diarios venezolanos en los años 90.
- El origen del nombre: hace referencia a los soles dorados que llevan en sus charreteras los generales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).
- La estructura: a diferencia del Cartel de Sinaloa o el de Medellín, los especialistas en crimen organizado en América Latina siempre advirtieron que los “Soles” no tienen una jerarquía clara. Son, en realidad, células de funcionarios corruptos que compiten o colaboran entre sí para facilitar el tránsito de drogas.
Un cartel clásico busca controlar el mercado; este sistema busca que el Estado venezolano sea el facilitador logístico necesario para que otros grupos (como disidencias de las FARC o el ELN) operen en el territorio.
El choque con la política de Marco Rubio y Trump
Este giro legal pone en una situación incómoda a la diplomacia estadounidense. En julio de 2025, el Departamento del Tesoro designó oficialmente al Cartel de los Soles como una organización terrorista. Meses después, en noviembre, el secretario de Estado y asesor de seguridad nacional, Marco Rubio, reforzó esta postura.

Sin embargo, si la propia justicia ahora admite que el “cartel” no es una organización, sino una “cultura de corrupción”, la base jurídica para mantener la clasificación de terrorismo se debilita. Según analistas citados por el New York Times, esto podría comprometer la estrategia de presión máxima y las sanciones internacionales que Washington viene impulsando contra el régimen.
¿Debilitamiento o realismo jurídico?
Para algunos expertos, esta revisión del Departamento de Justicia no es un favor a Maduro, sino un acto de realismo procesal. Al presentarlo como un sistema de patronazgo, los fiscales pueden construir un caso más sólido que no dependa de probar una estructura de mando inexistente, sino de demostrar la complicidad estatal en el lavado de activos y el tráfico de influencias.
Aun así, la pregunta queda flotando en los pasillos de Washington: ¿Se apresuró la administración Trump en tildar de terrorista a una red que ni sus propios fiscales pueden definir como una organización unitaria?














